Me olvido de regar las plantas hasta que se mueren
Compras la planta con toda la ilusión. A la semana ya no te acuerdas de que existe. No es que no te importen. Es que tu cerebro no registra lo invisible.
Tienes un cementerio de plantas en casa. No es una metáfora. Es literal.
Compraste la primera con ilusión. Le buscaste el sitio perfecto. Incluso investigaste cuánta agua necesitaba. Los primeros tres días la regaste como si fuera un bebé. Y al cuarto día dejó de existir en tu cabeza.
No es que decidieras no regarla. Es que tu cerebro simplemente la borró del mapa. La planta seguía ahí, en la esquina de la cocina, pidiendo agua en silencio. Pero tú pasabas por delante catorce veces al día sin verla. Hasta que un día la miras y está más seca que la meseta en agosto.
Y piensas: "Soy un desastre como persona."
No. Para. No eres un desastre. Pero tu cerebro tiene un problema con las cosas que no gritan.
¿Por qué se te olvidan las cosas que no piden atención?
Tu cerebro funciona con un sistema de alertas. Si algo es urgente, nuevo o emocionante, salta la alarma y lo atiendes. Si algo es rutinario, silencioso y no tiene consecuencias inmediatas, tu cerebro lo pone en modo invisible.
La planta no te manda un mensaje. No te hace una llamada perdida. No se pone roja y empieza a pitar. Simplemente está ahí, necesitando algo, en silencio. Y para un cerebro que funciona con estímulos, el silencio es lo mismo que no existir.
Es como tener un modo on y off de atención que no controlas. Lo que activa la alarma no es la importancia real de la cosa. Es la cantidad de ruido que hace. Y las plantas hacen cero ruido.
Lo mismo pasa con devolver cosas prestadas, con contestar ese email que no es urgente, con hacer esa revisión médica que llevas meses posponiendo. Si no tiene una fecha límite que te explote en la cara, tu cerebro dice: "Mañana." Y mañana dice: "Mañana." Y así hasta que la planta ya no tiene solución.
El patrón de las cosas silenciosas
Pues mira, esto es un patrón que va más allá de las plantas.
Piensa en todas las cosas de tu vida que requieren mantenimiento periódico sin que nadie te lo recuerde. Regar las plantas. Cambiar las sábanas. Limpiar los filtros del aire acondicionado. Renovar ese documento. Llamar a tu abuela.
Todas son tareas que no tienen urgencia hasta que la tienen. No hay alarma, no hay fecha roja en el calendario, no hay nadie detrás diciéndote "hazlo ahora". Y tu cerebro necesita una de esas tres cosas para activarse.
No es que no te importe tu abuela. No es que no te gusten las plantas. Es que tu cerebro no procesa lo que no tiene un disparador externo.
Y te digo más. Lo frustrante es que cuando la planta se muere, te sientes fatal. Porque SÍ te importaba. Pero "importar" y "recordar" son dos procesos distintos. Uno es emocional. El otro es ejecutivo. Y pueden no ir de la mano.
¿Hay forma de arreglar esto?
Alarmas. Recordatorios. Aplicaciones que te avisan cada X días. Poner la regadera al lado de la cafetera para que la veas cada mañana.
Suena ridículo, lo sé. "¿En serio necesitas una alarma para regar una planta?" Pues sí. Igual que hay gente que necesita gafas para leer. No es que sea tonto. Es que sin la herramienta, no ve.
El truco no es tener mejor memoria. El truco es externalizar la memoria para que el entorno te recuerde lo que tu cerebro no va a recordar por sí solo. Suena a rendirte, pero en realidad es lo más inteligente que puedes hacer. Dejar de luchar contra tu cerebro y empezar a montar sistemas que trabajen con él.
Porque si esperas que un día tu cerebro decida por sí solo recordar que las plantas necesitan agua, vas a seguir comprando plantas y matándolas. Y lo peor no es perder la planta. Lo peor es lo que te dices a ti mismo cada vez que pasa.
Cuando no son solo las plantas
Si esto te pasa solo con las plantas, probablemente es un despiste normal.
Pero si te pasa con todo lo que requiere mantenimiento. Si olvidas citas, si se te pasan fechas, si tu vida tiene un patrón constante de "se me olvidó" en cosas que sabes que son importantes para ti. Entonces no es un despiste. Es un patrón.
Y los patrones de memoria en adultos, esa sensación de que todo te cuesta más que a los demás, tienen una explicación que muchas veces nadie se ha molestado en darte.
El TDAH no diagnosticado en adultos se disfraza de "soy un desastre". De "no me organizo". De "se me olvida todo". Y la persona se pasa años pensando que es un problema de carácter cuando en realidad es un problema de cómo su cerebro gestiona la información que no grita.
Esto no es un diagnóstico. Si sospechas que te pasa algo más que despistes puntuales, habla con un profesional. Pero al menos deja de castigarte por las plantas muertas. No es que no te importen. Es que tu cerebro no las oye.
Si te has sentido identificado con esto, tengo un test de 43 preguntas que puede ayudarte a entender por qué tu memoria funciona así. Diez minutos. Gratis. No sustituye a un profesional, pero puede ser el primer paso. Hazlo aquí.
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