El caos de mi cabeza y el caos de mi mesa van siempre juntos

Cuando tu mesa está hecha un desastre, tu cabeza también. Y viceversa. No es casualidad. Tu entorno refleja tu cerebro.

Mi novia me dijo una vez: "Puedo saber cómo estás con solo mirar tu escritorio."

Y lo peor es que tiene razón.

Cuando estoy bien - concentrado, productivo, con energía - mi escritorio está decente. No perfecto, pero decente. Cuando estoy mal - disperso, agobiado, sin rumbo - mi escritorio parece que ha pasado un huracán. Tazas, cables, papeles, un bote de crema que no sé cómo llegó ahí, tres paquetes de chicles y las llaves del coche que llevo buscando desde ayer.

No es casualidad. Es una correlación directa. Mi entorno exterior refleja mi entorno interior. Y al revés.

¿Por qué tu espacio refleja tu estado mental?

Porque los dos dependen del mismo sistema: la función ejecutiva.

La función ejecutiva es la parte de tu cerebro que organiza, prioriza, planifica y mantiene el orden. Tanto el orden de tus pensamientos como el orden de tus cosas. Cuando la función ejecutiva funciona bien, puedes pensar con claridad y mantener tu espacio limpio. Cuando falla, todo se desmorona a la vez.

Es como un router de internet. Cuando va bien, todos los dispositivos de la casa funcionan. Cuando se cae, no es que falle solo el portátil. Falla todo. Tele, móvil, tablet, Alexa. Todo se queda sin conexión porque el problema está en el centro, no en los dispositivos.

Tu función ejecutiva es tu router. Y cuando se satura, se cae el pensamiento organizado y se cae el espacio organizado. Al mismo tiempo.

El efecto espejo

A ver, esto es lo interesante. No solo la cabeza afecta al espacio. El espacio afecta a la cabeza.

Cuando te sientas frente a un escritorio lleno de basura, tu cerebro recibe estímulos de todas partes. La taza. El papel. El cable. Cada objeto compite por tu atención. Y si tu cerebro ya tiene problemas para filtrar información - que es precisamente lo que pasa cuando tu función ejecutiva no va fino - ese bombardeo visual te bloquea.

Es como intentar tener una conversación en medio de un concierto de rock. La información está ahí, pero no puedes procesarla porque hay demasiado ruido compitiendo.

Y entonces entras en el bucle. El desorden te bloquea. El bloqueo genera más desorden. Más desorden genera más bloqueo. Y acabas sentado delante de un caos sin poder trabajar ni poder limpiar. Paralizado entre dos tareas que tu cerebro percibe como igualmente imposibles.

No eres desordenado. Estás saturado.

Hay una diferencia brutal entre "ser desordenado" y "estar saturado".

Ser desordenado implica que podrías ordenar pero eliges no hacerlo. Estar saturado implica que tu cerebro no tiene la capacidad en ese momento de tomar las decisiones que requiere ordenar.

Porque ordenar no es una tarea. Son 200 microtareas. Cada papel es una decisión: ¿lo tiro? ¿Lo guardo? ¿Dónde? Cada objeto es una elección. Y cuando tu cerebro ya está al límite procesando el caos mental, pedirle que además procese 200 decisiones de organización es como pedirle a alguien que pierda las cosas todo el día y luego organizarlo todo antes de dormir.

No funciona.

Lo que hago cuando todo se desmorona a la vez

No te voy a decir "limpia tu escritorio y tu mente se ordenará". Ojalá fuera tan fácil.

Lo que hago es atacar los dos frentes a la vez. Pero en miniatura.

Un pensamiento. Solo uno. Lo apunto. Lo saco de la cabeza y lo pongo en papel. Eso libera un poco de espacio mental.

Un objeto. Solo uno. Lo recojo. Lo pongo en su sitio. Eso libera un poco de espacio visual.

Y repito. No intento hacer una limpieza general de mi vida y de mi escritorio al mismo tiempo. Eso es receta para el colapso. Un pensamiento y un objeto. Luego otro. Luego otro.

A los 15 minutos, la cabeza está un poco más clara. El escritorio está un poco más limpio. Y ya puedo funcionar.

No es perfecto. Pero es funcional. Y funcional es lo máximo que puedo aspirar con mi puñetero cerebro.

Esto no es diagnóstico médico, ojo. Pero si la correlación entre tu espacio y tu cabeza es constante y extrema, un profesional puede ayudarte a entender por qué.

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Si el caos de fuera y el caos de dentro siempre van juntos, quizá sea hora de entender qué los conecta. Tengo un test de 43 preguntas sobre cómo funciona tu atención. Gratis, rápido, y sin humo. Hacer el test TDAH.

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