El café ya no me hace efecto y necesito más para funcionar
Tres cafés y sigues igual. El problema no es la tolerancia a la cafeína. El problema es lo que tu cerebro necesita para activarse y por qué nunca tiene bastante.
Primer café del día: nada. Segundo café: algo, quizá. Tercer café: vale, ahora puedo mirar la pantalla sin querer echarme a dormir.
Y no estoy hablando de un café normalito. Hablo de café fuerte. Del que hace que una persona normal se ponga a temblar. Yo me lo tomo y lo único que noto es que he pasado de "zombi" a "persona mínimamente funcional".
¿Cuándo dejó el café de hacerme efecto? No lo sé. Pero sé que cada vez necesito más para llegar al mismo sitio. Y eso me preocupa.
¿Por qué el café no me espabila como a los demás?
Vamos por partes. Porque esto tiene más chicha de la que parece.
La cafeína funciona bloqueando la adenosina, que es la sustancia que le dice a tu cerebro "oye, estás cansado, para". Bloqueas la adenosina y tu cerebro deja de recibir la señal de cansancio. Resultado: te sientes más despierto.
Pero aquí viene lo interesante. Si tu cerebro ya produce poca dopamina de base, si tu sistema de activación no funciona de manera estándar, la cafeína te puede ayudar un poco pero nunca lo suficiente. Porque el problema no es que estés cansado. El problema es que tu cerebro no tiene suficiente combustible para arrancar.
Es como echarle agua a un coche que se ha quedado sin gasolina. No es lo que necesita. Puede que limpies el motor, pero no va a arrancar.
Y por eso necesitas más. Y más. Y más. Porque estás intentando solucionar un problema de activación con una herramienta que solo bloquea el cansancio. Son cosas distintas.
¿Cuánto café es demasiado café?
La pregunta del millón. Porque claro, cuando llegas a los cuatro o cinco cafés al día empiezas a notar cosas. El corazón va rápido. Las manos tiemblan un poco. Duermes peor. Pero no tomas menos porque sin café directamente no funcionas.
Y es un bucle puñetero.
Más café para funcionar de día. Peor sueño de noche. Más cansancio por la mañana. Más café. Y así.
Yo me tomaba fácilmente cuatro cafés largos al día. Y en épocas malas, cinco o seis. No por gusto. Sino porque era la única herramienta que tenía para mantenerme operativo. Sin café, un día normalito me parecía como escalar una montaña con chanclas.
Y nadie a mi alrededor entendía por qué necesitaba tanto. "Tío, yo con un café por la mañana voy bien". Ya, genial, me alegro mucho. Yo con un café por la mañana estoy igual que sin él.
Lo que descubrí sobre mi cerebro y el café
Te cuento lo que a mí me pasó, que no es consejo médico pero sí experiencia real.
Cuando me diagnosticaron TDAH de adulto, una de las primeras cosas que me explicaron fue por qué el café "no me hacía efecto" como a los demás.
Las personas con TDAH tienen un déficit en el sistema dopaminérgico. La dopamina es la que te activa, la que te dice "esto merece tu atención ahora". Cuando hay poco, todo cuesta. Todo aburre. Todo pesa. Y la cafeína, que estimula un poco la dopamina, les ayuda pero no alcanza. Necesitan más para llegar al mismo nivel que una persona neurotípica con un café.
De hecho, hay gente con TDAH que se toma un café y se queda dormida. Sí, dormida. Porque la cafeína, al ser un estimulante suave, relaja su cerebro sobreactivo lo suficiente como para que por fin puedan descansar. Paradójico, ¿eh?
No estoy diciendo que si el café no te hace efecto tienes TDAH. Hay mil razones para la tolerancia a la cafeína. Pero si además del café te sientes identificado con no tener motivación para nada o con que todo te cuesta más que a los demás, la pieza del café encaja en un puzzle más grande.
¿Qué hago si el café ya no me funciona?
Lo primero: no sigas subiendo la dosis a lo bestia. Hay un punto en el que más café no te activa más, solo te da ansiedad y palpitaciones. Y eso no te ayuda con nada.
Lo segundo: busca otras formas de activación. Movimiento, agua fría en la cara, música alta, cambiar de postura, salir a la calle dos minutos. Cosas que le den a tu cerebro un estímulo diferente al químico.
Y lo tercero, y esto es lo importante de verdad: si necesitas cantidades industriales de café solo para funcionar a nivel básico, si sin café no eres persona, si llevas años así y cada vez va a peor, habla con un profesional. Un psicólogo o psiquiatra. Porque puede que el café no sea el problema. Puede que sea un parche que llevas poniendo años a algo que tiene otro tipo de solución.
Esto no es diagnóstico. Es experiencia. A mí me pasaba exactamente esto y resultó que había una razón detrás que no era la cafeína.
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