Pongo alarmas para recordar cosas y las ignoro sin darme cuenta
Te pones 7 alarmas para no olvidarte de nada. Las silencias todas. No recuerdas haberlas silenciado. El sistema ha fallado.
Tengo 7 alarmas en el móvil. Siete. Cada una con un nombre. "Sacar pollo del congelador." "Llamar al dentista." "Mover la ropa de la lavadora." Son alarmas pensadas con cariño. Alarmas con propósito. Alarmas que diseñé un domingo por la tarde pensando "esta vez sí".
Suena la primera a las 10:00. La silencio. No la aplaza. No hago lo que dice. La silencio. Como si fuera un mosquito en la oreja. Ni siquiera registro conscientemente que ha sonado. Mi dedo va al botón de silenciar antes de que mi cerebro procese qué decía la alarma.
A las 23:00 descubro que el pollo sigue congelado, que no llamé al dentista, y que la ropa lleva 6 horas en la lavadora oliendo a humedad.
¿Por qué las alarmas no funcionan si las he puesto yo mismo?
Porque tu cerebro se habitúa. Es un mecanismo de supervivencia que en este caso te sabotea. Las primeras veces, la alarma te sobresalta. Tu cerebro la registra como algo nuevo. Pero después de 4 días sonando, se convierte en ruido ambiental. Tu sistema nervioso la clasifica como "no amenaza" y la ignora automáticamente.
Es como vivir al lado de una vía de tren. Los primeros días no duermes. Al mes ni lo oyes. Pues tu cerebro hace lo mismo con las alarmas. Las anula.
Y encima, silenciar una alarma es más fácil que hacer la tarea. Tu cerebro siempre elige el camino de menor resistencia. ¿Sacar el pollo? Requiere levantarte, ir a la cocina, abrir el congelador. ¿Silenciar la alarma? Un dedo. Medio segundo. Listo. Tu cerebro ni lo piensa. Elige por ti.
El ciclo de la alarma inútil
Lo peor es el ciclo. Porque la lógica es perfecta. "Se me olvidan las cosas, así que pongo alarmas." Brillante. Solución elegante. Pero cuando las alarmas también fallan, ¿qué queda?
Y aquí es donde empiezas a pensar que el problema eres tú. Que si ni siquiera una alarma te funciona, algo estás haciendo muy mal. Pero no es así. No es que todo te cueste más sin razón. Es que el sistema de recordatorios que usan los demás no está diseñado para cómo funciona tu cerebro.
Es como darle un mapa a alguien que no distingue los colores. El mapa es correcto. La herramienta es buena. Pero no funciona para ese cerebro específico.
¿Qué funciona mejor que las alarmas?
Mira, no tengo la solución mágica. Pero te cuento lo que a mí me funciona mejor que 7 alarmas que silencio en modo zombie.
Primero: vincular la tarea a algo físico. En vez de una alarma para "sacar el pollo", pongo el pollo encima de algo que necesito. ¿Necesito el portátil mañana? Pollo encima del portátil. Es absurdo. Pero cuando abro el portátil y hay un pollo congelado encima, es difícil de ignorar.
Segundo: una alarma con nombre ridículo. No "Llamar dentista". Sino "TUS DIENTES SE VAN A CAER". Mi cerebro ignora lo funcional. No ignora lo absurdo.
Tercero: pedirle a alguien que me lo recuerde. Sí, delegar tu memoria en otra persona. No es ideal. Pero funciona mejor que una alarma que vas a silenciar en 0.3 segundos.
Lo que pasa es que la memoria a corto plazo que no funciona no se arregla con más alarmas. Se arregla entendiendo que tu cerebro necesita otro tipo de estímulo. Más físico. Más visual. Más molesto.
No soy profesional de la salud mental. Pero si tu relación con las alarmas es "las pongo, las ignoro, me frusto, y repito", quizá el problema no sea tu voluntad. Quizá sea cómo está cableado tu cerebro.
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