Me abruma tener demasiadas opciones y no elijo ninguna

Cuantas más opciones tienes, menos decides. No es indecisión. Es un cerebro que se satura cuando todo parece igual de urgente.

Netflix. 9 de la noche. Abierto el catálogo. 15 minutos después sigo sin elegir nada.

No es que no haya nada que ver. Es que hay demasiado. Y cada vez que considero una opción, mi cerebro me dice "pero a lo mejor esta otra es mejor" y vuelvo a empezar. Y así hasta que cierro Netflix y me voy a la cama enfadado conmigo mismo por no haber sido capaz de elegir una puñetera serie.

Y no, no es solo con Netflix. Es con todo.

¿Qué como hoy? No sé, hay 12 opciones y todas suenan igual. ¿Qué proyecto trabajo primero? No sé, hay 6 y todos parecen urgentes. ¿Qué hago este fin de semana? No sé, hay planes posibles y ninguno destaca lo suficiente.

Cuantas más opciones tengo, menos capaz soy de elegir. Y al final no elijo nada. Me quedo paralizado. Como un ciervo ante los faros de un coche, pero el coche son 47 opciones de restaurante en Google Maps.

¿Por qué me paralizo cuando tengo muchas opciones?

Porque tu cerebro necesita un criterio para elegir. Y cuando todas las opciones parecen igual de válidas, no encuentra ese criterio. Y sin criterio, no decide.

Es como estar en un cruce con 10 caminos y ninguna señal. Un cerebro que regula bien mira los 10 caminos, elige uno al azar, y camina. "Ya veremos." Tu cerebro mira los 10 caminos, intenta analizarlos todos a la vez, calcula las consecuencias de cada uno, se agobia, y se sienta en el cruce a esperar.

Y ¿sabes qué? No es indecisión. No es que no sepas lo que quieres. Es que tu cerebro intenta procesar todas las opciones simultáneamente con la misma intensidad emocional y se cortocircuita. Es un problema de procesamiento, no de personalidad.

Esto además se conecta con sentir que todo es urgente. Porque cuando todo parece igual de importante, elegir una cosa implica rechazar las demás. Y rechazar cosas que parecen importantes genera ansiedad. Y la ansiedad paraliza.

¿Qué pasa dentro de mi cabeza cuando hay demasiadas opciones?

Te lo explico con una analogía. Imagina que tu cerebro es un restaurante. Llega un pedido. Bien. Dos pedidos. Vale. Pero de repente llegan 15 pedidos a la vez. La cocina se colapsa. Los cocineros no saben por dónde empezar. Todos los platos son igual de urgentes. Nadie prioriza. Y el resultado es que no sale ningún plato.

Eso es exactamente lo que pasa cuando tienes demasiadas opciones. Tu cerebro no puede priorizarlas porque todas activan el mismo nivel de interés (o de ansiedad). Y cuando todo está al mismo nivel, nada destaca. Y cuando nada destaca, la decisión no se toma.

Lo peor es la trampa mental que viene después. "Soy un desastre." "No soy capaz ni de elegir qué cenar." "La gente normal no tiene este problema."

Sí, la gente normal también tiene este problema. Pero en menor medida. Porque tienen un sistema de regulación que les permite decir "da igual, elijo esta y si no me gusta cambio". Tu cerebro no acepta "da igual". Tu cerebro quiere la opción perfecta. Y como la opción perfecta no existe, no elige ninguna.

¿Cómo elijo cuando todo me parece igual?

Truco uno: eliminar opciones antes de elegir. Si tienes 10 opciones, quita 7 al azar. Sin pensarlo. Sin analizar. Ahora tienes 3. Elegir entre 3 es humanamente posible. Elegir entre 10 no lo es para tu cerebro.

Truco dos: el método de la moneda. Lanza una moneda entre dos opciones. Si ves el resultado y piensas "al mejor de tres", la otra opción es la buena. Ya te digo que este truco es la leche. Porque tu cerebro sí sabe lo que quiere. Solo necesita que alguien le fuerce a verlo.

Truco tres: regla de los 2 minutos. Si llevas más de 2 minutos decidiendo algo que no tiene consecuencias importantes (qué cenar, qué serie ver, qué camiseta ponerte), elige la primera que se te ocurrió. Siempre. Sin excepción. Porque tu primera intuición suele ser la correcta y todo lo demás es tu cerebro dando vueltas sin llegar a ningún sitio.

Truco cuatro: aceptar que elegir mal es mejor que no elegir. Esto me costó años. Pero es verdad. Una decisión imperfecta que tomas hoy es infinitamente mejor que la decisión perfecta que nunca tomas.

Y si la parálisis por opciones no es algo puntual sino tu modo de vida - si no puedes decidir nada sin angustia, si todo te cuesta más que a los demás incluso las cosas simples - hablar con un profesional te puede ayudar a entender qué hay detrás. Porque detrás de "no puedo elegir" muchas veces hay algo con nombre.

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