El hiperfoco de Cervantes: escribir el Quijote en la cárcel
Cervantes fue soldado, prisionero, recaudador y escritor. Escribió Don Quijote en la cárcel. Un cerebro que no podía hacer una sola cosa en la vida.
Miguel de Cervantes escribió Don Quijote en la cárcel.
No en una de esas cárceles de película con vista al mar y tiempo para pensar. En una prisión real, en Sevilla, en 1597, rodeado de deudores, delincuentes y el caos habitual de una España del siglo XVI que no era precisamente un spa de mindfulness.
Y aun así, ahí nació la novela más importante en lengua española.
Eso o lo explica el genio literario puro, o lo explica que Cervantes tenía un cerebro que solo funcionaba a pleno rendimiento cuando las circunstancias eran completamente imposibles.
Yo tengo mi teoría.
¿Quién era Cervantes antes de escribir el Quijote?
Porque la imagen del escritor tranquilo en su estudio con una pluma es lo más lejos de la realidad que te puedes imaginar.
Cervantes fue soldado. Luchó en la batalla de Lepanto en 1571, donde perdió la movilidad de su mano izquierda de un arcabuzazo. No se fue a casa a recuperarse. Siguió combatiendo durante cuatro años más con una mano inutilizada porque aparentemente quedarse quieto no era una opción.
En 1575, mientras volvía a España, piratas berberiscos capturaron su barco. Cervantes pasó cinco años como prisionero en Argel. Cinco años. E intentó escaparse cuatro veces. Cuatro. No una, no dos. Cuatro intentos de fuga en cinco años, cada uno más arriesgado que el anterior.
Cuando por fin lo liberaron y volvió a España, no encontró ni trabajo ni reconocimiento. Así que se metió a recaudador de impuestos para la Armada Invencible, viajando por pueblos de Andalucía embargando grano y aceite a campesinos que no querían pagar. Un trabajo que nadie quería hacer, que le generó dos encarcelamientos más por problemas contables, y del que salió sin dinero y sin gloria.
Todo eso antes de escribir una sola página del Quijote.
¿Qué tiene que ver esto con el TDAH?
Que ese perfil, el del hombre que no puede estar quieto, que acumula proyectos vitales incompatibles, que toma decisiones impulsivas y después las sostiene con una terquedad brutal, que funciona mejor en el caos que en la calma, es un perfil muy conocido.
La vida de Cervantes no parece la de alguien con un plan. Parece la de alguien que va respondiendo a lo que le llama la atención en cada momento, con una energía que no tiene off, y una capacidad para meterse en líos que ya quisieran tener algunos protagonistas de película de acción.
Soldado. Prisionero. Fugitivo. Recaudador. Preso. Escritor.
No es una carrera. Es una mente que no sabe muy bien qué quiere pero que no puede parar de moverse.
Y luego, de repente, la cárcel.
¿Por qué la cárcel desbloqueó el Quijote?
Aquí viene la parte que más me llama la atención.
Cervantes llevaba décadas intentando ser escritor. Había publicado una novela pastoral en 1585, La Galatea, que fue un fracaso moderado. Había escrito obras de teatro que no cuajaron. Tenía el talento, lo sabía él y lo sabía quien lo leía, pero no terminaba de arrancar.
Y entonces lo meten en la cárcel. Sin salida. Sin viajes. Sin recaudaciones. Sin huir de nada.
Y ahí escribe el Quijote.
Eso se parece mucho a lo que se llama hiperfoco. Ese estado en el que un cerebro con TDAH, puesto en las condiciones exactas, no solo trabaja: devora. Horas y horas sin notar el tiempo, sin hambre, sin cansancio. Completamente absorbido por una sola cosa.
Cervantes en la cárcel no tenía escapatoria posible. No podía ir a combatir, no podía intentar otra fuga, no podía meterse en otro proyecto. Solo podía escribir.
Y el hiperfoco hizo lo suyo.
No es una metáfora bonita. Es que a veces los cerebros que necesitan urgencia, presión real, un contexto donde no hay alternativa, producen exactamente cuando todo lo demás desaparece.
¿Cuántos proyectos tenía Cervantes al mismo tiempo?
Muchos. Siempre muchos.
Mientras escribía las dos partes del Quijote (publicadas en 1605 y 1615), también publicó las Novelas Ejemplares en 1613. Y el Viaje del Parnaso en 1614. Y el Persiles, que terminó literalmente cuatro días antes de morir en 1616.
