Cometo errores por descuido que me cuestan caro en el trabajo
Sabes hacerlo. Lo has hecho cien veces. Pero se te escapa un número, una coma, un dato. Y el error siempre parece de alguien que no presta atención.
Sabes hacer tu trabajo. Lo llevas haciendo meses. Años, incluso. No es que no entiendas la tarea. No es que te falte formación. No es que seas nuevo.
Y aun así, se te escapan cosas. Un cero de más en una factura. Un nombre mal escrito en un email al cliente. Un dato que copiaste mal porque tu cerebro decidió saltarse una línea sin avisarte.
Errores tontos. Errores que "no deberían pasar". Errores que gritan "esta persona no presta atención".
Y tú sabes que sí prestas atención. Solo que tu atención tiene agujeros.
¿Por qué cometes errores en cosas que sabes hacer perfectamente?
Porque saber hacer algo y mantener la atención al detalle mientras lo haces son dos cosas completamente distintas.
Tu cerebro es capaz de hacer la tarea. Pero la parte del cerebro que se encarga de revisar los detalles, de mantener la vigilancia constante sobre los pequeños datos, esa parte se desconecta cuando la tarea no es lo suficientemente estimulante.
Imagina un vigilante de seguridad que lleva 6 horas mirando el mismo monitor. Todo tranquilo. Nada pasa. Y en el momento en que pasa algo, no lo ve. No porque sea mal vigilante. Sino porque su cerebro se desactivó después de horas de monotonía.
Pues algo parecido le pasa a tu atención cuando estás rellenando un Excel, revisando un contrato o copiando datos de un sitio a otro. La tarea es mecánica. Repetitiva. Sin sorpresas. Y tu cerebro, que necesita estímulo para mantenerse alerta, se va a otra parte.
Y cuando vuelve, se ha saltado una coma. O un número. O un párrafo entero.
¿Te han dicho alguna vez "es que no te fijas"?
Esa frase. La he escuchado toda mi vida.
"Es que no te fijas." "Es que si prestaras más atención..." "Es que esto es muy básico, ¿cómo se te escapa?"
Y lo peor no es que te lo digan. Lo peor es que tú piensas lo mismo. Porque es verdad que es básico. Es verdad que no debería escaparse. Y no entiendes por qué se te escapa una y otra vez.
Revisas el documento. Lo revisas dos veces. Lo revisas tres. Y el error sigue ahí. Porque tu cerebro, al revisar, lee lo que espera leer en vez de lo que realmente está escrito. Pasa por encima del error como si no existiera. Una y otra vez.
Eso no es falta de cuidado. Es un problema de cómo tu atención procesa la información repetida. Es como cuando lees una frase que tiene una palabra repetida repetida y no la ves hasta que alguien te la señala. Tu cerebro autocompleta y se salta lo que no encaja.
El coste invisible de los errores por descuido
No son solo los errores. Es todo lo que viene después.
La vergüenza. La sensación de que estás dando una imagen de incompetencia. El miedo constante a que el siguiente error sea el que te cueste el puesto. La ansiedad de revisar todo tres veces y aun así no estar seguro de que está bien.
Y encima, la energía que gastas en compensar. Porque cuando sabes que cometes errores por descuido, empiezas a dedicar el doble de tiempo a revisar. A crear listas de verificación. A pedirle a alguien que te lo mire antes de enviar. Toda esa energía es un sobreprecio que pagas por tener un cerebro que filtra la información de manera diferente.
Es lo mismo que les pasa a las personas que sienten que les cuesta todo más que a los demás. El resultado final puede ser el mismo. Pero el esfuerzo para llegar ahí es desproporcionado.
No es un problema de actitud. Es un problema de atención sostenida.
A ver, voy a explicarte algo que me hubiese ahorrado años de culpa.
Hay cerebros que mantienen la atención al detalle de manera constante durante horas. Y hay cerebros que no. Que pueden estar hiperconcentrados en algo interesante durante seis horas seguidas sin pestañear, pero que no pueden mantener la vigilancia sobre una tarea mecánica durante 20 minutos.
No es que un cerebro sea mejor que otro. Es que funcionan con reglas distintas. Y el mundo laboral está diseñado para el primero.
En personas con TDAH, los errores por descuido son uno de los síntomas más comunes y menos comprendidos. El DSM-5 lo lista literalmente como uno de los criterios diagnósticos: "A menudo no presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido". No es un defecto de carácter. Es una manifestación de cómo funciona el sistema atencional.
Esto no es un diagnóstico, evidentemente. Pero si llevas años cometiendo errores que "no deberían pasar" y sintiéndote fatal por ello, hablar con un profesional te puede dar respuestas que la autoexigencia nunca te va a dar.
Algo que me ayuda a reducir los errores (no a eliminarlos)
No te voy a engañar. No hay un truco que haga que dejes de cometer errores por descuido para siempre. Eso no existe.
Pero hay algo que reduce bastante el problema: no revises tú mismo en el mismo momento.
Es contraintuitivo, pero funciona. Si acabas de escribir un informe, no lo revises ahora. Revísalo mañana. O al menos después de una pausa larga. Porque tu cerebro necesita distancia para ver los errores. Si revisas en caliente, lee lo que escribió, no lo que hay escrito. Y los errores pasan desapercibidos.
Y si puedes, pídele a otra persona que lo revise. Sin vergüenza. No porque seas incompetente, sino porque tu cerebro tiene un punto ciego con sus propios textos y una segunda mirada lo cubre.
A mí me funciona. A lo mejor a ti también.
---
Si lo de los errores por descuido te ha hecho levantar las cejas, tengo un test de 43 preguntas que te ayuda a entender cómo funciona tu atención. Gratis, sin compromiso, y con información para decidir si vale la pena consultar a un profesional. Hacer el test TDAH.
Sigue leyendo
No tengo sistema para nada y funciono a base de crisis
No tienes método, ni agenda, ni sistema que dure. Solo una habilidad brutal para resolver cosas cuando todo arde. Y tiene explicación.
Trabajo mejor solo que en equipo y no sé si es un problema
Rindes el triple cuando nadie te interrumpe. Las reuniones te drenan. Trabajar en equipo te agota. No es antisocial. Quizá tu cerebro necesita otras condiciones.
Mi atención tiene modo on y modo off y no controlo cuál
Algunos días rindes 10 horas seguidas. Otros no puedes ni contestar un email. No es falta de disciplina: tu atención funciona diferente.
Por qué me cuesta seguir instrucciones aunque las entienda
Las entiendes perfectamente. Asientes. Y luego no las sigues. No es despiste ni mala voluntad. Tiene una explicación que cambia todo.