Colecciono apps, herramientas y métodos que nunca llego a usar
Tienes 14 apps de productividad y no usas ninguna. Cada mes descubres un método nuevo que dura una semana. No es indecisión. Es un patrón.
Notion. Todoist. Obsidian. TickTick. Google Calendar. Apple Reminders. Trello. Asana. Un bullet journal que compraste en octubre. Un sistema GTD que montaste un domingo a las 2 de la madrugada. Una hoja de Excel con código de colores que era "el sistema definitivo".
Ninguno duró más de dos semanas.
Y ahora mismo probablemente estás leyendo esto mientras piensas en la siguiente app que vas a probar. Porque seguro que la siguiente sí funciona. Seguro que el problema era la herramienta, no tú.
Spoiler: no era la herramienta.
¿Por qué cambias de sistema cada mes?
Porque cada sistema nuevo es novedad. Y la novedad es lo único que enciende tu cerebro.
Mira, cuando descargas una app nueva de productividad, tu cerebro recibe el mismo chute de dopamina que cuando empiezas un hobby nuevo. La emoción del descubrimiento. Las posibilidades. La imagen mental de ti mismo organizado, productivo, con todo bajo control. Es una fantasía preciosa.
Y durante unos días, funciona. Configuras el sistema. Metes tus tareas. Organizas por colores. Pones etiquetas. Te sientes bien. No estás siendo productivo, pero sientes que lo eres. Y eso basta.
Hasta que no basta. Hasta que la app deja de ser nueva. Hasta que el sistema se convierte en una tarea más. Y entonces tu cerebro hace lo que mejor sabe hacer: buscar otra app.
Es como ir al médico por un dolor de cabeza y que te recete un frasco de pastillas nuevo cada semana. El frasco nuevo te emociona, pero nunca tomas las pastillas suficientes como para que hagan efecto.
El coleccionismo como procrastinación
Y aquí está la trampa. Porque buscar herramientas, comparar métodos, leer reviews, configurar sistemas, no es productividad. Es procrastinación disfrazada de productividad.
Estás ocupado. Te sientes activo. Pero no estás haciendo nada real. Estás preparándote para hacer cosas. Y la preparación nunca termina porque cada vez que estás a punto de empezar de verdad, aparece otra herramienta que promete hacerlo más fácil.
Cambiar de app de productividad cada mes
Te lo digo por experiencia: yo pasé por esta fase. Meses. Probé todo lo que existía. Y al final descubrí que la herramienta que usara daba igual. Lo que importaba era entender por qué mi cerebro necesitaba cambiar de herramienta cada vez que la actual dejaba de ser emocionante.
La estantería de métodos que sí funcionan (para otros)
GTD funciona. Pomodoro funciona. Time blocking funciona. Bullet journal funciona. Todos funcionan. Para cerebros que pueden sostener un sistema más de dos semanas.
El problema no es que los métodos sean malos. El problema es que están diseñados para cerebros que regulan la motivación de forma lineal. Cerebros que pueden arrancar algo y seguir haciéndolo aunque ya no sea nuevo. Cerebros que no necesitan un subidón de dopamina para abrir una app de tareas.
El tuyo no es así. Y no pasa nada. Pero si sigues intentando usar sistemas pensados para cerebros que no son el tuyo, seguirás coleccionando métodos que no duran.
Lo que hay detrás de la colección
Fíjate en el patrón. No es solo con las apps. Tus hobbies tienen el mismo ciclo. Tus proyectos tienen el mismo ciclo. Tu motivación tiene el mismo ciclo. Arranque brutal, mantenimiento imposible, abandono sin causa clara, nuevo arranque con otra cosa.
Cuando ese patrón se repite en todas las áreas de tu vida, no estamos hablando de indecisión. Estamos hablando de un cerebro que necesita novedad para funcionar. Y eso, en adultos, muchas veces se llama TDAH.
No es un defecto. No es un fallo de carácter. Es una forma de funcionar que nadie te ha explicado. Y cuando alguien te la explica, dejas de buscar la app perfecta y empiezas a entender por qué te cuesta todo más.
Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si llevas años cambiando de sistema sin que ninguno funcione, habla con un psicólogo o psiquiatra. No porque seas raro. Porque mereces entenderlo.
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