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Dickens vs Dostoievski: dos escritores que solo funcionaban bajo presión

Dickens publicaba en entregas semanales. Dostoievski escribió una novela en 26 días. Dos cerebros que solo arrancaban con el deadline encima.

tdahfamosos

Dickens escribía sus novelas en entregas semanales con el público esperando. Dostoievski escribió El Jugador en 26 días para no perder los derechos de toda su obra. Dos escritores que solo arrancaban cuando el deadline era mortal. Y eso tiene nombre.

No es disciplina. No es vocación. No es que fueran escritores tan apasionados que no podían parar de escribir. Es exactamente lo contrario. Solo podían empezar a escribir cuando no empezar significaba catástrofe.

Si alguna vez has tenido un proyecto aparcado tres semanas y lo has resuelto entero la noche antes de la entrega, esto te va a sonar familiar.

¿Quiénes eran estos dos y por qué los meto en el mismo saco?

Charles Dickens. Inglés. Siglo XIX. Autor de Oliver Twist, Historia de dos ciudades, Cuento de Navidad. Probablemente el escritor más famoso de la era victoriana. Se inventó prácticamente la novela por entregas tal como la conocemos.

Fiódor Dostoievski. Ruso. Siglo XIX también. Autor de Crimen y castigo, Los hermanos Karamázov, El idiota. Uno de los escritores más influyentes de la historia de la literatura. Y un desastre absoluto gestionando su vida.

Dos países distintos. Dos estilos literarios que no se parecen en nada. Dos vidas completamente diferentes.

Pero un patrón idéntico: los dos necesitaban que el mundo se les cayera encima para sentarse a escribir.

Y antes de seguir: ninguno de los dos tiene un diagnóstico de TDAH. No existía en su época. Lo que voy a hacer aquí es mirar sus patrones de comportamiento con los ojos de hoy y señalar lo que cualquier persona con TDAH va a reconocer al instante. Especulación informada, no diagnóstico póstumo.

¿Por qué algunos cerebros solo funcionan con la presión al máximo?

Esto tiene nombre en neurociencia. Se llama el sistema de motivación basado en urgencia. Un cerebro neurotípico puede motivarse con recompensas a largo plazo. "Si termino este proyecto en tres meses, será genial." Y se pone a trabajar.

Un cerebro con TDAH escucha eso y dice: "Tres meses. Genial. Tengo tiempo." Y no hace nada hasta que quedan 72 horas.

No es vagancia. Es que la dopamina no aparece hasta que el peligro es real. Hasta que el deadline deja de ser un concepto abstracto y se convierte en "si no entrego esto mañana, me arruino".

Dickens lo sabía. Dostoievski lo vivía. Ninguno de los dos lo entendía. Pero los dos construyeron toda su carrera encima de ese mecanismo.

Dickens: el hombre que se encadenó a la imprenta

Dickens no se sentaba tranquilamente en su estudio a escribir una novela completa y luego la publicaba. No. Dickens publicaba sus novelas en entregas semanales o mensuales en revistas. Los lectores compraban cada número para leer el siguiente capítulo. Si Dickens no entregaba, no había revista. Si no había revista, no había dinero. Si no había dinero, todo se venía abajo.

¿Te suena? Es exactamente el mismo principio que hace que entregues el informe del trabajo a las once de la noche del último día. La consecuencia inmediata como único motor.

Y lo más revelador: Dickens eligió ese sistema. Podría haber escrito novelas completas. Pero no. Se metió en un formato que le obligaba a producir cada semana porque, a algún nivel, sabía que sin esa presión externa no iba a escribir nada.

Sus contemporáneos lo describían como una persona con una energía inagotable. Capaz de dar paseos de treinta kilómetros a las tres de la mañana. Incapaz de quedarse quieto. Mantenía simultáneamente la escritura, la edición de su revista, giras de lectura dramática por todo el país y una vida personal que era un caos absoluto. Hiperfoco. Hiperactividad. Necesidad constante de estímulo.

