Por qué me cuesta tanto concentrarme por las tardes
Llegas a las 4 de la tarde con la lista intacta y el cerebro frito. No es excusa ni pereza. Te explico qué pasa realmente cuando la tarde se convierte en tu enemiga.
Son las 4 de la tarde. Tienes cosas pendientes. Tienes el ordenador abierto. Tienes intención.
Y no puedes hacer absolutamente nada.
No es que no quieras. Es que tu cabeza ha decidido, de manera unilateral y sin consultarte, que la jornada laboral ha terminado. Que le da exactamente igual lo que tú opines al respecto. Que si quieres productividad, vuelve mañana por la mañana, a ser posible antes de las 11.
Y lo peor no es que pase. Lo peor es que pasa cada día. Y sigues sin entender por qué.
¿Por qué por las tardes se me va el cerebro?
A ver, esto tiene una explicación que no es "que eres vago" ni "que te falta motivación". Aunque te lo hayan dicho. Aunque te lo hayas dicho tú mismo.
Tu capacidad de concentración no es plana. No funciona como un grifo que abre igual a las 9 que a las 5. Funciona más bien como ese amigo que llega puntual a la primera, aguanta hasta cierto punto, y luego empieza a mirar el reloj y a buscar excusas para irse. Y una vez que decide marcharse, no hay manera de retenerlo.
Lo que ocurre es que el cerebro gasta recursos durante el día. Recursos reales. Cada decisión, cada distracción que has ignorado, cada correo al que has respondido, cada reunión que has sobrevivido... todo eso tiene un coste. Y ese coste se acumula.
Cuando llegas a la tarde, tus reservas están bajas. Tu corteza prefrontal, que es la parte del cerebro que gestiona el foco, la planificación y el control de impulsos, lleva horas trabajando. Y está agotada. No metafóricamente. Literalmente.
Claro que si encima tienes un cerebro que ya de base tiene dificultades con la regulación de la atención, la tarde se convierte en territorio hostil.
El bajón de después de comer que nadie te explica
Hay un momento concreto que es especialmente traicionero. Ese rato de después de comer en el que el cuerpo dice "oye, ¿podemos parar?" y el cerebro dice "sí, por favor" y tú estás ahí pensando que deberías ponerte con lo que tienes pendiente pero no puedes ni arrancar.
No te estás rindiendo. Es que la biología va por libre.
Después de comer, el cuerpo desvía recursos hacia la digestión. Literalmente. El flujo sanguíneo cambia. La temperatura corporal sube ligeramente. La melatonina toca un pequeño pico. Y la concentración cae. Esto está estudiado y tiene nombre: se llama somnolencia postprandial, aunque yo siempre lo he llamado "el maldito pozo de las 3".
Y si quieres entender mejor ese fenómeno, te expliqué en detalle por qué cuesta concentrarse después de comer, que es un post entero solo sobre eso.
El problema es que la mayoría de nosotros programamos las tareas importantes para la tarde sin saber esto. Y luego nos preguntamos por qué no rendimos. Es un poco como programar una carrera de atletismo a las 3 de la mañana y sorprenderte de no correr a tu mejor ritmo.
Por qué las tardes destrozan la concentración si tienes TDAH
Si tu cerebro ya tiene problemas para mantener el foco de base, la tarde los amplifica.
El TDAH, entre otras cosas, implica que tu atención depende mucho del nivel de estimulación y de los niveles de dopamina. Cuando estás descansado y hay algo nuevo, urgente o emocionante, el foco aparece. Pero cuando llevas horas activo y la tarea delante es la de siempre, aburrida, sin presión inmediata... pues el foco se niega a aparecer.
O sea, que no es que por la tarde seas menos inteligente ni menos capaz. Es que tu cerebro necesita condiciones específicas para encenderse, y la tarde rara vez las cumple. Las reservas están bajas, la dopamina está baja, la tarea es rutinaria. Triple combo para el apagón.
Y lo que pasa entonces es que tu concentración tiene literalmente fecha de caducidad. No es un defecto de carácter. Es cómo funciona el sistema.
¿Qué puedo hacer con las tardes además de sobrevivir?
Mira, no te voy a vender un sistema de productividad de 12 pasos que lo arregla todo. Eso no existe. Pero sí hay cosas que me han funcionado a mí y que tienen sentido dada la explicación de arriba.
La primera es la más obvia y la que menos hacemos: no programes trabajo profundo por las tardes. Sé que suena a rendirse. No lo es. Es aceptar cómo funciona tu cerebro y organizarte en consecuencia. Las tardes son para tareas mecánicas, responder mensajes, revisar cosas, ordenar. Lo que requiere foco de verdad, ponlo por la mañana.
Si no tienes esa flexibilidad, el truco que más me ha ayudado es arrancar con algo ridículamente fácil. No la tarea importante. Algo pequeño, de cinco minutos, que no requiera nada. El cerebro necesita inercia. Una vez que empieza a moverse, aunque sea despacio, es más fácil seguir. Arrancar en frío después de comer con la tarea más difícil del día es una receta para el fracaso garantizado.
Y si llevas ratos mirando la pantalla sin avanzar, a veces lo mejor es parar. De verdad parar. Levantarte, salir, caminar diez minutos. No es perder el tiempo. Es resetear. Yo lo hago constantemente. Hay días que doy más vueltas por Wrocław que productividad real hago, pero cuando vuelvo el cerebro funciona mejor que si me hubiera quedado ahí, frustrado, mirando el cursor parpadear.
No te voy a engañar: la tarde no va a convertirse en tu momento más productivo. Para algunos cerebros, simplemente no lo es. Pero entender por qué ayuda a dejar de pelearte contigo mismo.
Quizá no es solo el horario
Si esto que describes pasa todos los días, si la concentración falla no solo por las tardes sino en general, si hay un patrón de inconsistencia que no entiendes... quizá valga la pena mirar más allá del horario.
Hay gente a la que le cuesta concentrarse de manera que va más allá de la fatiga normal. Y en muchos casos eso tiene una explicación más profunda. Esto no sustituye un diagnóstico profesional, pero si te resuena lo que lees aquí, puede que sea útil empezar a hacerte las preguntas correctas.
Si quieres saber si tu cerebro funciona con reglas diferentes, tengo un test de 43 preguntas que puedes hacer en 10 minutos. No es un diagnóstico, pero es un punto de partida honesto. Hacer el test TDAH
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