Me acuerdo de letras de canciones de hace 20 años pero no de lo que me pidieron ayer
Tu cerebro almacena canciones de los 2000 pero no recuerda qué te pidió tu jefe ayer. No es selectivo. Es que funciona diferente.
Puedo cantarte entera la cabecera de Dragon Ball Z. Puedo recitarte la letra de "Antes muerta que sencilla" sin dudar un segundo. Puedo recordar diálogos exactos de películas que vi hace quince años.
Pero no me acuerdo de lo que me pidió un cliente el martes.
No es broma. Ayer me pasó exactamente esto: estaba en la ducha cantando una canción de El Canto del Loco que no he escuchado en literalmente una década, y de repente me acordé de que tenía que enviar un email importante. Que tenía que haber enviado el lunes. Estamos a jueves.
Mi cerebro puede almacenar la discografía completa de Estopa pero no puede retener una instrucción sencilla durante 48 horas. Si eso no es absurdo, no sé qué lo es.
¿Por qué recuerdo cosas inútiles y olvido lo importante?
A ver, la pregunta que me he hecho 47 millones de veces. Si tengo memoria para recordar que el número de Brock en Pokémon es el 4 del gimnasio de Ciudad Plateada, ¿por qué no tengo memoria para recordar que tengo que pagar el alquiler?
Porque no es la misma memoria. Y nadie te explica esto.
Tu cerebro tiene distintos tipos de almacenamiento. Las canciones, las series, los datos random de tu infancia van a un sitio. Se grabaron con emoción, con repetición, con dopamina. Tu cerebro estaba enganchado cuando los procesó, así que los guardó en la caja fuerte. La buena. La de titanio.
Pero "envía este email el lunes" va a otro sitio. A la memoria de trabajo. Que es más bien un post-it pegado con cinta de carnicero en una pared húmeda. Se cae solo. No necesita que nadie lo toque.
Es como tener un disco duro de 10 terabytes para música y un pen drive de 2MB para las tareas del día. La capacidad está. Pero no donde la necesitas.
¿Alguna vez te han dicho "es que no te importa lo suficiente"?
La hostia. Esta frase me la han dicho tantas veces que podría tatuármela. "Si te importara, te acordarías." Como si la memoria funcionara con ganas. Como si yo pudiera elegir qué recordar y qué no.
Si pudiera elegir, te aseguro que no elegiría recordar que el padre de Bart Simpson trabaja en una central nuclear y olvidar las citas del dentista. No es una elección. No hay un menú donde selecciono qué guardar.
Y lo frustrante es que cuando intentas explicarlo, suena a excusa. "Es que me acuerdo de otras cosas." Ya, pero esas otras cosas se grabaron solas. Sin esfuerzo. Entraron por la puerta de atrás mientras tu cerebro estaba pasándolo bien. Las tareas importantes necesitan un esfuerzo consciente que mi cerebro no siempre está dispuesto a hacer.
Pongo cosas en un lugar seguro y no las encuentro. Me olvido de lo que iba a decir a mitad de frase. Pero puedo recitarte la alineación del Real Zaragoza del 2004. Mi cerebro es un archivador borracho que guarda todo en la carpeta equivocada.
¿Tiene explicación o soy así de raro?
Tiene explicación. Y es bastante clara, la verdad.
Esto está relacionado con cómo tu cerebro gestiona la dopamina. Los recuerdos que se fijan fácilmente, las canciones, las pelis, los datos random, son recuerdos que se formaron con un chute de dopamina. Tu cerebro estaba estimulado cuando los procesó, así que los consolidó bien. Los metió en la memoria a largo plazo con cemento.
Pero las tareas cotidianas, lo que te pidió tu jefe, la cita del médico, pagar una factura, esas cosas no generan dopamina. Son aburridas. Son rutinarias. Y tu cerebro, que es un adicto a la estimulación, las descarta. No las consolida. Las deja en el post-it húmedo y a otra cosa.
Esto es exactamente lo que pasa en el TDAH. No es que tengas mala memoria. Es que tienes una memoria selectiva que funciona genial para lo que le interesa y fatal para lo que necesitas. El DSM-5 lo describe como "dificultad para mantener la atención en tareas que no resultan estimulantes". Traducción: tu cerebro decide qué es importante basándose en lo divertido que sea, no en lo necesario que sea.
Y no, no lo eliges. No puedes forzar a tu cerebro a encontrar interesante una factura de la luz. Es lo que hay.
¿Qué hago yo con esto?
Lo primero que hice fue dejar de confiar en mi memoria para las cosas importantes. Parece una tontería, pero es un cambio de mentalidad enorme. Dejé de pensar "ya me acordaré" y empecé a pensar "si no lo apunto ahora, no existe".
Todo lo que mi cerebro necesita recordar está fuera de mi cerebro. En listas, en apps, en alarmas, en notas. Si la información solo existe en mi cabeza, la doy por perdida. Porque mi cabeza es un sitio donde las cosas desaparecen sin dejar rastro.
Y lo segundo, que es igual de importante: dejé de culparme por acordarme de "tonterías". No son tonterías. Son cosas que mi cerebro procesó con intensidad. Y eso no es un fallo. Es simplemente cómo funciona.
Lo que sí es un problema es pretender que mi memoria va a funcionar igual para todo. No va a funcionar. Y cuanto antes lo aceptes, antes puedes empezar a buscar soluciones reales en vez de seguir intentando lo mismo y sintiéndote mal por no ser como los demás.
Esto no sustituye un diagnóstico profesional. Pero si tu cerebro también es un fan incondicional de los datos inútiles y un desastre con las responsabilidades, quizá vale la pena preguntarse por qué.
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