Mi cerebro no quiere trabajar: el problema no es la tarea, es empezar

Días en que nada te parece bien y todo lo descartas. No es pereza ni falta de ganas. Es fricción de inicio. Y tiene solución.

Hoy no me apetecía nada ponerme a grabar.

Y cuando te digo nada, es nada. Llevo un rato pensando qué grabar, se me ocurren mil ideas, las pongo sobre el papel y mi cerebro las descarta todas. "No, esto no. Esto tampoco. ¿Por qué? Pues por esto, por esto, por esto."

Uno de esos días en los que proponga lo que proponga a mi cerebro, nada le va a parecer bien.

"Pues descansa, Rubén, y mañana será otro día"

Ya. Eso me dirías tú. Y tendrías parte de razón.

El tema es que esto me lleva pasando muchísimos años. Y no solo con grabar. Te estoy hablando de la vida en general.

Hay muchas cosas que en el fondo quiero hacer. Pero por lo que sea, mi cerebro se niega. Entra en ese modo en el que haga lo que haga nada le parece bien, y me paso el día discutiendo conmigo mismo sobre por qué debería ponerme a hacer algo que es obvio que debería hacer.

Al principio pensé que era por el TDAH. Que como tengo trastorno por déficit de atención hiperactividad, todos los problemas raros de mi vida venían de ahí. Y en parte sí. Pero no era toda la historia.

Porque es bien sabido que procrastinas cuando una tarea es ambigua, cuando la ves demasiado grande, cuando tu cerebro la percibe como amenaza. Y sí, eso pasa. Pero grabar, para mí, es tan natural como respirar. Lo hago casi a diario. No tiene sentido que de repente lo vea como amenaza. Y la idea tampoco, porque el proceso creativo lo tengo tan automatizado que podría generar vídeos casi sin pensar.

Me paré mucho tiempo a pensar qué estaba pasando. Y no tenía una respuesta clara.

El verdadero problema no es la tarea

Con el tiempo me he dado cuenta de una cosa.

El problema casi nunca es "no me apetece hacer esto". El problema es "tengo que empezar a hacer esto".

Y no es lo mismo.

La mayoría de veces que me pasa esto, en el fondo no tiene nada que ver con la temática, ni con la planificación, ni con la dificultad. Es el hecho de que todavía no he empezado. Y como no he empezado, mi cerebro mete resistencia porque preferiría mil veces estar haciendo cualquier otra cosa. Vaguear. Tirarme en el sofá. Contar cuántos caracoles hay en el ladrillo de abajo.

Cualquier cosa antes que algo que supone esfuerzo.

Esto lo he visto en absolutamente todo en mi vida durante años. Y es la misma historia que cuento en la parálisis que me entra antes de empezar cualquier cosa: el cuerpo no se mueve. No porque no quieras. Sino porque tu cerebro está negociando con una resistencia invisible que tú no controlas del todo.

Y la gente te dice "es que tienes que tener fuerza de voluntad". Ya. ¿Y si la fuerza de voluntad no va de eso?

¿Por qué no funciona "cuenta hasta tres y arranca"?

Conoces el truco. Uno, dos, tres, y te pones a hacer las cosas sin pensar.

A mí me vendieron eso durante años como la solución mágica. Y mira, para un cerebro neurotípico a lo mejor funciona. Para un cerebro neurodivergente, ya te digo yo que no. Yo cuento uno, dos, tres y sigo sentado mirando la pantalla como un pasmarote.

No es tan simple.

Porque "arrancar" no es un acto de voluntad puntual. Es una negociación con un cerebro que necesita que le bajes el coste de entrada. Cuanto más alto el coste, más se planta. Y los cerebros TDAH detectamos el coste de inicio con un radar bestial. Por eso posponer puede sentirse como algo físico. No es que no quieras, es que sabes lo que hay que hacer y el cuerpo no se mueve.

La solución no está en contar más rápido. Está en bajar el precio.

Hazlo tan fácil que sea imposible no hacerlo

Este es mi mantra. Llevo años funcionando con él y no me ha fallado.

