No consigo concentrarme cuando tengo ansiedad
Tienes ansiedad y encima no puedes concentrarte. No es que estés mal de la cabeza. Es que tu cerebro está haciendo exactamente lo que cree que debe hacer.
Hay un momento muy concreto que conoces bien.
Tienes algo que hacer. Algo importante. Y no solo no puedes hacerlo, sino que encima tu cabeza está a mil por hora pensando en todo lo que pasará si no lo haces. Es el combo perfecto del infierno: ni trabajas ni descansas. Solo das vueltas.
Y lo más surrealista es que cuanta más ansiedad tienes por no concentrarte, menos te concentras. Y cuanto menos te concentras, más ansiedad. Y así hasta que el día termina y no has hecho nada, pero llevas ocho horas agotado como si hubieras corrido una maratón.
¿Por qué la ansiedad te destruye la concentración?
A ver, vamos a entender qué está pasando de verdad. Porque no es que seas un desastre. Es que tu cerebro está funcionando exactamente como está diseñado para funcionar. El problema es que está diseñado para sobrevivir en la sabana, no para responder emails.
Cuando tienes ansiedad, tu cerebro activa el modo alerta. El famoso "lucha o huye". Tu amígdala, que es la parte del cerebro encargada de detectar amenazas, se pone en modo máxima potencia. Y en ese modo, el córtex prefrontal, que es la parte que usas para planificar, concentrarte y tomar decisiones, se queda en segundo plano.
O sea, tu cerebro literalmente apaga la parte que necesitas para trabajar. Porque está convencido de que ahora mismo hay algo más urgente que la presentación del martes.
El problema es que no hay un tigre. Hay un plazo. Hay una conversación que no salió bien. Hay una reunión que te da mal rollo. Pero tu cerebro no distingue entre "tigre que me va a comer" y "correo de mi jefe con tono raro". Para él, todo es amenaza. Y ante amenazas, a sobrevivir.
Concentrarse puede esperar. O eso cree él.
La trampa de intentarlo más fuerte
Y claro, tú lo que haces es intentar concentrarte más. Porque tienes que hacerlo. Porque no puedes permitirte no hacerlo. Y esa presión genera más ansiedad. Que genera menos concentración. Que genera más presión. Que genera más ansiedad.
Es como tener un brazo roto e intentar cargar cajas porque no puedes permitirte no cargarlas. No funciona así.
Lo que me pasaba a mí era esto. Me sentaba. Abría el documento. Y en vez de pensar en lo que tenía que escribir, pensaba en por qué no podía pensar en lo que tenía que escribir. Y luego pensaba en que si no lo hacía hoy iba a acumularse con lo de mañana. Y luego pensaba en que seguramente era porque soy un desastre y nunca voy a ser capaz de gestionar esto. Y luego miro el reloj y han pasado cuarenta minutos.
Nada hecho. Totalmente agotado. Y encima más ansioso que antes.
Te suena, ¿no?
¿Esto tiene que ver con el TDAH?
Puede. Y aquí viene la parte que a mucha gente le vuela la cabeza.
El TDAH y la ansiedad se presentan juntos muy a menudo. No siempre, pero más de lo que parece. Y hay una razón: si llevas años sin poder concentrarte, sin entender por qué te cuesta todo más que a los demás, sin saber explicarle a nadie lo que te pasa... acabas ansioso. Es lo lógico.
La ansiedad puede ser la consecuencia de años de no entender cómo funciona tu cerebro. De haber compensado, de haber sobrevivido, de haber dado lo mejor de ti y que aun así las cosas siempre costaran el doble.
Y luego está el otro lado: la ansiedad también puede empeorar los síntomas de TDAH existentes. Si ya tienes problemas para regular la atención, la ansiedad es como tirarle gasolina encima. La mente en blanco cuando más la necesitas es un clásico de esta combinación. Tu cabeza está tan ocupada procesando la amenaza que no le queda espacio para lo que realmente importa.
No es magia chamánica. Es neurología bastante bien documentada.
¿Qué hace que concentrarse con ansiedad sea tan difícil?
Hay algo que me parece importante que entiendas. Cuando estás ansioso, tus pensamientos no te distraen por capricho. Te distraen porque tu cerebro los considera más urgentes que la tarea.