Pero cuando no tenía un deadline encima, procrastinaba. Se distraía. Empezaba proyectos que no terminaba. Reorganizaba muebles. Se iba de viaje sin avisar.

El mismo patrón que ves en Dostoievski cuando analizas su relación con la escritura bajo presión. Dos genios con el mismo problema: sin deadline, no hay texto.

Dostoievski: el que apostó su propia obra (literalmente)

Si Dickens era un desastre organizado, Dostoievski era un desastre sin más.

Jugador compulsivo. Adicto a la ruleta. Endeudado hasta las cejas prácticamente toda su vida. Y su forma de lidiar con las deudas era firmar contratos con condiciones absurdas que le obligaban a escribir a toda velocidad.

El caso más salvaje: en 1866, Dostoievski firmó un contrato con el editor Stellovsky. Si no entregaba una novela nueva antes de noviembre de ese año, Stellovsky se quedaba con los derechos de toda su obra durante nueve años. Todo. Crimen y castigo incluido.

¿Qué hizo Dostoievski? Nada. Durante meses. Se fue a jugar a la ruleta. Perdió todo el dinero. Y cuando quedaban exactamente 26 días para el deadline, contrató a una taquígrafa (Anna Grigórievna, que luego sería su mujer) y dictó El Jugador entero en menos de un mes.

Una novela completa. En 26 días. Porque si no la entregaba, perdía su vida entera como escritor.

Eso no es disciplina. No es talento en bruto. Es un cerebro que funciona como el de Dostoievski: incapaz de arrancar sin que la consecuencia sea demoledora, y luego capaz de rendir a un nivel absurdo cuando la adrenalina por fin activa la maquinaria.

¿Qué tienen en común y en qué se diferencian?

Los paralelos son evidentes. Los dos necesitaban presión externa para producir. Los dos creaban sistemas (conscientes o no) que generaban esa presión. Los dos eran capaces de un rendimiento brutal en periodos cortos. Los dos eran un desastre cuando la presión desaparecía.

Pero las diferencias importan.

Dickens era proactivo con su caos. Se diseñó un formato de trabajo (las entregas semanales) que funcionaba como un arnés para su cerebro. Él generaba los deadlines. Controlaba el juego, aunque el juego le controlara a él.

Dostoievski era reactivo. No creaba los deadlines. Se metía en problemas (deudas, apuestas, contratos suicidas) y luego respondía a la emergencia. No domesticó su patrón. Sobrevivió a él.

Los dos llegaron a la cima. Pero uno lo hizo surfeando la ola y el otro tragando agua y saliendo a flote cada vez por los pelos.

Si tienes TDAH, probablemente te reconoces más en uno que en el otro. Y probablemente estás intentando pasar del modo Dostoievski al modo Dickens. Que es, básicamente, lo que hacemos todos: buscar sistemas externos que fuercen a nuestro cerebro a arrancar sin necesitar la catástrofe.

Lo que estos dos escritores nos dicen sobre el TDAH (sin saberlo)

Que el talento sin estructura no vale nada. Dostoievski tenía tanto talento como Dickens, pero su falta de estructura le hizo vivir en un infierno financiero y emocional la mayor parte de su vida.

Que la presión artificial funciona. Dickens se fabricó su propia presión. Y funcionó. No es trampa. Es conocer cómo funciona tu cerebro y dejar de pelear contra él.

Que "falta de voluntad" es una explicación absurda. Dos de los escritores más prolíficos de la historia de la literatura eran incapaces de sentarse a escribir sin un deadline. ¿De verdad alguien cree que el problema era que no les apetecía lo suficiente?

Y que la diferencia entre genio y desastre a veces es simplemente tener un sistema que funcione con tu cerebro en vez de contra él.

Si alguna vez has escrito un trabajo entero la noche antes, si solo arrancas cuando la fecha límite ya respira en tu nuca, si el "ya lo haré mañana" se repite hasta que mañana es hoy y no queda tiempo, puede que tu cerebro funcione de una forma concreta. Y puede que entenderlo sea el primer paso para dejar de pelearte con él.

Hacer el test de TDAH

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