No puedo hacer una sola cosa a la vez: siempre tengo diez abiertas
Tu cerebro tiene siete pestañas, tres tareas y una conversación pendiente. Y nadie te ha explicado por qué 'céntrate' no funciona.
7 pestañas en el navegador. 3 tareas a medio empezar. Una conversación que dejaste a medias hace 20 minutos. Y ahora estás aquí, leyendo esto, mientras piensas en al menos otras dos cosas.
No te preocupes. Yo también.
Mira, lo que te voy a contar no es un artículo de productividad. No te voy a decir que cierres las pestañas, que uses la técnica Pomodoro o que hagas una lista de prioridades. Si eso funcionara, ya lo habrías resuelto hace años. Esto va de otra cosa.
Esto va de por qué tu cerebro no puede hacer solo una cosa. De verdad. De por qué lleva años funcionando así y de por qué todo el mundo te dice lo mismo y no te sirve de nada.
¿Por qué "céntrate en una sola cosa" es el peor consejo del mundo?
Porque asume que puedes.
Es como decirle a alguien que necesita gafas "mira más fuerte". A ver, tío, que no es cuestión de esfuerzo. Que no es que no quieras centrarte. Es que tu cerebro no funciona así. No tiene un modo "una sola tarea". Tiene un modo "todas las tareas a la vez, todas al mismo volumen, todas gritándote al mismo tiempo".
Y la gente insiste. "Prioriza." "Haz una lista." "Elige lo más importante y hazlo primero."
Genial. ¿Y cómo eliges lo más importante cuando tu cerebro te dice que todo es igual de urgente? Cuando el email que tienes que contestar tiene el mismo peso que la compra que tienes que hacer, que el proyecto que llevas posponiendo tres semanas, que esa idea que se te acaba de ocurrir y que si no la apuntas ahora desaparece para siempre. Todo es prioridad uno. Todo a la vez. Y el consejo de "elige una" te suena a chiste.
Parece una tontería, pero es que nadie se para a pensar que "céntrate" no es un consejo. Es un resultado. Es lo que pasa CUANDO tu cerebro puede filtrar. Y el tuyo no filtra. El tuyo lo recibe todo.
¿Y si tu cerebro no está roto, sino que funciona en paralelo?
Pues a lo mejor es exactamente eso.
Imagínate una cocina. La mayoría de la gente cocina un plato, lo termina, pasa al siguiente. Tú tienes cinco sartenes, tres ollas, algo en el horno y estás cortando verduras. Todo a la vez. Y la gente te mira como si estuvieras loco. "Pero tío, ¿por qué no haces una cosa y luego otra?"
Porque no puedo. Porque mi cerebro necesita estimulación constante. Y una sola tarea no le da suficiente. Se aburre. Se va. Desaparece. Así que abre más frentes, busca más cosas, salta de una a otra como un mono en una selva de pestañas de Chrome.
Y lo curioso es que a veces funciona. A veces esa forma de hacer las cosas te permite conectar ideas que nadie más conecta. Ver patrones donde otros ven caos. Sentir que todo te cuesta más pero al mismo tiempo tener momentos donde haces en dos horas lo que otros hacen en dos días.
El problema no es que funciones en paralelo. El problema es que nadie te ha enseñado a gestionar eso. Porque el mundo está diseñado para gente que funciona en serie. Una cosa, luego otra, luego otra. Y tú vas por la vida con un cerebro que quiere hacerlo todo a la vez, en un sistema que te pide que hagas una cosa y la termines antes de empezar la siguiente.
¿Es multitasking o es otra cosa?
A ver, que te diga la ciencia: el multitasking no existe. Nadie hace dos cosas a la vez de verdad. Lo que haces es cambiar de una a otra muy rápido. Y cada cambio tiene un coste. Es como el peaje de una autopista. Cada vez que tu cerebro salta de una tarea a otra, paga un peaje en energía, en concentración, en tiempo.
La gente normal paga un peaje pequeño. Cambia, vuelve, sigue.
Tú pagas un peaje de la hostia. Cambias, y cuando intentas volver ya no te acuerdas de por dónde ibas. Te distraes con cualquier cosa y volver te cuesta tres veces más que a los demás. El peaje de tu autopista es tan caro que a veces decides no volver. Y abres otra tarea nueva. Y otra. Y otra.