Es decir, te distraes con tus propios pensamientos no porque seas débil de voluntad, sino porque hay una parte de ti que está convencida de que pensar en ese problema es más importante que trabajar ahora. Y esa parte tiene mucho peso.
El resultado es que intentas trabajar y tu cabeza te arrastra constantemente hacia los pensamientos ansiosos. Y cada vez que intentas volver a la tarea, necesitas más esfuerzo. Y ese esfuerzo genera tensión. Y la tensión alimenta la ansiedad. Y vuelta a empezar.
No es un problema de carácter. Es un bucle. Y los bucles se rompen, pero no a base de fuerza de voluntad.
Lo que yo he aprendido (y lo que no)
No te voy a vender que tengo la solución perfecta. Porque no la tengo. Hay días que me siento y fluye, y días que me siento y parece que alguien me ha quitado el cerebro y lo ha sustituido por algodón.
Lo que sí he aprendido es que intentar concentrarme a la fuerza cuando estoy ansioso es perder el tiempo. Y más que eso: es contraproducente. Me estresa más. Me hace sentir peor. Y al final del día tengo doble sensación de fracaso: no hice el trabajo y además me sentí fatal mientras no lo hacía.
Lo que funciona mejor, al menos para mí, es reconocer primero que el cerebro está en modo alerta y no en modo trabajo. No ignorarlo. No fingir que no está pasando. Sino aceptar que ahora mismo la maquinaria está en otro estado y que intentar forzarla tiene un coste.
A veces eso significa parar cinco minutos de verdad, no de forma culpable. A veces significa cambiar de tarea a algo más mecánico que no requiera tanta carga cognitiva. A veces significa decirle a mi psicóloga "oye, esta semana ha sido un desastre" y que ella me ayude a entender qué está pasando.
No es heroico. Pero funciona mejor que darme cabezazos contra la pantalla durante cuatro horas.
¿Tienes solo ansiedad o hay algo más?
Esta es la pregunta que yo tardé mucho en hacerme.
Porque durante años asumí que era ansioso y ya está. Que ese era mi modo de ser. Que si hubiera sido más disciplinado o más organizado, la ansiedad no habría sido tan problema.
Lo que nadie me preguntó es si debajo de la ansiedad había algo que explicara por qué me costaba tanto gestionar las cosas. Por qué me cuesta todo más que a los demás incluso cuando estaba tranquilo. Por qué había días en los que la concentración simplemente no existía sin ninguna razón aparente.
Eso tiene nombre. Y en mi caso, ese nombre es TDAH.
No digo que sea tu caso. Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si sospechas que puede haber algo más que ansiedad, habla con un psicólogo o psiquiatra. En serio. Yo tardé demasiado en hacerlo y le veo un coste real a ese retraso.
Pero si te reconoces en lo que describes aquí, si la ansiedad y la concentración llevan años siendo un problema que no consigues resolver por mucho que lo intentes, quizá vale la pena preguntarse si el foco roto tiene una explicación más profunda.
A mí esa pregunta me cambió bastante las cosas. No de golpe. Pero sí.
---
Si quieres empezar a entender cómo funciona tu cerebro, tengo un test de 43 preguntas que no te da un diagnóstico pero sí un punto de partida. Diez minutos, gratis, y puede que alguna respuesta te resulte incómoda de una forma útil. Hacer el test TDAH.
Sigue leyendo
Me olvido de contestar mensajes importantes durante días
Lees el mensaje. Piensas la respuesta. Y tres días después sigues sin contestar. No es que pases de la gente. Es algo que no controlas.
Me aburro de las series a la segunda temporada
Empiezas una serie con ganas, la primera temporada te atrapa, y a la segunda ya no puedes. No es que la serie sea peor. Es otra cosa.
No sé cuánto tardo en prepararme y siempre calculo mal
Dices 10 minutos para ducharte y tardas 35. No es mal cálculo. Tu cerebro no mide el tiempo como crees y por eso siempre llegas tarde.
Envío emails con errores que había revisado tres veces
Lo revisas. Lo relees. Le das a enviar. Y ahí está: el error que habías visto y corregido, pero que tu cerebro decidió ignorar.