Pierdo más tiempo buscando cosas que usándolas

10 minutos las llaves, 5 el cargador, 8 un papel. Pierdes más tiempo buscando cosas que haciendo lo que tenías que hacer.

10 minutos buscando las llaves. 5 minutos buscando el cargador. 8 minutos buscando ese papel que dejaste "en algún sitio seguro". Llevas más rato buscando cosas que haciendo lo que tenías que hacer.

Y lo peor no es el tiempo. Lo peor es que cada vez que encuentras lo que buscabas, ya se te ha olvidado para qué lo necesitabas.

¿Cuánto tiempo pierdes al día buscando cosas que deberían estar en su sitio?

No lo sabes. Nadie lo sabe. Porque no es un bloque de tiempo que puedas medir. Son micro-pérdidas constantes repartidas a lo largo del día que suman una barbaridad.

Cinco minutos aquí. Tres minutos allá. Ocho minutos buscando ese puñetero cable que juraste haber dejado en el cajón de la derecha y que ahora está en la cocina, encima de la nevera, debajo de un trapo. No preguntes cómo llegó ahí.

Y no es que no tengas sistema. A lo mejor hasta tienes un sitio asignado para las llaves. El problema es que tu cerebro, en el momento de dejarlas, estaba pensando en otras 14 cosas y decidió que encima de la lavadora era un sitio perfectamente razonable.

O sea, el problema no es de organización. Es de atención en el momento de guardar.

El "sitio seguro" que nunca recuerdas

Mi favorito personal es cuando dejo algo en un "sitio seguro".

Mira, un sitio seguro suena genial en el momento. "Voy a dejar esto aquí para no perderlo." Perfecto. Lógico. Aplausos. El problema es que el sitio seguro que eliges a las 11 de la noche con medio cerebro dormido no es el sitio seguro que tu yo de las 9 de la mañana buscaría jamás.

Y ahí estás. Buscando. Abriendo cajones. Mirando debajo de cojines. Repasando mentalmente tus pasos como si fueras un detective de una peli mala. "A ver, llegué a casa, dejé la bolsa, fui a la cocina..." Nada. El objeto ha desaparecido del universo conocido.

Hasta que aparece. En un sitio que no tiene ningún sentido. Y piensas: "Ah, claro, lo puse aquí." Y en ese momento te acuerdas perfectamente. Pero solo en ese momento. Nunca antes.

Es como tener una memoria que funciona al revés. Solo recuerdas dónde dejaste las cosas después de encontrarlas.

No es solo las llaves. Es todo.

Porque cuando hablo de perder las llaves, el móvil y las gafas estoy hablando del caso más visible. Pero esto pasa con todo.

Buscas el documento que necesitas para la reunión. Buscas el email que te mandaron la semana pasada. Buscas la conversación de WhatsApp donde te dijeron la dirección. Buscas el archivo en el ordenador que guardaste con un nombre que parecía lógico hace tres semanas y que ahora no tienes ni idea de cuál era.

Y cada búsqueda no solo te come tiempo. Te come energía. Te come paciencia. Y te come la concentración que tenías para hacer lo que ibas a hacer antes de empezar a buscar.

Porque eso es lo que nadie te dice: el problema no es buscar. El problema es que cuando por fin encuentras lo que buscabas, ya has perdido el hilo de todo lo demás. Tu cerebro se ha reseteado. Y ahora tienes que volver a arrancar desde cero.

Es exactamente la misma sensación de que el tiempo se te escapa sin hacer nada. No es que no hagas nada. Es que lo que haces no produce resultados visibles porque la mitad del esfuerzo se va en preparar las condiciones para empezar.

El coste invisible de buscar cosas

Imagínate que cada vez que quieres hacer algo, antes tienes que buscar la herramienta durante 10 minutos. Cada vez. Quieres colgar un cuadro: 10 minutos buscando el martillo. Quieres cocinar: 10 minutos buscando la sartén. Quieres trabajar: 10 minutos buscando el cargador del portátil.

10 minutos no parece nada. Pero si te pasa 6 veces al día, son 60 minutos. Una hora entera. Perdida. Buscando.

Y no es una hora que puedas recuperar ni agrupar ni optimizar. Es una hora en trozos de 5, 8, 12 minutos repartidos entre las cosas que sí importan. Como confeti de frustración esparcido por toda tu jornada.

Y te digo más. El problema no es solo el tiempo que tardas en buscar. Es el desgaste. Porque cada búsqueda viene con una dosis de "¿por qué soy así?", "¿por qué no puedo hacer algo tan simple como dejar las cosas en su sitio?", "todo el mundo puede con esto menos yo".

Eso conecta directamente con esa sensación de por qué me cuesta todo más que a los demás. No es que te cueste más. Es que tienes un paso extra antes de cada tarea que los demás no tienen.

Lo que ayuda (sin solucionar el problema de raíz)

No te voy a engañar. No hay un truco mágico que haga que dejes de perder cosas. Si lo hubiera, lo habría encontrado hace años. O lo habría perdido, que es más probable.

Pero hay algo que reduce el daño: tener menos sitios posibles donde dejar las cosas.

No hablo de ser minimalista ni de tirar la mitad de tu casa. Hablo de que si las llaves solo pueden estar en dos sitios en vez de en 47, la búsqueda pasa de 10 minutos a 30 segundos. La reducción de opciones es lo más parecido a una solución que he encontrado.

Un cuenco al lado de la puerta. Un cajón para cables. Una bandeja para papeles. No hace falta que sea bonito. Hace falta que sea el único sitio posible.

Parece una tontería, pero la diferencia entre buscar en 2 sitios y buscar en toda la casa es la diferencia entre empezar lo que tenías que hacer y no empezar. Ya te digo.

¿Funciona siempre? No. Hay días que dejo las llaves en la nevera y no tengo explicación. Pero la media mejora. Y con un cerebro como el mío, mejorar la media ya es bastante.

Esto no es un diagnóstico ni pretende serlo. Pero si te reconoces en esto de una forma que duele un poco, quizá vale la pena hablar con un profesional que pueda decirte si hay algo más detrás.

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