Empiezo un idioma nuevo y lo dejo al tercer mes
Descargas la app, compras el libro, haces 30 días seguidos de racha. Y al tercer mes desapareces. No es falta de interés. Es un patrón.
Duolingo. Día 1. Racha activada. Motivación a tope. En tres meses estarás hablando japonés. O francés. O coreano. Da igual cuál, porque el entusiasmo es el mismo independientemente del idioma.
Día 15. Sigues. Orgulloso. La racha crece. Empiezas a soltar frases sueltas en la nueva lengua. Te imaginas pidiéndote un café en Tokio como si fueras de allí.
Día 45. Ya no es tan divertido. La gramática se pone seria. Las lecciones se repiten. Tu racha es un número grande que ya no te emociona. Pero sigues. Por inercia.
Día 90. Se acabó. Un día simplemente no abres la app. Ni al día siguiente. Ni al otro. Y la racha que habías construido se rompe en silencio. Sin drama. Sin decisión consciente. Simplemente desapareces.
Como has desaparecido de todo lo demás.
¿Por qué siempre en el mismo punto?
Es curioso. No es que lo dejes al segundo día, que sería "no me interesa". Ni al año, que sería "he aguantado bastante". Es siempre alrededor del tercer mes. A veces antes. A veces un poco después. Pero hay un momento concreto donde el interés se evapora.
Ese momento tiene una explicación. Es el punto donde la novedad ha muerto del todo y el progreso se ha vuelto invisible. Los primeros días aprendes a decir hola, gracias, me llamo. Cada lección es un descubrimiento. Cada palabra nueva es una victoria.
Pero al tercer mes ya no estás aprendiendo palabras nuevas cada cinco minutos. Estás repasando conjugaciones. Estás luchando con excepciones gramaticales. Estás en la meseta. Y la meseta, para un cerebro que funciona a base de novedad, es la muerte.
Es como una escalera mecánica que de repente se convierte en escalera normal. Tus piernas siguen funcionando, pero el esfuerzo se multiplica por diez. Y tu cerebro dice: "Oye, ¿y si probamos con otro idioma? El coreano parece interesante."
El cementerio de idiomas
Yo tengo un historial de idiomas que da vergüenza. Francés en el instituto. Abandonado. Japonés por los anime. Abandonado. Polaco cuando me vine a vivir aquí. Bueno, ese sigo con él, pero porque lo necesito para sobrevivir. La supervivencia es un motivador potente.
Y cada vez que abandonaba uno, me decía lo mismo: "No tengo capacidad para los idiomas." Como si fuera algo genético. Como si hubiera gente de idiomas y gente que no. Y yo era del segundo grupo.
Pero no era eso. Porque durante las primeras semanas era brillante. Aprendía rápido. Me obsesionaba. Devoraba lecciones como si no hubiera mañana. ¿Cómo alguien que no sirve para los idiomas puede aprender tanto en tan poco tiempo?
La respuesta es que sí sirvo. Lo que no funciona es mi capacidad de mantener el ritmo cuando la emoción se apaga. Y eso no tiene nada que ver con los idiomas. Tiene que ver con cómo mi cerebro gestiona la constancia.
No es el idioma. Es el patrón
Si solo te pasara con los idiomas, sería un tema de preferencia. Pero apuesto a que no es solo con los idiomas.
¿Te pasa también con los hobbies? ¿Con los cursos? ¿Con las rutinas? ¿Con los proyectos personales?
Si miras atrás y ves el mismo patrón en áreas completamente distintas de tu vida, entonces el problema no es ninguna de esas áreas. El problema es algo transversal. Algo que afecta a todo lo que haces, no solo a los idiomas.
Y ese algo transversal suele ser la forma en que tu cerebro maneja la motivación sostenida. Hay cerebros que pueden empujar cuando no hay emoción. Y hay cerebros que se apagan completamente.
Yo le llamo el "interruptor invisible". Está encendido cuando hay novedad. Se apaga solo cuando la novedad muere. Tú no controlas cuándo se apaga. Solo lo descubres cuando ya pasó.
¿Y si no es que seas inconstante?
A ver, te voy a decir algo.
Ese patrón de obsesión inicial seguida de abandono total. Esa incapacidad de mantener el interés más allá de la fase emocionante. Esa frustración de saber que podrías hacerlo pero que algo invisible te frena.
En muchos adultos, eso tiene nombre. Se llama TDAH. Y no, no es lo de los niños hiperactivos. Es exactamente esto: gente inteligente y capaz que empieza todo y no termina nada porque su sistema de motivación obedece a la dopamina, no a la voluntad.
No estoy diciendo que sea tu caso. No soy tu psicólogo y esto no sustituye un diagnóstico profesional. Pero si este patrón se repite en todo lo que haces, merece la pena preguntarte si hay algo más detrás.
Yo lo descubrí tarde. Y ojalá me lo hubieran dicho antes. Porque habría dejado de culparme por los idiomas abandonados, los cursos a medias y las metas que se enfriaban antes de cumplirlas. Y habría empezado antes a trabajar con mi cerebro en vez de contra él.
Entender por qué me cuesta todo más que a los demás fue el primer paso real. Todo lo anterior era echarle ganas a un motor que necesitaba otra gasolina.
Si te has visto en esto, hice un test de 43 preguntas. Diez minutos. Gratis. No diagnostica, pero te ayuda a entender por qué el patrón se repite. Hazlo aquí.
Sigue leyendo
Me olvido de contestar mensajes importantes durante días
Lees el mensaje. Piensas la respuesta. Y tres días después sigues sin contestar. No es que pases de la gente. Es algo que no controlas.
El aburrimiento me genera ansiedad en vez de calma
No puedes estar sin hacer nada. El aburrimiento te inquieta, te pone nervioso, te empuja a hacer cualquier cosa. No es que odies la calma.
Cambio de app de productividad cada mes buscando la definitiva
Todoist. Notion. TickTick. Things. Has probado todas. La app definitiva no existe porque el problema no es la app.
Por qué me cuesta pedir ayuda cuando me bloqueo en el trabajo
Llevas tres horas con un problema que se resuelve con una pregunta. Pero hacerla se siente imposible.