Me cuesta celebrar mis logros porque siempre veo lo que falta

Consigues algo y en vez de disfrutarlo, ya estás pensando en lo siguiente. Nunca es suficiente. No es ambición. Es otra cosa.

Terminas un proyecto. Un proyecto que te ha costado meses. Que ha tenido momentos en los que pensabas que no ibas a poder. Que has sacado adelante con un esfuerzo que nadie más conoce.

Y el momento de celebrar dura exactamente tres segundos.

Tres segundos entre "lo he conseguido" y "sí, pero podría haberlo hecho mejor". Tres segundos entre la satisfacción y la siguiente meta. Tres segundos de paz antes de que tu cerebro abra el cajón de "cosas que todavía no has hecho" y te lo ponga delante de la cara.

Enhorabuena. Ya estás insatisfecho otra vez.

¿Por qué no puedo simplemente disfrutar de lo que consigo?

Pues porque tu cerebro no funciona con el sistema de recompensa que le tocaba. El sistema de recompensa normal funciona así: haces algo, lo consigues, tu cerebro suelta dopamina, te sientes bien. Simple. Bonito. Funcional.

El tuyo funciona así: haces algo, lo consigues, tu cerebro suelta dopamina durante medio segundo, se aburre, y pasa a la siguiente amenaza. Porque para tu cerebro, la siguiente meta no es una oportunidad. Es una amenaza. Algo que todavía no has hecho. Algo que podría salir mal. Algo que demuestra que no eres suficiente todavía.

Es como subir una montaña y cuando llegas arriba, en vez de mirar el paisaje, lo único que ves es la siguiente montaña. Y la de después. Y la de después. Una cadena infinita de "todavía no" que no te deja sentarte un minuto a disfrutar del "ya".

El 90% no cuenta

Hay un patrón que reconozco porque me pasa a mí. Consigues algo. Algo que objetivamente está bien. Algo de lo que la gente te felicita. Y en vez de sentir orgullo, lo primero que piensas es en ese 10% que no salió perfecto. En esa frase que podrías haber escrito mejor. En ese detalle que solo tú ves. En esa cosa que nadie ha notado pero que tú sabes que está ahí.

Y ese 10% anula al 90%.

No importa que el proyecto sea bueno. No importa que la gente esté contenta. No importa que hayas hecho algo que hace seis meses te parecía imposible. Tu cerebro ha encontrado el fallo. Y ahora solo ve el fallo.

Es lo mismo que le pasa a alguien que saca un 9 en un examen y solo piensa en el punto que le falta. Pero no solo en exámenes. En todo. En el trabajo. En las relaciones. En la vida. Siempre falta algo. Siempre podrías haber hecho más.

Y te dicen: "Pero tío, si te ha salido genial". Y tú sonríes y dices "gracias". Y por dentro piensas: "Sí, pero..."

Siempre el "pero".

¿Es perfeccionismo o es algo más?

Mucha gente lo llama perfeccionismo. Y sí, hay una parte de perfeccionismo. Pero el perfeccionismo clásico es "quiero que todo salga perfecto". Esto es otra cosa. Esto es "da igual lo que haga, nunca será suficiente". No es un estándar alto. Es un estándar imposible. Un estándar que se mueve cada vez que te acercas.

Si te suena eso de que empiezas cosas con toda la energía del mundo y luego se apaga, tiene relación. Tu cerebro necesita novedad y la celebración no es novedad. La celebración es quedarse quieto mirando lo que ya hiciste. Y eso para tu cerebro es aburrimiento. Y del aburrimiento huye como puede.

El resultado es una vida en la que haces muchas cosas pero no disfrutas ninguna. Una vida de logros vacíos. De medallas que no sientes. De escalones que subes sin mirar atrás.

Y si no es solo ambición desmedida

A ver, te digo algo. Esa incapacidad de disfrutar lo conseguido, esa sensación permanente de "no es suficiente", ese cerebro que siempre está mirando lo que falta en vez de lo que hay. No es un rasgo de carácter. No es que seas "demasiado exigente". Hay cerebros que funcionan con un sistema de recompensa que no cierra el ciclo. Que no dice "bien hecho, descansa". Que se desregulan emocionalmente y pasan del logro a la insatisfacción en cero coma.

Se llama TDAH. Y una de las cosas menos conocidas del TDAH es precisamente esto: la dificultad para sentir satisfacción. Para cerrar el ciclo de recompensa. Para sentarte y decir "esto está bien" sin que tu cerebro añada "pero no está perfecto".

No soy tu médico. Esto no sustituye una evaluación profesional. Pero si además de esto sientes que te cuesta todo más que a los demás, quizá merezca la pena investigar.

Hice un test de 43 preguntas. Diez minutos. Gratis. No diagnostica nada, pero puede ayudarte a entender por qué tus logros nunca se sienten como logros. Puedes hacerlo aquí.

Relacionado

Sigue leyendo