Trabajo mejor solo que en equipo y no sé si es un problema

Rindes el triple cuando nadie te interrumpe. Las reuniones te drenan. Trabajar en equipo te agota. No es antisocial. Quizá tu cerebro necesita otras condiciones.

Cuando trabajo solo, puedo estar cuatro horas seguidas sin levantar la cabeza del portátil. Fluyo. Las ideas conectan. El código sale. Los textos se escriben solos.

Cuando trabajo en equipo, necesito una siesta después de cada reunión.

Y no es que no me gusten las personas. Es que cada interrupción, cada "oye, ¿tienes un segundo?", cada reunión de media hora que podría ser un email, me saca de un estado mental al que luego tardo 45 minutos en volver.

¿Por qué rindes más solo que con otras personas?

Pues porque cuando estás solo controlas una cosa que para ti es más importante que para la mayoría: el entorno.

Controlas el ruido. Controlas las interrupciones. Controlas el ritmo. Nadie te obliga a cambiar de tarea porque ha surgido algo. Nadie te saca de lo que estás haciendo para preguntarte algo que podría esperar tres horas.

Y eso para ti no es un lujo. Es una necesidad.

Porque tu cerebro no cambia de contexto como un interruptor. Cambia de contexto como un transatlántico. Lentamente. Con mucha inercia. Y cada vez que alguien te interrumpe, ese transatlántico tiene que frenar, girar, recalibrar, y volver a coger velocidad.

Y eso cansa. Cansa mucho.

Te lo digo por experiencia: hay semanas en las que salgo de un día de trabajo en equipo más cansado que de un día entero trabajando solo. Y no es que haya trabajado más. Es que mi cerebro ha gastado el doble de energía simplemente gestionando los cambios de contexto.

¿Es un problema o es una ventaja?

A ver, esto es interesante.

Porque en el mundo laboral actual, trabajar bien en equipo es casi un requisito obligatorio. Está en todas las ofertas de trabajo. "Buscamos persona con capacidad de trabajo en equipo." Y tú lees eso y piensas: "Bueno, puedo. Pero rindo la mitad."

Y te sientes raro. Porque parece que todo el mundo trabaja mejor rodeado de gente. Que las lluvias de ideas funcionan. Que las reuniones son productivas. Que el "trabajo colaborativo" es el futuro.

Pero la realidad es que hay mucha gente que trabaja infinitamente mejor sola. Y no es un defecto. Es un estilo de procesamiento.

El problema es cuando no puedes elegir. Cuando tu trabajo te obliga a estar en reuniones todo el día, a responder mensajes de Slack en tiempo real, a estar "disponible" constantemente. Ahí es donde empieza el agotamiento que no tiene nada que ver con la carga de trabajo real.

Lo que nadie te dice sobre las reuniones

Imagínate que estás en medio de algo. Concentrado. El cerebro funcionando a tope. Y suena la alarma del calendario: reunión en 5 minutos.

Ya está. Tu concentración se ha roto. No en la reunión. Cinco minutos antes de la reunión. Porque tu cerebro ya ha abandonado lo que estaba haciendo y ha empezado a prepararse mentalmente para otra cosa.

Y después de la reunión, ¿cuánto tardas en volver a estar donde estabas? A mí me pasa que a veces ni vuelvo. A veces la reunión de las 11:00 me rompe la mañana entera. Porque después de la reunión ya no tengo la energía mental para reconectar con lo que estaba haciendo.

Y esto no es "ser malo en reuniones". Es que tu cerebro necesita bloques largos e ininterrumpidos de tiempo para funcionar, y las reuniones fragmentan exactamente eso.

Hay gente que puede tener cuatro reuniones por la mañana y ser productiva entre medio. Yo no puedo. Y si tú tampoco puedes, no es que seas peor trabajador. Es que tu cerebro necesita condiciones diferentes para rendir.

¿Y si no fuera solo "preferencia"?

Vale, aquí viene la parte que me costó aceptar.

Porque durante años pensé que simplemente era introvertido. Que prefería trabajar solo porque soy un poco oso. Y sí, puede que haya un punto de introversión. Pero cuando investigué un poco más, descubrí que la dificultad extrema con las interrupciones, la fatiga brutal después de reuniones y la necesidad de control total del entorno son patrones muy comunes en personas con TDAH.

Y tiene toda la lógica del mundo. El TDAH afecta a la función ejecutiva, que es el sistema que gestiona los cambios de tarea, la memoria de trabajo y la capacidad de retomar algo después de una interrupción. Si ese sistema no funciona bien, cada interrupción no es una pausa. Es un reinicio completo.

No es que prefieras trabajar solo. Es que tu cerebro literalmente rinde un 50% menos cuando hay interrupciones constantes.

Y esto no es un diagnóstico. Si te suena a algo que llevas experimentando toda tu vida laboral, lo que toca es hablarlo con un profesional que pueda evaluarlo bien.

Lo que puedes hacer sin cambiar de trabajo

Primero: protege tus bloques de concentración como si fueran sagrados. Si puedes, bloquea horas en tu calendario donde nadie pueda meterte una reunión. Ponlo como "ocupado" o "focus time". Da igual cómo lo llames. Lo importante es que esas horas existan.

Segundo: si tu trabajo requiere mucha interacción, intenta agrupar las reuniones en la misma franja horaria. Un día con tres reuniones seguidas es mejor que tres días con una reunión cada uno, porque al menos los otros días los tienes libres para concentrarte.

Tercero: acepta que no todos trabajamos igual. Que haya días buenos y días malos no te hace peor profesional. Te hace alguien que necesita adaptar su entorno a cómo funciona, en vez de forzarse a encajar en un entorno diseñado para otros.

Y cuarto: si alguna vez te has preguntado por qué todo te cuesta más que a los demás, quizá no sea que te cueste más. Quizá sea que las condiciones en las que trabajas no están diseñadas para tu cerebro.

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