Me olvido de conversaciones que tuve ayer aunque fueran importantes
Tu pareja te contó algo importante ayer. Tú no recuerdas ni el tema. No es desinterés. Tiene una explicación que cambia todo.
"¿No te acuerdas de lo que hablamos ayer?"
Esa frase. Esa maldita frase. La he escuchado tantas veces que ya me genera un nudo en el estómago antes de que terminen de decirla.
Porque sé lo que viene después. Viene la cara de decepción. Viene el "es que no me escuchas". Viene el silencio incómodo donde tú intentas recordar algo, lo que sea, una palabra, un tema, un detalle. Y no hay nada. Vacío. Como si la conversación nunca hubiera pasado.
Y lo peor es que sabes que pasó. Sabes que estuviste ahí. Sabes que escuchaste. Pero tu cerebro no guardó nada.
¿Es que no me importan las conversaciones?
No. Para. Antes de que vayas por ahí.
Yo he tenido esta discusión mil veces. Con mi novia, con amigos, con familia. Y siempre es el mismo guion. Alguien me cuenta algo. Yo escucho. Asiento. Respondo. Participo. Y al día siguiente, se ha evaporado.
No es que no me importara. No es que estuviera pensando en otra cosa. Bueno, probablemente estaba pensando en otra cosa a la vez, pero eso es otro tema. El punto es que la información entró, se procesó en el momento, y no se grabó.
Es como ver una serie en streaming sin descargarla. La ves entera. La disfrutas. Pero cuando se cierra la app, no queda nada en tu dispositivo. Necesitas conexión para volver a verla. Y a veces esa conexión no está.
La diferencia entre escuchar y retener
Esto es lo que nadie entiende.
Puedes escuchar perfectamente y no retener nada. Son dos procesos distintos. Escuchar es captar la información en el momento. Retener es que tu cerebro la codifique, la archive y la haga accesible después.
Y hay cerebros donde el primer paso funciona bien pero el segundo falla. No siempre. No con todo. Ahí está la trampa. Porque te acuerdas perfectamente de aquella conversación random sobre una serie de Netflix. Te acuerdas del dato absurdo que leyó tu colega en Twitter. Pero no te acuerdas de lo que tu pareja te dijo ayer sobre los planes del fin de semana.
Y claro, eso genera una percepción de que eliges qué recordar. Que si te acuerdas de unas cosas y no de otras, es porque unas te importan más. Pero no funciona así. No eliges. Tu cerebro decide solo qué se queda y qué se va. Y su criterio no tiene nada que ver con la importancia. Tiene que ver con la estimulación.
La conversación sobre la serie de Netflix era nueva, sorprendente, divertida. Tu cerebro la registró porque le dio un pico de interés. La conversación sobre los planes del sábado era práctica, cotidiana, sin novedad. Y tu cerebro la dejó pasar como quien oye llover.
Lo que se siente por dentro
Voy a ser honesto. Esto duele.
No duele solo por la información perdida. Duele por lo que implica. Cuando olvidas una conversación importante, la otra persona siente que no le prestas atención. Que no te importa. Que lo suyo no es suficiente para que lo recuerdes.
Y tú no puedes explicarlo. Porque "mi cerebro no grabó lo que me dijiste" suena a excusa. Suena a que no pones esfuerzo. A que si de verdad quisieras, te acordarías.
Yo he intentado de todo. Tomar notas mentales durante las conversaciones. Repetir los puntos clave en mi cabeza. Poner recordatorios después. Y a veces funciona. Pero la mayoría de veces, el esfuerzo de intentar grabar la conversación me desconecta de la conversación misma. Es como intentar disfrutar de un concierto mientras grabas con el móvil. Al final no haces bien ninguna de las dos cosas.
Si te pasa que no puedes escuchar y tomar notas a la vez, es exactamente esto. Tu ancho de banda no da para procesar y archivar al mismo tiempo.
¿Y si tiene una explicación real?
Mira, yo pasé años pensando que era un problema de atención. Que si prestaba más atención, retendría más. Y en parte sí. Pero la atención no era la raíz del problema. La raíz era cómo funciona mi memoria a corto plazo.
El TDAH en adultos no es solo no poder estarte quieto. Es tener una memoria de trabajo que funciona a medio gas. Que retiene lo estimulante y deja caer lo importante. Que te convierte en alguien que parece despistado pero que en realidad tiene un sistema de almacenamiento con reglas propias que nadie te explicó.
No digo que sea tu caso. Esto no sustituye un diagnóstico profesional. Pero si llevas toda la vida olvidando conversaciones importantes y sintiéndote culpable por ello, quizá el problema no eres tú. Quizá es que te cuesta todo más que a los demás y nunca nadie te ha dicho por qué.
Cuando lo entendí, las conversaciones olvidadas no dejaron de pasar. Pero el "es que no me escuchas" se convirtió en "oye, te lo vuelvo a decir porque sé que tu cerebro es así". Y eso, créeme, cambia todo.
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