La motivación me dura horas, no días
Te motivas por la noche, haces planes, te acuestas convencido. Y al día siguiente no queda nada. Tu cerebro tiene un problema con la dopamina, no con la voluntad.
Anoche tenía un plan perfecto. Me acosté motivadísimo. Iba a madrugar, a hacer ejercicio, a sentarme a trabajar en ese proyecto que llevo posponiendo tres semanas. Lo tenía clarísimo. Esta vez sí.
Me desperté. Y nada. El plan seguía ahí, en algún rincón de mi cabeza, pero la motivación se había largado por la noche sin dejar ni una nota.
¿Te suena?
¿Por qué la motivación desaparece de un día para otro?
Porque no es que desaparezca. Es que nunca estuvo donde crees que estaba.
La motivación que sientes por la noche es dopamina. Tu cerebro imagina algo nuevo, algo emocionante, un plan, un proyecto, un cambio de vida. Y libera dopamina como si ya lo hubieras conseguido. Te sientes genial. Motivado. Imparable.
Pero la dopamina de imaginar no es la misma que la de hacer. Imaginar es gratis. Hacer tiene fricción. Y cuando llegas al momento de hacer, tu cerebro se da cuenta de que esto no es tan emocionante como lo imaginó anoche y la dopamina se esfuma.
No es falta de voluntad. Es bioquímica.
¿Es normal que la motivación dure tan poco?
A ver, que la motivación fluctúe es normal en todo el mundo. Pero hay una diferencia entre "hoy estoy menos motivado" y "ayer era otra persona y hoy no reconozco lo que quería".
Porque eso es lo que pasa, ¿no? No es que estés un poco menos motivado. Es que miras el plan de ayer y piensas "¿quién escribió esto?". Como si lo hubiera hecho un doble tuyo que se fue de vacaciones y te dejó el marrón.
Y esto pasa una vez. Y otra. Y otra. Y después de 47 ciclos de motivación-decepción empiezas a no fiarte de ti mismo. A no creerte cuando dices "esta vez va en serio". Porque ya lo has dicho demasiadas veces.
Es el mismo patrón de solo motivarte con lo nuevo. El problema no es el proyecto. El problema es que tu cerebro solo responde a la novedad, y en cuanto algo deja de ser nuevo, la motivación se corta como si alguien hubiera pulsado un interruptor.
El ciclo que nadie te explica
Te lo dibujo tal cual lo vivo yo.
Fase 1: descubres algo nuevo. Puede ser un hobby, un proyecto, una rutina, lo que sea. Tu cerebro se enciende como un árbol de Navidad. Estás eufórico. Haces planes. Compras cosas. Le cuentas a todo el mundo lo que vas a hacer.
Fase 2: empiezas. Los primeros días son increíbles. Todo fluye. Piensas "esta vez sí que sí".
Fase 3: la novedad se acaba. Puede ser al tercer día, a la semana, a las dos semanas. Da igual. Un día te despiertas y no queda nada. Ni ganas, ni interés, ni energía. El proyecto que era tu vida ahora te da exactamente igual.
Fase 4: culpa. "¿Por qué soy así?" "¿Por qué no puedo mantener nada?" "Todo el mundo puede menos yo."
Fase 5: nuevo descubrimiento. Tu cerebro encuentra otra cosa brillante. Y el ciclo empieza otra vez.
Si vives en este bucle, no eres inconstante. No eres un desastre. Tu cerebro funciona con un sistema de recompensa que necesita novedad para activarse. Y cuando la novedad se acaba, la activación se acaba.
¿Y si esto no es un problema de motivación?
Mira, aquí viene lo que nadie te cuenta.
Hay personas cuyo sistema dopaminérgico no funciona de manera estándar. No producen o no regulan la dopamina de la misma forma que la mayoría. Y la dopamina no es solo "la hormona de la felicidad" como dicen por ahí. Es la hormona del arranque. La que te dice "esto merece la pena hacerlo ahora".
Cuando ese sistema falla, lo que pasa es exactamente esto: motivación explosiva al principio (cuando hay novedad y el cerebro libera dopamina) y caída total cuando la novedad desaparece (porque el cerebro deja de producir suficiente dopamina para mantener el interés).
Esto es un patrón clásico del TDAH en adultos. No el TDAH de "el niño que no para quieto". El TDAH de adultos que no pueden mantener la motivación, que les cuesta todo más que a los demás, que abandonan proyectos sin saber por qué.
No te estoy diagnosticando. Lo que te digo es que si llevas toda la vida en ese ciclo, merece la pena que un profesional evalúe qué está pasando.
¿Se puede hacer algo?
Sí. No mágico, pero sí práctico.
La clave que a mí me cambió todo fue dejar de confiar en la motivación y empezar a confiar en sistemas. Porque la motivación con un cerebro así es como el tiempo en Londres: no puedes predecirlo y no puedes controlarlo. Pero puedes llevar paraguas.
¿Qué significa eso en práctica? Que cuando estés motivado, en vez de empezar a lo bestia, uses esa energía para crear estructura. Preparar lo que vas a necesitar mañana cuando no tengas ganas. Automatizar las decisiones. Hacer que el camino sea tan fácil que puedas recorrerlo incluso sin motivación.
Porque los días buenos van a venir. Y los malos también. La pregunta no es cómo tener más días buenos, sino cómo sobrevivir a los malos sin perder todo lo que avanzaste en los buenos.
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