LeBron James y la imposibilidad de hacer solo una cosa
LeBron dirige una productora, un colegio, medio Liverpool y una cadena de pizzas. Todo mientras juega en la NBA. Lecciones para cerebros dispersos.
Un tío de 40 años que sigue jugando en la NBA y que además dirige una productora, es copropietario de un equipo de fútbol, fundó un colegio, invierte en pizzerías y tiene un programa en HBO.
Si eso lo hiciera cualquier persona normal, le dirían que se centre. Que elija. Que no se puede hacer todo a la vez. Que eso es dispersión.
Pero como lo hace LeBron James, le dicen que es un visionario.
Curioso cómo funciona eso.
¿Por qué un jugador de baloncesto necesita cinco carreras simultáneas?
Esa es la pregunta que a nadie le interesa hacer. Porque la respuesta fácil es "porque puede permitírselo". Tiene el dinero, tiene el equipo, tiene la marca personal para lanzar lo que quiera.
Pero hay una diferencia entre poder y necesitar.
LeBron no invierte en cosas por aburrimiento ni por ego. Produce películas y se mete en el montaje. Diseña un colegio desde cero para niños de su barrio y supervisa los detalles. Se planta en una pizzería y se pone detrás del mostrador. Negocia una participación en el Liverpool FC porque vio algo que otros no veían.
No delega y se tumba. Se involucra en todo como si cada proyecto fuera el único.
Es como intentar hacer un puzzle de mil piezas. Pero cinco puzzles a la vez. Y en lugar de hacerlo mal, hacerlo absurdamente bien en todos. Eso no es ambición empresarial de libro de negocios. Eso es un cerebro que necesita múltiples frentes abiertos para sentir que funciona.
El inventario del caos productivo
Vamos a repasar lo que LeBron James gestiona mientras sigue siendo uno de los mejores jugadores de baloncesto del planeta:
SpringHill Entertainment. Su productora. Series, documentales, películas. No es un nombre en los créditos que pone la pasta y desaparece. Lee guiones. Opina sobre el montaje. Se sienta en reuniones creativas. Como si producir una serie fuera tan natural como clavar un triple.
Liverpool FC. Compró una participación en el club inglés. La impulsividad convertida en inversión: vio la oportunidad, la procesó en segundos y saltó antes de que su cabeza tuviera tiempo de dudar. Eso es exactamente lo que hacen los empresarios con TDAH. La diferencia entre "impulsivo" y "visionario" a menudo es solo el resultado.
Blaze Pizza. Invirtió cuando era una cadena pequeña. Hoy tiene cientos de locales. No se limitó a firmar un cheque. Hizo publicidad, se presentó en restaurantes, se puso el delantal. Porque para un cerebro que necesita estímulo, la inversión pasiva es como ver secar la pintura.
I Promise School. Un colegio en Akron, Ohio, para niños en riesgo de exclusión. Matrícula gratuita, transporte, comidas, tutoría y una bicicleta para cada alumno. No es un proyecto de imagen. Es un hiperfoco con raíces emocionales profundas que lleva años activo. Porque cuando algo conecta con las tripas, la constancia aparece sola.
The Shop. Un programa en HBO donde se sienta en una barbería y habla de todo. Política, racismo, deporte, vida. Sin guión. Sin filtro. Otra salida más para un cerebro que tiene demasiadas cosas dentro y necesita sacarlas por algún sitio.
¿Dispersión o multipotencialidad? La pregunta trampa
Aquí es donde la conversación se pone interesante.
Si alguien que no conoces te cuenta que tiene una empresa de producción, una participación en un club de fútbol, una cadena de restaurantes, un colegio y un programa de televisión, tu primera reacción sería "este tío no puede con todo". Dispersión. Falta de foco. El clásico "el que mucho abarca poco aprieta".
Pero LeBron aprieta en todo.
Y eso es lo que fastidia del debate. Porque el problema nunca fue tener muchos frentes abiertos. El problema siempre fue no tener estructura para gestionarlos. La diferencia entre LeBron y el chaval que tiene siete proyectos a medias en su portátil no es talento. Es sistema.
LeBron tiene un equipo para cada proyecto. Personas de confianza que ejecutan mientras él aporta visión, energía y dirección. No intenta hacerlo todo solo. Intenta estar en todo. Que no es lo mismo.
Para un cerebro que no puede elegir una sola cosa, la lección no es "elige y céntrate". La lección es: construye estructura alrededor de tu forma de funcionar en lugar de intentar encajar en la forma de funcionar de otros.
La memoria que descoloca a todo el mundo
Hay un detalle de LeBron que los analistas de baloncesto no terminan de explicar.
Puede recordar jugadas completas de partidos de hace años. Movimientos exactos. Quién estaba dónde. Qué defensa pusieron. Qué decisión tomó y por qué. Lo ha demostrado en ruedas de prensa, describiendo secuencias de hace una década como si las estuviera viendo en una pantalla.
Los periodistas lo llaman "memoria fotográfica". Puede ser. O puede ser lo que muchas personas con TDAH reconocen al instante: memoria selectiva con esteroides. El cerebro que no recuerda dónde dejó las llaves pero que graba con resolución 4K todo lo que le importa de verdad.
Apostaría algo gordo a que LeBron no recuerda qué cenó el martes pasado. Pero puede reconstruir los últimos tres minutos de un partido de playoffs de 2016 con precisión quirúrgica. Porque su cerebro grabó eso. Eso le encendía. Lo otro no.
¿Y qué tiene esto que ver contigo?
No necesitas medir dos metros ni ganar millones para reconocer el patrón.
Si tienes tres proyectos abiertos y ya estás pensando en el cuarto. Si la gente te dice "pero cómo haces tantas cosas" y la respuesta honesta es "no sé hacerlo de otra forma". Si te aburres del éxito antes de que se enfríe porque tu cerebro ya está buscando lo siguiente. Si elegir una sola cosa se siente como pedirle a un pez que viva fuera del agua.
LeBron canaliza esa necesidad en empresas, películas, colegios y mates. Tú lo canalizas en lo tuyo. El motor es el mismo.
La diferencia no está en cuántas cosas haces. Está en si entiendes por qué tu cerebro te pide hacerlas todas. Porque sin esa comprensión, la multipotencialidad se convierte en caos. Y con ella, el caos se convierte en sistema.
LeBron James no ha hablado públicamente de TDAH. Los rasgos están ahí, tan visibles como un mate en la cara del mito del genio disperso: la búsqueda constante de estímulo, la memoria selectiva, la energía que no se apaga, la incapacidad de hacer solo una cosa. Pero sin diagnóstico, todo esto son patrones compatibles. No etiquetas.
Lo que sí es un hecho es que hay cerebros que funcionan así. Y que si el tuyo es uno de ellos, saber cómo funciona cambia las reglas del juego.
Si reconoces ese cerebro que necesita más de lo que una sola carrera puede darle, ese motor que no sabe ir a una velocidad, puede que la pregunta no sea "por qué no puedo centrarme" sino "qué tipo de cerebro tengo".
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