Me cuesta encontrar algo que me motive de verdad
Has probado de todo y nada te llena. No es que seas exigente. Es que tu cerebro necesita un tipo de motivación que la vida normal no ofrece por defecto.
He intentado correr. Aburrido. He intentado leer. Me cuesta horrores. He intentado meditar. Tres minutos y quiero salir corriendo. He intentado pintar. Divertido dos tardes, olvidado la tercera.
Y así con todo. Pruebo cosas, me interesan cinco minutos, y desaparecen de mi radar como si nunca hubieran existido.
Y la gente a mi alrededor tiene sus cosas. Juanito tiene el pádel. María tiene la cerámica. Tu primo tiene el running y lo disfruta de verdad. Y tú ahí, mirando desde fuera, preguntándote qué tiene de defectuoso tu cerebro que no le vale nada.
¿Por qué todo me aburre tan rápido?
Porque la pregunta no es "¿qué me gusta?" sino "¿por qué nada me gusta lo suficiente como para mantenerme?"
Y la diferencia es importante. Porque no es que no te gusten cosas. Te gustan muchas. El problema es que el interés se agota a una velocidad que para los demás es incomprensible.
A ver, imagínate que la motivación es como una vela. En la mayoría de la gente, la vela arde lento. Dura semanas, meses, a veces años. Se apaga y se vuelve a encender. Hay un ritmo.
En ti, la vela arde como una bengala. Luz brutal durante un rato cortísimo. Y luego oscuridad total. Y por mucho que intentes volver a encenderla, no prende. Ya no queda nada que quemar.
Y claro, cuando esto te pasa con todo, la conclusión lógica es "soy un desastre que no se compromete con nada". Pero esa conclusión está mal.
¿Es que no he encontrado mi pasión o es algo más?
Esto es lo que te dice la gente, ¿no? "Ya encontrarás algo que te apasione." "Sigue buscando." "Cuando encuentres lo tuyo lo sabrás."
Y tú llevas años buscando. Has probado 37 cosas. Algunas te gustaron mucho. Brevemente. Y ahora tienes un armario lleno de evidencia de intereses abandonados: la guitarra, las acuarelas, los libros de ajedrez, el monopatín que usaste exactamente dos veces.
El problema es que los demás asumen que no has encontrado tu pasión. Pero lo que pasa realmente es que tu cerebro no mantiene el interés una vez que la novedad desaparece. No es un problema de qué, es un problema de cómo. Y es una de las razones por las que sientes que todo te cuesta más que a los demás.
Y esto es el mismo patrón de solo motivarte con lo nuevo. No es que seas veleta. Es que tu cerebro se activa con la novedad y se apaga sin ella.
El secreto que descubrí sobre mi propia motivación
Te lo digo tal cual me lo explicaron a mí, porque me cambió la perspectiva completamente.
No todos los cerebros funcionan con la misma gasolina motivacional. La mayoría funciona con un sistema que combina interés, importancia, recompensa a largo plazo y disciplina. Ese sistema les permite mantener un hobby durante años aunque no sea emocionante cada día.
Pero hay cerebros que funcionan con otro sistema. Uno basado en interés, novedad, urgencia y desafío. Si algo tiene al menos uno de esos cuatro ingredientes, funciona. Si no tiene ninguno, da igual lo importante que sea: el cerebro no arranca.
Este segundo sistema es el que usan las personas con TDAH. Y no es una opinión mía: el Dr. William Dodson lleva años investigando y documentando este modelo de motivación basada en interés. Es la razón por la que puedes pasarte ocho horas haciendo algo que te fascina y no puedes dedicarle diez minutos a algo que "deberías" hacer.
Y es la razón por la que ninguna pasión te dura. Porque cuando la novedad se evapora, el interés baja, no hay urgencia ni desafío, y tu cerebro lo archiva junto con las otras 36 cosas que empezaste.
¿Qué hago si nada me motiva?
Lo primero: deja de buscar "la pasión de tu vida". Ese concepto está hecho para cerebros que mantienen el interés de forma lineal. El tuyo no funciona así, y está bien.
Lo segundo: acepta que probablemente vas a tener muchos intereses en rotación en vez de uno fijo. Y eso no te hace peor persona ni menos comprometido. Te hace alguien con un cerebro que necesita variedad. Punto.
Lo tercero: busca actividades que combinen novedad constante con estructura. Deportes que cambien cada sesión. Proyectos creativos que tengan fases distintas. Trabajo que no sea lo mismo todos los días.
Y si esto te suena demasiado familiar, si llevas toda la vida saltando de cosa en cosa sin entender por qué, habla con un psicólogo o psiquiatra. De verdad. Porque sentirte vago sin serlo durante años seguidos no es normal. Tiene una explicación, y esa explicación puede cambiar tu forma de entenderte.
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