Me siento vacío después de lograr algo que me hacía ilusión

Logras lo que querías y en vez de celebrar, sientes un vacío que no entiendes. No eres desagradecido. Tu cerebro funciona con la persecución, no con el logro.

Llevaba meses trabajando en ese proyecto. Meses. Sin parar. Obsesionado. Cada hora libre era para eso. Soñaba con el momento de terminarlo. "Cuando acabe esto, voy a estar increíble."

Lo terminé. Y no pasó nada.

Nada. Ni euforia. Ni celebración interior. Ni sensación de logro. Un vacío absoluto. Como si alguien hubiera apagado la música de golpe en mitad de la fiesta y de repente estás en una habitación silenciosa sin saber qué hacer.

Y lo peor: culpa. Porque se supone que deberías estar contento. Y no lo estás.

¿Por qué no sientes lo que deberías sentir?

Porque lo que te mantenía activo no era el objetivo. Era la persecución del objetivo.

A ver, te lo explico con una analogía. Tu cerebro es un perro que persigue coches. No quiere el coche. Quiere correr detrás del coche. La persecución es lo que le genera dopamina. La emoción. La energía. El "vamos vamos vamos".

Pero cuando atrapa el coche, ¿qué hace? Se queda ahí parado. Mirando la rueda. Sin saber qué hacer con lo que acaba de conseguir. Porque la dopamina estaba en la carrera, no en la llegada.

Y eso es exactamente lo que te pasa. El proyecto, mientras era reto, mientras era nuevo, mientras faltaba para terminarlo, generaba dopamina como una fábrica. Y tu cerebro estaba a tope. Motivado. Enfocado. Vivo.

Pero en el momento en que se acabó, la fábrica cerró. Y el bajón fue instantáneo.

¿No será que simplemente eres desagradecido?

No. Y deja de decirte eso.

Ser desagradecido es no valorar lo que tienes. Esto es diferente. Tú valoras lo que has hecho. Sabes que es un logro. Intelectualmente lo entiendes. Pero emocionalmente no lo sientes. Y no es porque no quieras. Es porque tu cerebro no genera la respuesta emocional que esperas.

Es como cuando no tienes motivación para nada pero aplicado al revés. No es que no puedas arrancar. Es que no puedes celebrar. El sistema que debería darte satisfacción después del logro no funciona como el de la mayoría.

Y esto es mucho más común de lo que piensas.

He hablado con más gente de la que te imaginas que vive en este loop: obsesión, trabajo duro, logro, vacío, siguiente obsesión. Como un hámster en una rueda que no sabe que está en una rueda.

¿Tiene esto un nombre o soy yo que soy raro?

Tiene nombre. Y no, no eres raro.

Es uno de los patrones más reconocibles del TDAH en adultos: la búsqueda de dopamina constante.

El cerebro con TDAH genera dopamina cuando hay reto, novedad, urgencia. Y los proyectos, mientras están en marcha, tienen las tres cosas. Son nuevos. Son un reto. Hay presión para terminarlos.

Pero cuando terminan, las tres fuentes de dopamina desaparecen de golpe. Y tu cerebro pasa de un chute constante a nada. Cero. Vacío.

Es lo que en inglés llaman "post-achievement crash". Y es tan común en personas con TDAH que muchos psicólogos lo usan como uno de los indicadores durante el diagnóstico.

No lo digo como diagnóstico. Lo digo como información. Si esto te resuena demasiado, habla con un profesional. Un psicólogo, un psiquiatra. Alguien que sepa de TDAH en adultos. Que esto no lo arregla un artículo de blog.

¿Y qué haces con el vacío?

Lo primero: no luches contra él. Porque si luchas, viene la culpa. "Debería estar contento." "Soy un desagradecido." "¿Qué me pasa?" Y la culpa empeora el vacío.

Lo que a mí me funciona es tener el siguiente proyecto listo antes de terminar el actual. Suena a locura. Pero si sé que al terminar algo viene el bajón, necesito tener algo esperándome al otro lado.

No algo enorme. Un proyecto pequeño. Una idea que me haga ilusión. Algo que le dé a mi cerebro la siguiente zanahoria antes de que se dé cuenta de que la anterior se acabó.

También ayuda saber que es temporal. El vacío pasa. Dura horas, a veces un par de días. Pero pasa. Y cuando pasa, puedes mirar atrás y reconocer lo que hiciste. No lo sentirás como una euforia explosiva, pero sí como algo más tranquilo. Un "lo hice". Y eso vale.

Porque todo me cuesta más que a los demás, incluido sentir satisfacción. Y aceptar eso, paradójicamente, me permite disfrutar más de lo que hago. Porque dejo de esperar una explosión de confeti que nunca llega y empiezo a aceptar el "lo hice" tranquilo que sí llega.

Parece una tontería. Pero la diferencia entre pelearte con el vacío y aceptarlo como parte de cómo funciona tu cerebro es la diferencia entre un ciclo destructivo y uno que al menos puedes gestionar. Ya te digo.

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