Me agoto en las reuniones aunque no haga nada: escuchar cansa
Salgo de las reuniones más cansado que después de una mudanza. No hago nada físico. Solo escucho. Pero es como si hubiera corrido una maratón mental.
Ayer tuve una reunión de una hora.
Una hora. Sentado. Escuchando. Asintiendo de vez en cuando. No presenté nada. No debatí nada. No me pidieron opinión más de dos veces. Básicamente estuve ahí de adorno con la cámara encendida y la cara de "estoy prestando atención" que llevo años perfeccionando.
Cuando terminó, me tiré en el sofá y no me moví en cuarenta minutos.
Mi novia me preguntó: "¿Qué has hecho?" Y yo, con la mirada de un soldado que vuelve del frente: "Una reunión." Ella me miró con esa mezcla de ternura y confusión que pone cuando digo cosas que no tienen sentido. "Pero si solo era una reunión." Ya. Solo una reunión. Como si escuchar durante una hora fuera como sentarse en un banco del parque a ver pasar los pájaros.
No. Escuchar, para mí, es un deporte olímpico.
¿Por qué las reuniones agotan tanto si no haces nada físico?
Porque tu cerebro está haciendo muchísimo. Más de lo que crees.
A ver, la mayoría de la gente en una reunión escucha, procesa, y sigue. Su cerebro hace un recorrido lineal: escucho, entiendo, siguiente punto. Una autopista recta con buena señalización.
Mi cerebro en una reunión hace esto: escucho la primera frase, proceso la primera frase, me distraigo con la forma en que el compañero mueve las manos, vuelvo a la conversación, me he perdido dos puntos, intento reconstruir lo que se ha dicho, me distraigo con una idea que me ha venido a la cabeza por algo que han mencionado hace tres minutos, me fuerzo a volver, y mientras tanto mantengo una expresión facial que diga "sigo aquí" aunque mi cabeza esté en otro continente.
Todo eso consume una cantidad brutal de energía. Es como correr detrás de un autobús que no para en ninguna parada. Puedes seguirle el ritmo un rato, pero cada minuto que pasa te cuesta más.
¿Es normal salir de una reunión más cansado que tras una mudanza?
No es que sea "normal" o "anormal". Es que para algunas personas el esfuerzo de mantener la atención sostenida es exponencialmente mayor que para otras.
Lo que yo gasto en una reunión de una hora, un compañero lo gasta en una reunión de cuatro. No porque sea mejor o peor profesional. Porque su cerebro gestiona la atención de forma diferente. Es como comparar un coche diésel con uno de gasolina: hacen la misma ruta, pero uno gasta el triple de combustible.
Y luego está el factor social. Porque no solo estás escuchando. Estás filtrando qué cara poner, cuándo asentir, cuándo decir "sí, totalmente" para que no noten que te has ido mentalmente hace diez minutos. Estás actuando. Y actuar cansa. Mucho.
Yo he tenido días en los que una sola reunión me deja más fundido que programar seis horas seguidas. Porque programar, si me engancho, fluye. La reunión es resistencia pura. Es como nadar contracorriente durante sesenta minutos mientras sonríes.
¿Y si el agotamiento no tiene nada que ver con ser débil?
Mira, voy a ser claro. Lo que te estoy describiendo tiene nombre: se llama agotamiento por sobrecompensación atencional. Y es una de las cosas que más jode del TDAH en adultos. Porque no te agotas de no hacer nada. Te agotas de hacer un esfuerzo invisible que nadie ve.
Tu cerebro, cuando tiene TDAH, necesita mucha más energía para hacer cosas que a otros les salen en automático. Escuchar en una reunión no es automático. Es un acto de voluntad constante. Cada segundo. Sin descanso. Y al final, el tanque se vacía.
No es debilidad. No es que las reuniones sean "demasiado" para ti. Es que tu cerebro gasta gasolina premium en tareas que otros resuelven con agua del grifo.
Si esto te suena, no lo ignores. Consulta con un profesional. Esto no es un diagnóstico ni sustituye a un psicólogo o psiquiatra. Pero si sales de cada reunión como si hubieras corrido un maratón, quizá tu cerebro te está intentando decir algo.
A mí me lo dijo durante treinta años. Yo no le hice caso hasta que ya no podía más.
He montado un test de 43 preguntas que puede ayudarte a entender si tu cerebro funciona de forma diferente. No es un diagnóstico, es un punto de partida. Diez minutos, gratis, sin vender nada. Hazlo aquí.
Sigue leyendo
Me cuesta escuchar hasta el final sin pensar en lo siguiente
La otra persona habla y tú ya estás formulando tu respuesta. No es desinterés. Tu cerebro va tres pasos por delante.
Me apunto a cosas con toda la ilusión y después no voy
Te apuntas al gimnasio, a un curso, a una quedada. Con toda la ilusión. Y cuando llega el día, no vas. Tu yo del futuro siempre te traiciona.
No puedo soltar algo que me ha molestado aunque ya haya pasado
Alguien te dijo algo hace tres días y sigues dándole vueltas. No es rencor. Es un cerebro que no sabe soltar una emoción enganchada.
Hay días que hasta la higiene personal la pospongo
No es que no quieras ducharte. Es que la ducha se convierte en un muro invisible que tu cerebro no puede escalar sin un motivo concreto.