Me pongo a pensar en medio de una tarea y pierdo 30 minutos

Estabas haciendo algo y de repente tu cerebro se fue. Sin avisar. Y cuando vuelves ya han pasado 30 minutos. Esto tiene explicación.

Estabas escribiendo un email.

Y de repente ya no estabas escribiendo el email. Estabas pensando en aquella conversación de hace tres meses. O en si deberías cambiar de sofá. O en cómo funciona exactamente la economía de las abejas. Cualquier cosa menos el email.

Y cuando te das cuenta, han pasado 30 minutos. El email sigue vacío. Y tú no sabes muy bien cómo has llegado hasta ahí.

¿Por qué tu cabeza se va a mitad de una tarea?

A ver, no es que seas despistado. No es que no te importe la tarea. Llevas tiempo con esa misma pantalla abierta, así que intención no te falta.

Lo que pasa es otra cosa.

Tu cerebro se fue a pensar porque encontró algo más interesante que lo que tenías delante. No lo eligió conscientemente. No hubo ninguna decisión del tipo "oye, voy a dejar el email y ponerme a filosofar sobre los insectos". Simplemente pasó. Tu atención se deslizó sola, sin que nadie la invitara, hacia cualquier cosa que generara más actividad mental que el documento en blanco.

Y claro. Cuando vuelves, lo peor no es el tiempo perdido. Lo peor es que no tienes ni idea de cómo evitarlo la próxima vez.

La diferencia entre distraerte y ponerte a pensar

Esto es importante. Porque hay dos cosas distintas y a menudo las metemos en el mismo saco.

Distraerte es salir fuera. El móvil. El ruido de la calle. Tu compañero hablando. Algo externo llama tu atención y te vas. Eso es una distracción. Tiene causa y tiene solución: eliminas el estímulo externo y en teoría se acaba el problema.

Pero ponerte a pensar en mitad de una tarea es distinto. No hay nada externo. El móvil está boca abajo. El entorno es silencioso. Y aun así tu cabeza se va. Porque la fuente de la distracción eres tú mismo. Tu propio cerebro genera los contenidos que te secuestran. No necesita ayuda externa.

Eso es mucho más difícil de gestionar. Porque no puedes apagar tu cabeza.

Y sin embargo la solución que todo el mundo propone es la misma de siempre: "Desconecta las notificaciones. Pon el móvil en otra habitación." Como si el problema fuera el móvil y no la maquinaria que hay dentro de tu cabeza.

Cuando el problema es que piensas demasiado

Imagínate que tu cerebro es como una radio que no tiene botón de silencio.

En algún momento le pides que se concentre en una sola emisora. La del email que tienes que terminar. Pero tu radio tiene un problema de sintonización. En cuanto la frecuencia principal baja un poco la señal, la radio empieza a captar otras emisoras por encima. Y tú ahí, intentando escuchar la que necesitas, mientras de fondo suenan siete conversaciones a la vez.

No es que la radio esté rota. Es que tiene demasiada sensibilidad.

Eso es exactamente lo que pasa cuando te pones a pensar en mitad de una tarea. No es que seas incapaz de concentrarte. Es que tu cerebro está generando tanto contenido propio que la tarea que tienes delante no consigue competir con todo ese ruido interno.

Pues ya te digo que esto no se arregla con más fuerza de voluntad. Se entiende. Y después se busca la manera de trabajar con ello, no contra ello.

Qué hacer cuando ya estás en el bucle de pensamientos

Cuando te das cuenta de que llevas un rato pensando en algo que no tiene nada que ver con lo que deberías estar haciendo, la primera reacción suele ser el cabreo. "¡Otra vez!" Y ese cabreo te saca del bucle de pensamientos para meterte en otro bucle, el de la autocrítica, que tampoco te ayuda a terminar el email.

Lo que a mí me funciona, no te digo que te vaya a funcionar a ti, pero lo comparto, es no intentar volver a la tarea de forma brusca.

Cuando te das cuenta de que te has ido, escribe una frase. Literalmente escribe: "Estaba pensando en X." No para analizarlo ni para juzgarlo. Solo para exteriorizar el pensamiento y darle algún tipo de cierre. Tu cerebro sigue dando vueltas a esas cosas porque siente que no están resueltas. Si las escribes, les das un lugar donde existir. Y entonces puedes volver.

No siempre funciona. No te voy a engañar. Pero es mejor que quedarte diez minutos más en el bucle esperando a que sola tu cabeza decida parar.

Por qué te pasa más con ciertas tareas que con otras

Seguramente habrás notado algo. Con algunas tareas esto no pasa. O pasa mucho menos.

Si estás haciendo algo que te engancha, que tiene cierta urgencia, que tiene algo de novedad, tu cerebro se queda ahí. No porque seas más disciplinado en ese momento. Sino porque la tarea en sí genera suficiente activación como para que no necesite salir a buscarla por otro sitio.

El problema está con las tareas que son importantes pero aburridas. Las que no tienen urgencia real. Las que ya llevan días en tu lista sin moverse. Esas son las que pierden el duelo contra tus propios pensamientos. Porque tu cerebro no encuentra suficiente estímulo ahí, y se va a buscarlo a otro sitio.

Si te distraes con cualquier cosa no es porque seas vago. Es porque tu cerebro tiene un umbral de estimulación diferente. Y eso conecta directamente con cómo empiezas una tarea y acabas haciendo otra: el hilo que te llevó del email al sofá nuevo a las abejas no fue aleatorio. Fue tu cerebro eligiendo, sin consultarte, qué le daba más.

Esto también tiene que ver con algo más grande. Si te cuesta todo más que a los demás, si sientes que las tareas que para otros son automáticas a ti te cuestan el triple, es posible que haya un patrón. Que no sea un problema de esta semana sino algo que llevas arrastrando mucho tiempo. Ese patrón tiene nombre y tiene explicación, y lo puedes leer en detalle en por qué me cuesta todo más que a los demás.

Lo que nadie te ha contado sobre perderte en tus pensamientos

El cerebro que se va a pensar en mitad de una tarea no es un cerebro flojo.

Es un cerebro que genera mucho. Que conecta cosas. Que procesa en paralelo. Que tiene demasiada actividad como para quedarse quieto en un solo sitio.

Eso en el contexto equivocado parece un defecto. Y en el contexto correcto es lo que te permite tener ideas que a otros no se les ocurrirían nunca. El problema no es el cerebro. El problema es que nadie te ha dado un manual de instrucciones para manejarlo.

Si este patrón te suena y sospechas que hay algo más detrás, que tu concentración fragmentada no es solo "ser despistado", hay un artículo que puede ayudarte a entender el mecanismo con más profundidad: concentración fragmentada y TDAH. No es un diagnóstico. Es información para que empieces a hacerte las preguntas correctas.

Y si quieres un punto de partida más concreto, tengo un test de 43 preguntas. 10 minutos. Gratis. No te dice si tienes TDAH, eso lo tiene que decir un profesional y nadie más. Pero sí te da un mapa de cómo funciona tu atención y por dónde empezar.

Si te reconoces en esto, el test puede ayudarte a poner nombre a lo que le pasa a tu cabeza: Hacer el test TDAH

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