Si tu entorno, tus herramientas y tus sistemas te causan la mínima fricción posible para empezar, de repente tu cerebro deja de plantarse tanto. No porque haya desaparecido la resistencia. Va a seguir ahí. Pero el coste de entrada es tan bajo que te puedes saltar la negociación.

Te pongo el ejemplo de este mismo vídeo.

Si yo ahora mismo tuviera que montar un set de grabación de los de San Quintín, te aseguro que no lo estaría haciendo. Hubiera dejado que mi cerebro me ganase la batalla del día. Pero tengo un micrófono que puedo llevarme a cualquier lado. Tengo una cámara a la que le doy dos clics y se pone a grabar. Tengo una luz puesta ahí que me hace unas sombras horribles en los ojos, pero me la suda, porque es eso o no grabar.

¿Guion? No hay guion. Ya está, no hay más.

¿Va a ser el vídeo más visto de mi canal? No. Probablemente esté dando vueltas a los temas, probablemente me pierda en alguna idea. Me da igual. Lo estoy haciendo. Y eso es lo que cuenta.

Si prefieres verme soltando esto en formato vídeo lo tienes aquí.

El primero es el cabrón, los demás son fáciles

Una vez que arrancas, algo se desbloquea. El segundo paso ya no es tan complicado. El tercero cuesta un poquito menos. Y de repente llevas dos horas currando sin darte cuenta.

Hay una frase que me encanta: "Por casualidad la inspiración me llega todos los días a las 5 de la tarde, cuando me siento a escribir." Es así. La inspiración no llega antes de sentarse. Llega después. Es la recompensa por haberte sentado, no el requisito previo.

Y esto conecta con algo que tengo claro. Tu cerebro no funciona con disciplina, funciona con dopamina. Y la dopamina no aparece mirando la tarea. Aparece haciéndola.

Qué hacer cuando el cerebro se planta

No te voy a vender la moto de que esto funciona el 100% de las veces, porque hay días en los que la causa viene de otro sitio. Estás quemado, duermes mal, hay cosas en tu vida que pesan más. Y ahí el truco no aplica igual.

Pero en la gran mayoría de los casos sí. Y pasa por algo muy aburrido y poco sexy. Diseñar tu entorno para quitar fricción.

Tres cosas concretas que a mí me han funcionado.

Tener a mano el mínimo viable. Un micro encendido. Un documento abierto. Una app que te lleve directo al sitio sin clicar ocho veces. Si cada vez que vas a empezar tienes que montar la ceremonia, ya has perdido.

Bajar el umbral ridículamente. Si "escribir el post" es demasiado, la tarea es "abrir el documento y escribir una frase". Esa frase puede ser una mierda. Da igual. Una vez dentro, el resto viene solo.

Usar el truco del compromiso. Yo encendí la cámara sin tener idea de lo que iba a contar. Estar ya grabando fuerza al cerebro a arrancar. Es más fácil improvisar que levantarse y apagar.

Esto es el antídoto al no puedo empezar si las condiciones no son perfectas. La condición perfecta no existe. Lo que existe es este momento y lo que tengas a mano ahora.

La razón real de que estés leyendo esto

La razón de que estés leyendo este post es literalmente la que te acabo de contar.

No me apetecía grabar y dije: "Vale, cerebro, ¿no te gustan las ideas que te propongo? Voy a encender la cámara y voy a grabar sobre esto. Sobre que no me apetece grabar."

¿Y sabes lo que va a pasar después? Probablemente acabe grabando cinco, seis, siete vídeos. No por inspiración divina. Por el hecho de que ya me he arrancado. La resistencia no se va discutiendo con ella. Se va no dándole la oportunidad de discutir.

Ponte las cosas hipersimples para empezar. Busca la forma de dar el primer paso aunque no te apetezca. No te prometo que funcione siempre. Pero te va a cambiar cómo te relacionas con tu trabajo.

Y si te identificas mucho con este patrón de pelear con tu cerebro para arrancar cosas que en el fondo quieres hacer, a lo mejor hay algo más debajo.

He montado un test basado en escalas clínicas reales para ayudarte a entender si este patrón encaja con un cerebro TDAH.

Hacer el test de TDAH

Relacionado

Sigue leyendo