Cuatro días antes de morir. Con sesenta y ocho años, enfermo, siguió escribiendo.
Eso no es disciplina en el sentido tradicional. Eso es un cerebro al que le resulta físicamente imposible dejar de generar. La misma mente que a los veinte años no podía quedarse en un solo sitio, a los sesenta seguía sin poder parar de crear.
El hiperfoco en el TDAH no distingue de edad ni de circunstancias. Simplemente busca el siguiente objeto de obsesión.
El lado oscuro: los proyectos que no terminó
Pero ojo, que Cervantes también tenía la otra cara.
La Galatea, su primera novela, quedó incompleta. Prometió una segunda parte que nunca escribió. Llevaba décadas sin poder acabarla cuando murió.
Los proyectos de teatro que no cuajaron. Los años sin publicar nada. Los períodos en los que simplemente no salía nada, o salía tarde, o salía en condiciones de crisis total.
El TDAH en escritores famosos tiene ese patrón: obra maestra de un lado, montón de proyectos abandonados del otro. No porque faltara talento. Porque el cerebro va a lo que le llama, y cuando deja de llamar, no hay fuerza de voluntad que lo mueva.
Cervantes no era vago. Era un hombre que necesitaba que algo lo encendiese para funcionar a pleno rendimiento. Y cuando ese algo aparecía, el resultado era Don Quijote.
Cuando no aparecía, era La Galatea sin terminar.
¿Se puede confirmar que Cervantes tenía TDAH?
No. No se puede.
El TDAH como categoría diagnóstica no existía en el siglo XVI. Y aunque los rasgos estén ahí, quedarse en "Cervantes tenía TDAH" sería reducir cuatrocientos años de contexto histórico, trauma real y genio literario a una etiqueta moderna.
Lo que sí podemos decir es que su perfil vital encaja con lo que hoy llamaríamos un funcionamiento atípico. La impulsividad constante que lo metió en cada lío de su vida. La incapacidad de seguir un camino recto cuando había algo más interesante al lado. El hiperfoco que apareció, brutalmente, cuando no había más remedio que quedarse quieto. Los proyectos que explotaban y los que se quedaban a medias.
Eso es especulación, claro. Pero es una especulación que tiene bastante más recorrido que decir que Cervantes era simplemente un tipo con mala suerte.
Qué nos dice Cervantes sobre cómo funciona un cerebro así
Que la adversidad no siempre bloquea. A veces desbloquea.
Cervantes no escribió el Quijote a pesar de la cárcel. Escribió el Quijote porque la cárcel eliminó todas las demás opciones. Sin fugas posibles, sin proyectos paralelos, sin otro sitio al que ir, el hiperfoco encontró su canal.
Eso no significa que debas buscar tus propias cárceles. Significa que entender cómo funciona tu cerebro, qué condiciones necesita para activarse de verdad, puede ser la diferencia entre producir tu obra maestra y quedarte en el borrador de La Galatea eternamente.
Y también significa que si llevas décadas saltando de una cosa a otra, acumulando experiencias que no tienen nada que ver entre sí, metiéndote en líos que no tocaba, puede que no seas un desastre de persona.
Puede que seas alguien cuyo cerebro todavía no ha encontrado su cárcel de Sevilla.
Si sientes que tu cabeza funciona diferente, que tienes energía para mil cosas y luego ninguna, que produces de maravilla en las peores condiciones y te bloqueas cuando todo va bien, lo primero es entender qué tipo de cerebro tienes.
Sigue leyendo
Greg LeMond: TDAH, ciclismo y 3 Tours de Francia
Greg LeMond fue el primer americano en ganar el Tour de Francia. Lo hizo tres veces. Con TDAH diagnosticado. Y después de que su cuñado le pegara un tiro.
El hiperfoco de Michael Phelps: nadar 80.000 metros a la semana
Phelps no faltó ni un día al agua en 5 años. No era disciplina. Era hiperfoco TDAH. La misma fuerza que a ti te atrapa en otra cosa.
Cómo el TDAH cambió la historia de la exploración
Colón insistió 10 años en su ruta. Marco Polo viajó 24 años. Amelia Earhart cruzó el Atlántico sola. Los exploradores más grandes no podían quedarse quietos.
5 descubrimientos científicos accidentales hechos por cerebros caóticos
La penicilina, los rayos X, la vulcanización... Descubrimientos que cambiaron el mundo gracias al caos, la distracción y mentes que no podían parar quietas.