La novedad es mi combustible y mi trampa a la vez

Necesitas cosas nuevas para funcionar. Pero cada cosa nueva mata a la anterior. No es curiosidad sana. Es un patrón que tiene explicación.

Cuando descubres algo nuevo, eres la persona más productiva del mundo. Tres días investigando sin parar. Aprendes más en un fin de semana que la mayoría en un mes. Te sumerges. Te obsesionas. Produces a una velocidad absurda.

Y al cuarto día, se apaga.

No gradualmente. No poco a poco. Se apaga. De golpe. Como si alguien hubiera cortado la corriente. Y lo que ayer era tu nueva pasión, hoy te da exactamente igual.

¿Por qué la novedad funciona y nada más lo hace?

Porque la novedad es dopamina pura. Y tu cerebro funciona con dopamina como un coche funciona con gasolina. Sin ella, no hay movimiento. Da igual cuánto quieras conducir.

Cuando algo es nuevo, tu sistema de recompensa se activa solo. No necesitas fuerza de voluntad. No necesitas disciplina. No necesitas un plan. Tu cerebro detecta novedad, libera dopamina, y tú produces como una máquina. Es automático.

El problema es que la novedad tiene fecha de caducidad. Siempre. Lo que hoy es emocionante mañana es normal. Y lo que es normal no activa tu cerebro. Lo deja en punto muerto.

Es como tener un coche que solo arranca cuesta abajo. Mientras haya pendiente, genial. Pero en cuanto llegas a terreno llano, se para. Y la única forma de volver a arrancarlo es encontrar otra cuesta. Otro proyecto nuevo. Otra idea. Otro hobby.

La trampa perfecta

Y aquí es donde se convierte en trampa. Porque la solución obvia es buscar novedad. Y tu cerebro lo sabe. Así que cada vez que algo deja de ser nuevo, te ofrece la salida más fácil: algo nuevo.

Nuevo proyecto. Nuevo sistema. Nueva app. Nuevo hobby. Nuevo plan. Todo nuevo, todo el rato.

Y funciona. Durante tres días. Hasta que lo nuevo deja de serlo. Y el ciclo se repite. Y se repite. Y se repite.

El resultado es un cementerio de cosas al 10%. Mil ideas que nunca ejecutas. Carpetas abiertas que nunca se cierran. Planes brillantes que nunca pasan de la primera semana. Y una sensación de que eres incapaz de comprometerte con nada, cuando la realidad es que te comprometes con todo. Durante tres días.

Lo que la novedad te da (y lo que te quita)

Te da arranque. Energía. Velocidad. Creatividad. En modo novedad eres mejor que la mayoría de la gente en casi cualquier cosa. Aprendes rápido, conectas ideas, produces sin esfuerzo.

Te quita profundidad. Constancia. Resultados a largo plazo. La capacidad de terminar algo que empezaste cuando era emocionante y ahora es trabajo.

Y eso es lo que duele. Porque no te falta talento. No te falta inteligencia. No te falta ambición. Te falta la capacidad de seguir cuando lo nuevo se convierte en lo de siempre. Y nadie te enseña a compensar eso porque nadie entiende que es un problema real.

"Es que te cansas de todo." Sí. ¿Y? Eso no es una explicación. Es una descripción. La explicación está en cómo funciona tu cerebro. Y ese funcionamiento tiene nombre.

¿Se puede usar la novedad sin que te destruya?

Se puede. Pero no con fuerza de voluntad. No con disciplina. No con "simplemente termina lo que empiezas".

Se puede cuando entiendes el mecanismo. Cuando sabes que tu cerebro necesita novedad, puedes buscarla dentro del mismo proyecto. Cambiar el ángulo. Empezar por otra parte. Añadir un elemento nuevo. Modificar el proceso.

No es la solución perfecta. Pero es mejor que dejar otro proyecto en el cajón.

Parece una tontería, pero a mí me cambió bastante. El día que dejé de luchar contra la novedad y empecé a usarla fue el día que terminé mi primer proyecto en años. No porque me hiciera más disciplinado. Sino porque dejé de esperar que mi cerebro funcionara como uno que no es el mío.

Lo que hay detrás del patrón

Mira, si esto solo te pasara de vez en cuando, sería una anécdota. "Soy curioso, me gusta probar cosas nuevas." Pero cuando el patrón se repite en todo, cuando no puedes mantener nada más de dos semanas, cuando la novedad es literalmente lo único que te mueve, no estamos hablando de curiosidad. Estamos hablando de un cerebro que necesita más dopamina de la que produce.

Eso, en muchos adultos, se llama TDAH. Y no es un defecto. Es una forma de funcionar. Pero si no lo sabes, te pasas la vida pensando que eres inconstante por naturaleza cuando la realidad es que tu naturaleza necesita condiciones que nadie te ha explicado.

Esto no sustituye un diagnóstico profesional. Pero si la novedad es tu único combustible y ya estás harto del ciclo, quizá vale la pena mirarlo con alguien que entienda de esto.

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