No es que seas multitasking. Es que tu cerebro tiene un sistema de cambio de tarea que va a su bola. No decides tú cuándo saltar. Decide él. Y tú estás ahí, de pasajero, viendo cómo se abre otra pestaña, otro proyecto, otra idea, sin haber cerrado ninguna de las anteriores.
¿Y qué pasa cuando tener diez cosas abiertas significa no terminar ninguna?
Pues pasa lo que ya sabes.
Que al final del día miras lo que has hecho y no hay nada terminado. Has tocado siete cosas, has avanzado un poco en tres, has empezado dos nuevas y has abandonado una sin darte cuenta. Empiezas una tarea y acabas haciendo otra sin saber cómo has llegado ahí. Y te sientes fatal. Porque has estado ocupado todo el día. Has estado currando. Pero no tienes nada que enseñar.
Y entonces viene la culpa. "Es que soy un desastre." "Es que no tengo disciplina." "Es que si me esforzara más..."
No. Para. Escúchame.
No es disciplina. No es esfuerzo. No es que no quieras terminar las cosas. Es que tu cerebro tiene un mecanismo que te empuja a lo nuevo, a lo que estimula, a lo que tiene dopamina fresca. Y terminar una tarea que lleva tres días abierta no tiene dopamina fresca. Tiene aburrimiento. Tiene resistencia. Tiene "esto ya no mola". Y tu cerebro huye del aburrimiento como si fuera veneno.
No eres vago. Eres un cerebro buscando estimulación en un mundo que te pide constancia.
¿Y si hay una razón para todo esto?
Mira, voy a decirte algo que ojalá alguien me hubiera dicho a mí hace años.
Todo esto que te pasa. Las diez tareas abiertas. La incapacidad de centrarte en una sola cosa. El saltar de tema en tema. El empezar mil cosas y no terminar ninguna. La frustración de que los demás lo hagan sin pensar y tú necesites un esfuerzo brutal para algo básico.
Tiene nombre.
No es pereza. No es falta de voluntad. No es que "seas así" y punto. Hay un patrón detrás. Un patrón que se llama TDAH. Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Y no, no es solo cosa de niños que no paran quietos en clase. Es esto. Exactamente esto que estás leyendo.
Es tu concentración funcionando a trozos en vez de en bloques. Es tu cerebro necesitando más estimulación de la que una sola tarea puede dar. Es un sistema de dopamina que funciona diferente y que te empuja a buscar novedad constantemente.
Y cuando lo entiendes, cuando le pones nombre, algo cambia. No desaparece. Sigues teniendo diez pestañas abiertas. Pero ya no te machacas por ello. Porque ya no es "soy un desastre". Es "mi cerebro funciona de otra manera, y ahora que lo sé puedo hacer algo con eso".
Te lo digo por experiencia.
Nota: este artículo refleja mi experiencia personal y la de muchos lectores. No es un diagnóstico ni sustituye la valoración de un profesional de salud mental. Si te ves reflejado, el siguiente paso es hablar con alguien cualificado.
¿Y ahora qué haces con esto?
Si llevas años pensando que algo no encaja pero no sabes qué, empieza por aquí.
Sigue leyendo
Procrastino duchándome o limpiando: evito lo importante haciendo lo menos urgente
Llevas media hora fregando los platos con tal de no abrir el documento. No es vaguería. Es procrastinación productiva y tiene una lógica muy concreta.
Hago todo menos lo que tengo que hacer
Limpias la cocina, contestas emails de hace meses, organizas el escritorio. Todo menos lo importante. No es pereza. Te explico qué es.
Por qué me cuesta seguir instrucciones aunque las entienda
Las entiendes perfectamente. Asientes. Y luego no las sigues. No es despiste ni mala voluntad. Tiene una explicación que cambia todo.
No me concentro si estoy cansado pero tampoco si estoy descansado
Cansado no puedes. Descansado tampoco. Ni con café, ni sin él. Si tu concentración no tiene lógica, puede que el problema no sea el cansancio.