Me siento vago pero sé que no lo soy: qué está pasando

No eres vago. Lo sabes en el fondo. Pero cuando no puedes hacer las cosas, la pereza es la explicación más fácil.

Sabes que no eres vago. Lo sabes porque cuando algo te interesa de verdad, eres capaz de trabajar 14 horas seguidas sin comer, sin beber agua, sin ir al baño. Eres capaz de producir en un día lo que otros producen en una semana.

Pero cuando algo no te interesa, no puedes ni empezar. Ni 5 minutos. Ni con amenaza de muerte. Y esa inconsistencia es lo que te hace sentir vago. Porque si puedes hacerlo a veces, ¿por qué no puedes hacerlo siempre?

Y la respuesta que tu cerebro te da es la más simple: "Porque eres vago". Y te la crees. Porque encaja. Porque es la misma respuesta que te han dado tus padres, tus profesores, tus jefes y tus parejas durante toda tu vida.

¿Por qué te sientes vago si no lo eres?

Porque estás midiendo tu rendimiento con la regla equivocada.

La regla que usas dice: "Si puedes hacerlo cuando quieres, deberías poder hacerlo siempre." Y esa regla funciona para gente cuyo cerebro tiene un nivel de dopamina estable. Gente que puede sentarse y hacer algo aburrido sin que su sistema nervioso se lo impida.

Tu cerebro no funciona así. Tu cerebro tiene dos modos. Modo ON: cuando la tarea es nueva, urgente, interesante o tiene una recompensa inmediata. En ese modo eres imparable. Y modo OFF: cuando la tarea es rutinaria, aburrida, sin deadline o con una recompensa lejana. En ese modo no puedes mover un dedo.

No hay modo intermedio. No hay "bueno, no me apetece mucho pero lo hago". Eso no existe en tu vocabulario cerebral. Es todo o nada. Y la gente que te rodea solo ve los dos extremos y concluye que cuando estás en modo OFF es porque eliges estarlo.

Pero no lo eliges. Igual que no eliges tener sueño a las 3 de la tarde. Es tu biología haciendo lo que hace.

Los 30 años pensando que era un problema de actitud

Te lo digo por experiencia. Porque yo pasé más de 25 años de mi vida pensando que era un vago con potencial desperdiciado.

"Si te aplicaras..." "Si te esforzaras un poco más..." "Eres listo pero no te da la gana." Esas frases las he escuchado 14.000 veces. Y me las creí todas. Construí mi identidad entera alrededor de la idea de que era un tipo con capacidad que no la usaba por pereza.

Y el día que descubrí que no era pereza sino un cerebro que funciona diferente, lloré. No de forma dramática. Pero sí lloré. Porque toda esa historia de "no me esfuerzo lo suficiente" era mentira. Me esforzaba más que nadie. El problema era que mi esfuerzo no se traducía en resultados consistentes porque mi cerebro no funciona con disciplina, funciona con dopamina.

¿Cómo se llama lo que tienes cuando no es pereza?

A ver, no voy a diagnosticar a nadie. No soy médico. Pero sí voy a decir algo que ojalá alguien me hubiera dicho hace 15 años.

Existe una condición que hace que tu cerebro produzca menos dopamina de la necesaria para activar la acción en tareas que no generan estimulación inmediata. Se llama TDAH. Y no tiene nada que ver con lo que piensas cuando escuchas esas letras.

No es "el niño que no para quieto". Es el adulto que no puede hacer una tarea aburrida aunque su vida dependa de ello. Es el adulto que puede hiperfocalizarse en algo que le interesa y ser brillante, pero que no puede rellenar un formulario para salvar su vida. Es la inconsistencia que tú llevas años llamando pereza.

El DSM-5 y la OMS reconocen que el TDAH en adultos se manifiesta principalmente como problemas de autorregulación y función ejecutiva, no como hiperactividad. Es decir, exactamente lo que tú describes cuando dices "puedo pero no puedo".

Lo que cambia cuando dejas de llamarte vago

Esto es lo importante. Porque el nombre importa.

Si te llamas vago, la solución es esforzarte más. Y llevas toda la vida esforzándote más y no funciona. Y cada fracaso confirma que eres vago. Es un bucle cerrado sin salida.

Si entiendes que es un problema neurológico, la solución cambia. Ya no es "esfuérzate". Es "diseña tu entorno para que tu cerebro pueda funcionar". Son cosas concretas: la motivación que te dura horas en vez de días, el trabajo en bloques cortos, la recompensa inmediata después de cada tarea, la eliminación de fricción.

No es magia. No es perfecto. Hay días que sigues sin poder hacer nada. Pero la diferencia entre "no puedo y soy un desastre" y "no puedo y sé por qué" es la diferencia entre hundirte y gestionar.

Si esto es tu día a día, habla con un profesional. De verdad. No como consejo genérico. Como alguien que tardó demasiado en hacerlo y se arrepiente de cada año perdido.

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