La bandeja de entrada del trabajo me genera ansiedad
Abres el email y sientes un nudo en el estómago. No es estrés laboral normal. Cuando la bandeja de entrada se convierte en una fuente de ansiedad, hay algo que entender.
Abres el email del trabajo y lo primero que sientes no es curiosidad. Es un nudo en el estómago.
No sabes qué hay dentro. Probablemente nada grave. Probablemente un email de seguimiento, una pregunta simple, algo que se contesta en dos minutos. Pero la sensación es la misma que si estuvieras a punto de abrir la carta de Hacienda.
Y lo peor no es leer los emails. Lo peor es saber que están ahí y no abrirlos.
¿Por qué los emails se acumulan si sabes que es peor no contestarlos?
Porque saberlo no cambia nada, ¿no? Sabes perfectamente que cuanto más esperes, peor será. Sabes que esos emails se van a multiplicar. Sabes que hay gente esperando una respuesta y que cada hora que pasa la situación se vuelve más incómoda.
Lo sabes. Y no los abres.
Y no es porque no te importe tu trabajo. Es porque tu cerebro ha decidido que abrir esos emails es una amenaza. No racionalmente. Emocionalmente. Y contra las emociones, la lógica no puede hacer nada.
Lo que pasa es que cada email que no contestas se convierte en una pequeña deuda mental. Y las deudas mentales acumulan intereses. Cada día que pasa, el email no contestado pesa un poco más. Y cuanto más pesa, más difícil es abrirlo. Y cuanto más difícil es abrirlo, más pesa.
Un bucle perfecto.
El problema no es la cantidad de emails
A ver, esto es importante.
Hay gente que tiene 200 emails sin leer y está perfectamente. Los abre, los contesta, los archiva, y a otra cosa. No les genera nada especial. Son emails.
Y hay gente que tiene 7 emails sin leer y siente que se le viene el mundo encima.
La diferencia no está en los emails. Está en el cerebro que los procesa.
Porque el problema de fondo no es que tengas muchos emails. Es que cada email representa una decisión, una acción, un compromiso. Y tu cerebro tiene que procesar todo eso antes de poder actuar. Y si tu capacidad de procesamiento ya está al límite - porque tienes 47 cosas dando vueltas en la cabeza, porque no dormiste bien, porque llevas una semana con la sensación de que no llegas a todo - entonces cada email nuevo es una gota más en un vaso que ya está lleno.
Es como tener la mesa llena de papeles y que alguien te ponga uno más encima. Técnicamente es solo un papel. Pero la mesa ya no puede más.
¿Qué tiene que ver la ansiedad con cómo funciona tu atención?
Mira, te cuento lo que me pasaba a mí.
Yo tenía una relación horrible con el email. Horrible. Había mañanas que tardaba dos horas en abrirlo. Y cuando lo abría, contestaba los fáciles, ignoraba los difíciles, y cerraba la pestaña con la sensación de que no había hecho nada útil.
Y durante años pensé que era ansiedad laboral. Que estaba quemado. Que necesitaba cambiar de trabajo.
Hasta que me diagnosticaron TDAH y las piezas encajaron.
Porque el TDAH no es solo no poder concentrarte. Es no poder regular tus emociones frente a las tareas. Es que tu cerebro convierte un email de "oye, ¿cómo va el proyecto?" en una señal de alarma de nivel 5 sin ningún motivo racional.
Y resulta que eso tiene un nombre: disforia sensible al rechazo. No es un diagnóstico oficial del DSM-5, pero es un patrón que la comunidad clínica reconoce cada vez más en adultos con TDAH. Básicamente, tu cerebro interpreta cualquier posible evaluación - un email del jefe, un mensaje sin contestar, una reunión sin agenda - como una amenaza potencial. Y reacciona con ansiedad desproporcionada.
No es que seas débil. Es que tu sistema de alarmas se activa con umbrales mucho más bajos que los de la mayoría.
Esto no es un diagnóstico, obviamente. Si te suena demasiado familiar, lo que toca es hablarlo con un profesional que pueda evaluarlo de verdad.
¿Cómo dejas de tener miedo a abrir el email?
No te voy a mentir. No lo "superas" y ya. Pero sí puedes cambiar la dinámica.
Lo primero que me funcionó fue dejar de tratar el email como algo que hay que revisar "cuando surja". Le puse horarios fijos. Dos veces al día, 15 minutos cada vez. Y fuera de esos horarios, la pestaña cerrada. No minimizada. Cerrada.
Parece una tontería, pero la ansiedad que genera el email viene en gran parte de la posibilidad constante de que haya algo nuevo. Si eliminas esa posibilidad durante unas horas, tu cerebro se relaja.
Lo segundo: cuando abro el email, primero contesto los que se contestan en menos de dos minutos. Todos. Seguidos. Sin pensar. Eso reduce el número visible de emails sin contestar, y reducir ese número reduce la ansiedad. Es un truco psicológico barato, pero funciona.
Y lo tercero: los emails que me dan miedo - esos que llevan días ahí, acumulando peso emocional - los ataco con un truco que aprendí de mi psicóloga. No los contesto. Los empiezo. Abro el email, escribo una línea, y lo dejo en borrador. Solo una línea. Porque la barrera no es contestar el email. La barrera es arrancar. Y una vez que arrancas, la inercia hace el resto.
Si alguna vez te has preguntado por qué te cuesta más que a los demás hacer cosas que para otros son triviales, esto es exactamente de lo que estamos hablando. No es falta de capacidad. Es un cerebro que procesa las cosas de manera diferente.
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