Me paso horas preparándome para empezar y nunca empiezo
Organizas el escritorio, abres la app, relees los apuntes... y nunca empiezas. No es procrastinación clásica. Tiene otro nombre.
El martes por la tarde tenía que escribir un email importante. Uno de esos que no son difíciles pero que tampoco son agradables.
Me senté. Abrí el portátil. Y lo primero que hice fue reorganizar las carpetas del escritorio.
Cuarenta minutos después, el escritorio estaba impecable, había encontrado un archivo de 2019 que no recordaba que existía, y el email seguía sin escribirse.
¿Por qué preparas más de lo que produces?
Hay una diferencia entre prepararse y procrastinar, aunque desde fuera se parezcan bastante.
La procrastinación clásica es ir a ver vídeos de YouTube o quedarte mirando el móvil sabiendo perfectamente que estás evitando lo que toca. Hay una consciencia de que estás escapando.
Esto es diferente.
Cuando te pasas horas preparándote sin empezar, el movimiento es constante. Estás activo. Estás haciendo cosas relacionadas con la tarea. Organizas el espacio, revisas los materiales, abres las herramientas, relees lo que ya hiciste, buscas inspiración. Hay una sensación vaga de que todo esto es necesario antes de empezar de verdad.
Y así pasan dos horas.
Y la tarea sigue intacta.
O sea, no es que no hayas hecho nada. Has hecho un montón de cosas. Solo que ninguna de ellas es lo que tenías que hacer.
El ritual de arranque que nunca termina
Lo que está pasando ahí tiene un nombre bastante feo: conducta de preparación sin inicio.
Pero en la práctica, todos lo conocemos bien.
Es cuando necesitas que el escritorio esté ordenado para ponerte. Pero claro, para ordenar el escritorio necesitas decidir dónde va cada cosa. Y para eso necesitas revisar qué carpetas tienes. Y de paso, ya que estás, actualizas el sistema de organización que llevas tiempo queriendo cambiar. Y ya está. Ya se hizo tarde.
Es cuando relees el documento desde el principio "para coger contexto" antes de añadir una sola línea nueva. Cada vez. Aunque lo hayas leído ayer.
Es cuando buscas el tutorial perfecto antes de empezar a practicar. El libro exacto antes de empezar a leer. La app ideal antes de empezar a organizarte. La plantilla perfecta antes de escribir.
Pues mira, te lo digo por experiencia: a mucha gente le cuesta todo más que a los demás, y parte de esa dificultad no está en la tarea en sí, sino en el ritual previo que se convierte en la tarea.
El problema no es que seas desorganizado. El problema es que tu cerebro necesita condiciones perfectas para arrancar. Y las condiciones perfectas nunca llegan, porque siempre falta algo.
La preparación como anestesia
A ver, ¿qué está pasando realmente aquí?
Porque prepararse no es malo. Prepararse tiene sentido. El problema es cuando prepararse se convierte en el mecanismo para no enfrentarte al momento en que empiezas de verdad.
Empezar da miedo. No porque seas cobarde. Sino porque empezar significa exponerte a la posibilidad de hacerlo mal. Y si no empiezas, no puedes hacerlo mal.
La preparación es, en este sentido, una anestesia perfecta. Mientras te preparas, sigues teniendo la opción de hacerlo bien. Sigues siendo la persona que "va a escribir ese email". Sigues en zona segura.
Cuando empiezas de verdad, ya no hay vuelta atrás. El resultado existe. Y puede no ser lo que esperabas.
Esto tiene mucho que ver con la parálisis que te entra antes de empezar. Esa parálisis no siempre parece parálisis. A veces parece productividad. Parece preparación. Parece responsabilidad. Pero en el fondo está haciendo lo mismo: mantenerte en un estado en que no hay resultado que juzgar.
¿Por qué algunos días sí arrancas?
Aquí está lo que más desconcierta, o sea.
Porque no siempre pasa. Hay días que te sientas y empiezas sin más. Sin rituales. Sin preparaciones previas. Directamente a lo que toca. Y piensas: "Ves, si puedo. Solo tenía que querer".
Y al día siguiente, dos horas ordenando el escritorio y cero líneas escritas.
La inconsistencia es brutal. Y la inconsistencia es lo que hace que te eches la culpa, porque si hubiera un patrón claro dirías "algo no funciona, busco ayuda". Pero como hay días buenos, la conclusión es que cuando no arrancas es porque no te esfuerzas lo suficiente.
Es una mentira muy convincente.
Lo que está pasando de verdad es que el arranque no depende de la voluntad. Depende de algo más profundo: el nivel de activación de tu sistema de atención. Cuando ese sistema está en modo favorable, arrancas fácil. Cuando no, necesitas condiciones perfectas que nunca se dan, y te quedas preparando sin empezar.
No es falta de ganas. Es regulación. Y la regulación no se arregla con listas de tareas.
El círculo vicioso de buscar la técnica perfecta
Hay una cosa que me parece especialmente retorcida en todo esto.
Cuando llevas tiempo sin poder arrancar, buscas soluciones. Y las soluciones que encuentras son, en su mayoría, sistemas, técnicas, métodos y apps.
Que si el método GTD. Que si el bloqueo de tiempo. Que si Notion. Que si el Pomodoro. Que si levantarte a las 5 y hacer las tareas importantes antes de que llegue el ruido del día.
O sea, buscas la técnica perfecta. Y buscas la técnica perfecta en vez de empezar la tarea. Y buscar la técnica perfecta es exactamente el mismo patrón que estás intentando resolver.
Si te suena familiar el patrón de procrastinar viendo vídeos de productividad, es exactamente esto. La preparación infinita, el sistema perfecto, el vídeo que te va a dar el truco definitivo. Todo en la misma categoría: actividad que se parece a avanzar pero que te mantiene exactamente donde estás.
Qué hace diferente a un cerebro que no arranca
No todos los cerebros procesan el arranque igual.
Hay cerebros que necesitan interés, novedad o urgencia para activarse. Sin eso, no es que se esfuercen menos. Es que literalmente no tienen el combustible que necesitan para arrancar.
Y cuando no tienen ese combustible, buscan algo que lo simule. Las preparaciones, los rituales, los sistemas, la reorganización, todo eso genera una sensación de movimiento que de alguna manera mantiene el cerebro activo. Pero no activo en la dirección correcta.
Esto no es un defecto de carácter. Es un patrón neurológico. Y hay bastante gente a la que le pasa, muchas veces sin saber por qué. Llevan años pensando que son desorganizados, que les falta fuerza de voluntad, que si "se pusieran las pilas" mejoraría.
Y no mejora. Porque el problema no está donde creen que está.
Si algo de esto te resuena, puede que valga la pena explorar si tu cerebro funciona con reglas distintas a las que te enseñaron. No como excusa. Como información para dejar de pelearte con algo que no tiene que ver con las ganas.
Si quieres empezar por algún sitio, tengo un test de 43 preguntas que tarda unos 10 minutos. No es un diagnóstico, pero puede darte un punto de partida para entender cómo funciona tu cabeza. Hacerlo aquí, gratis.
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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si sospechas que algo en tu forma de arrancar responde a algo más estructural, consulta con un psicólogo o psiquiatra.
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