Salgo de casa y no sé si he cerrado la puerta con llave
Cierras la puerta, bajas las escaleras, y de repente no sabes si has girado la llave. Subes a comprobar. Otra vez. No es manía, es tu cerebro.
Cierras la puerta. Giras la llave. Bajas las escaleras. Y a mitad del primer tramo, un pensamiento: "¿He cerrado?"
Sabes que sí. Acabas de hacerlo. Hace literalmente quince segundos. Pero no tienes la imagen. No tienes la sensación. Es como si tu cerebro no hubiera grabado el momento. Y entonces subes. Compruebas. Está cerrada. Obviamente.
Y mañana vuelves a pasar por lo mismo.
¿Por qué no recuerdo algo que acabo de hacer?
Parece una tontería. Cerrar la puerta es un gesto automático. Lo haces cada día, a la misma hora, con el mismo movimiento. Y precisamente por eso tu cerebro no lo registra.
Cuando algo es rutinario, tu cerebro lo mete en piloto automático. No gasta recursos en grabarlo. Es eficiente. El problema es que algunos cerebros son demasiado eficientes eliminando lo automático. No solo lo ponen en segundo plano, lo borran directamente.
Y lo que te queda es una sensación vacía. Sabes que has hecho algo, pero no tienes prueba interna de haberlo hecho. No hay imagen mental. No hay recuerdo del gesto. Solo una certeza teórica que no se siente como certeza.
Es como cuando alguien te cuenta algo y dos minutos después no sabes si lo ha dicho de verdad o te lo has imaginado. La frontera entre "lo hice" y "creo que lo hice" es difusa. Y eso genera una ansiedad de fondo que no para.
La comprobación que nunca es suficiente
Lo peor es que comprobarlo no ayuda. O ayuda durante tres minutos. Porque en cuanto te alejas lo suficiente, la duda vuelve.
Yo he llegado a sacar fotos de la puerta cerrada. De la vitro apagada. Del gas cerrado. No porque piense que de verdad me la he dejado abierta. Sino porque necesito una prueba externa de algo que mi cerebro se niega a almacenar.
Y cuando se lo cuentas a alguien, te miran como si estuvieras exagerando. "Pero si acabas de cerrarlo." Ya. Eso ya lo sé. Lo que no sé es por qué mi cabeza no tiene esa información cinco minutos después.
No es que seas obsesivo. Es que tu memoria de trabajo descarta información rutinaria antes de que puedas consolidarla. Y tu cerebro, al no encontrar el recuerdo, activa la alarma. "Si no lo recuerdo, quizá no lo he hecho." Y vuelta a subir.
¿Es solo despiste o hay algo más?
El despiste puntual es humano. A todo el mundo se le olvida si ha cerrado la puerta alguna vez. La diferencia es la frecuencia. Y el patrón.
Porque si te pasa con la puerta, probablemente también te pasa con el coche. Y con la plancha. Y con si has mandado ese email. Y con si le has dicho algo a alguien o solo lo has pensado.
Es un patrón de mente en blanco en los momentos más básicos. No en situaciones extraordinarias. En lo cotidiano. En cosas que haces todos los días.
Y si encima sientes que empezar el día sin cierto ritual previo te descoloca, tiene sentido. Tu cerebro busca estructura externa porque la interna no es fiable.
Lo que nadie te ha contado sobre la memoria automática
Mira, te voy a decir algo que a mí me hizo click.
Hay gente cuyo cerebro consolida las acciones automáticas sin problema. Cierran la puerta, su cerebro registra "puerta cerrada", y siguen con su vida. No necesitan pensarlo. La memoria lo hace sola.
Y hay gente cuyo cerebro funciona de otra manera. Que necesita atención activa para registrar algo. Y si en el momento de cerrar la puerta estás pensando en la reunión de las diez, en que tienes que comprar leche, o en absolutamente nada concreto, el gesto de cerrar se ejecuta pero no se graba.
Esto tiene nombre. Se llama TDAH. Y la memoria de trabajo es una de las funciones más afectadas. No es el síntoma que sale en los libros. No es hiperactividad ni "no puede estar quieto". Es esto. Cerrar la puerta y no recordarlo. Hacer algo y dudar de si lo has hecho. Vivir con una sensación constante de que se te escapa algo. Y sentir que todo te cuesta más que a los demás sin entender por qué.
Si te interesa profundizar en cómo funciona esto, lee sobre la memoria a corto plazo con TDAH. Porque entender el mecanismo es el primer paso para dejar de luchar contra él.
Esto no sustituye una evaluación con un profesional. Si sospechas que hay algo más detrás de estos olvidos, consulta con un psicólogo o psiquiatra. Pero si quieres un punto de partida, hice un test de 43 preguntas. Diez minutos. Gratis. No es un diagnóstico, pero te da una foto de lo que pasa en tu cabeza. Puedes hacerlo aquí.
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