Tengo la idea más brillante del mundo durante tres semanas y luego nada
Obsesión total, planes infinitos, energía a tope. Y luego, de golpe: nada. Esto no es falta de voluntad. Tiene una explicación.
Semana uno: tienes la idea más brillante del mundo. No puedes dormir. Estás llenando cuadernos, haciendo esquemas, calculando cuánto vas a ganar, cuántas personas lo van a ver, cuántas vidas vas a cambiar.
Semana tres: no recuerdas ni para qué era la carpeta que creaste.
Y no es que la idea fuera mala.
¿Por qué te obsesionas y luego lo abandonas todo?
A ver, vamos por partes.
Porque lo que describes no es inconstancia de carácter. No es que seas un vago con ínfulas. Es un patrón muy concreto que tiene una mecánica interna, y entenderla cambia bastante cómo te ves a ti mismo.
Imagínate que tu cerebro es un inversor de capital riesgo con muy mal temperamento. Cuando algo le llama la atención, mete TODO el dinero ahí. Sin diversificar. Sin plan de contingencia. Todo al rojo. Y mientras el proyecto parece novedoso, emocionante, lleno de posibilidades, la inversión sigue. Hay energía. Hay claridad. Hay motivación a mansalva.
Pero en el momento en que la novedad se va y empieza el trabajo real, el trabajo aburrido, el trabajo de hacer lo mismo treinta veces seguidas para que salga bien, el inversor se levanta, recoge su maletín y se va a buscar el siguiente proyecto emocionante.
Sin avisar.
Sin despedirse.
Sin darte siquiera una explicación.
Y tú ahí, con la carpeta abierta, los esquemas a medias y la sensación de que algo va muy mal contigo.
La fase de la obsesión se siente como superpoderes
Esto es lo que hace que sea tan confuso.
Porque cuando estás dentro, no parece un problema. Parece lo contrario. Llevas tres días sin dormir bien pero no te importa porque estás en modo "voy a comerte el mundo". Lees 47 artículos sobre el tema en una tarde. Hablas con todo el que te escucha sobre lo brutal que va a ser esto. Te imaginas el resultado final con un nivel de detalle que flipas.
O sea, se siente como si por fin hubieras encontrado tu vocación. Como si el universo te hubiera dado una señal.
Y luego se va.
Y entonces te dices a ti mismo que eres incapaz de terminar nada. Que siempre haces lo mismo. Que tienes mil ideas y no ejecutas ninguna, como ese patrón que se repite en bucle sin que entiendas bien por qué.
Lo cual es verdad, por cierto. Pero la causa importa.
No te aburres del proyecto. Te aburres de la dopamina que ya no genera.
Aquí está la clave, y es lo que nadie te explica.
No es que el proyecto dejara de ser bueno. Es que tu cerebro dejó de segregar dopamina con él. Y sin dopamina, tu cerebro no tiene combustible para seguir.
En un cerebro con regulación normal de la atención, la motivación funciona más o menos como un motor diésel: arranca despacio, tarda en calentar, pero una vez que está en marcha tira durante horas aunque el camino sea aburrido. La inercia lo sostiene.
En un cerebro que funciona como el mío, la motivación es más bien un coche de gasolina de Fórmula 1 sin depósito: potencia brutal cuando hay estímulo, cero cuando no lo hay. No es que no quieras llegar a la meta. Es que literalmente no tienes combustible para el tramo aburrido.
Y el tramo aburrido es donde se hacen las cosas de verdad.
El tramo aburrido es mandar el email número 47 a alguien que no te contesta. Es seguir editando un vídeo cuando llevas seis horas. Es mantener una rutina la semana que no ves resultados.
Ese tramo, sin el estímulo de la novedad, se vuelve casi imposible.
Pues mira, esto explica también por qué te cansas de todo muy rápido: no es capricho, es que tu cerebro tiene un umbral de novedad muy bajo, y en cuanto lo sobrepasas hacia abajo, se desconecta.
El ciclo tiene nombre
Me obsesiono. Lo devoro todo. Lo abandono.
Me obsesiono. Lo devoro todo. Lo abandono.
Y así llevas años.
Quizá toda la vida.
Este patrón es tan frecuente en personas con TDAH que tiene hasta su propio apodo informal. Y lo gracioso, o lo trágico según cómo lo mires, es que la obsesión inicial no es un problema. Es una de las cosas más potentes que tienes. El problema es que sin estructura externa que sostenga el proyecto cuando la dopamina se va, el proyecto muere.
Y entonces tú te llevas la culpa entera.
"No termino nada." "Soy inconstante." "No sirvo para esto."
Pero no es que no sirvas. Es que tu sistema de combustible es diferente, y nadie te dio el manual.
Te lo digo por experiencia: cuando yo empecé a entender por qué me cuesta todo más que a los demás en según qué tramos, paré de fustigarme y empecé a buscar las herramientas correctas. No magia. No motivación. Estructura externa que sustituye al combustible que mi cerebro no genera solo.
¿Qué hago con esto ahora?
Lo primero, y sé que suena a perogrullada: dejar de interpretar el abandono como un fallo de carácter.
No lo es. Es un sistema de atención que funciona con reglas distintas.
Lo segundo es empezar a diseñar el proyecto para el cerebro que tienes, no para el que te gustaría tener. Eso significa añadir novedad artificial cuando se acaba la natural. Plazos reales. Compromisos públicos. Consecuencias visibles. No porque seas vago. Sino porque tu cerebro necesita el estímulo para arrancar el motor, y si no está ahí de forma natural, tienes que crearlo.
Esto no sustituye hablar con un profesional, por cierto. Si te identificas con todo esto de forma muy intensa, vale la pena consultarlo con un psicólogo o psiquiatra. No porque estés roto. Sino porque entender cómo funciona tu cabeza es la diferencia entre pelear contra ti mismo y trabajar con lo que tienes.
No te voy a engañar: no es sencillo. Pero es infinitamente mejor que seguir pensando que el problema eres tú.
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