La gente me dice que soy egoísta pero no lo soy: mi cerebro me absorbe
Te dicen que solo piensas en ti, pero no es verdad. Es que tu cerebro consume todos tus recursos y no te deja espacio para más.
"Es que solo piensas en ti."
Me lo han dicho tantas veces que durante una época me lo creí. De verdad. Pensé que era egoísta. Que era esa persona que solo se preocupa de lo suyo, que no se acuerda de los cumpleaños, que no pregunta qué tal estás, que cuando habla solo habla de sus cosas.
Y la verdad es que sí, hago todo eso. Pero no porque solo piense en mí. Sino porque mi cerebro consume tanta energía solo para funcionar en lo básico que no me queda ancho de banda para nada más. Es como tener un ordenador con 47 programas abiertos en segundo plano. No es que no quiera abrir uno más. Es que se me cuelga.
El otro día mi novia me dijo "oye, hoy tenía una reunión importante, te lo dije ayer". Y yo la miré con cara de póker. No me acordaba. No es que no me importara. Es que entre ayer y hoy han pasado 200 pensamientos, tres crisis menores y un hiperfoco con un proyecto que me absorbió durante cuatro horas. Lo de su reunión se quedó por el camino, enterrado bajo todo lo demás.
Y eso no es egoísmo. Eso es un cerebro que no sabe priorizar información.
¿Por qué parece que solo me importo yo?
Vamos a ver. A ver si consigo explicar esto sin que suene a excusa, porque no lo es.
Mi cerebro tiene una lista de prioridades que no he elegido yo. Y en esa lista, lo que está delante de mis ojos siempre gana. Lo inmediato siempre gana. Lo que me genera dopamina ahora mismo siempre gana.
Y las necesidades de los demás rara vez son inmediatas. Rara vez generan dopamina. Así que se quedan en la cola. No porque no sean importantes, sino porque mi sistema de gestión de tareas está roto. No decide por importancia, decide por urgencia y novedad. Y "acordarme de preguntarle a mi amigo por su examen" no es urgente ni novedoso. Así que desaparece.
Pero yo sí me preocupo. Si me dices que estás mal, me preocupo de verdad. Si me cuentas un problema, me involucro. Pero solo si me lo dices. Porque mi cerebro no tiene la función de "comprobar activamente cómo está la gente a mi alrededor". Esa función no existe. No la tengo instalada. No viene de serie en mi modelo de cerebro.
Es como un bombero que es buenísimo apagando incendios pero que no puede detectar el humo. Si me llamas y me dices "hay fuego", corro. Pero si esperas a que yo me dé cuenta de que algo huele raro, estás jodido. Porque no lo huelo.
¿Qué pasa cuando te dicen egoísta tantas veces que te lo crees?
Pues que dejas de intentarlo. Eso es lo que pasa.
Yo pasé una época en la que pensé "vale, soy egoísta, pues es lo que hay". Y dejé de esforzarme en ser atento. Dejé de poner recordatorios de cumpleaños. Dejé de intentar preguntar qué tal. Porque, ¿para qué? Si soy egoísta da igual lo que haga, siempre voy a fallar. Así que mejor no intentarlo y no frustrarse.
Ese fue el peor periodo de mis relaciones. Porque dejé de compensar. Y cuando dejas de compensar, el egoísmo que no es egoísmo se convierte en egoísmo de verdad.
Tardé tiempo en darme cuenta de que había una diferencia enorme entre "soy egoísta" y "no tengo las herramientas para ser atento de forma automática". Lo segundo no me exime de responsabilidad, pero me da un camino. Me dice: vale, necesitas herramientas. Necesitas sistemas. Necesitas compensar conscientemente lo que tu cerebro no hace solo.
Ahora tengo un calendario con los cumpleaños de la gente importante. Tengo recordatorios para preguntar por cosas que me han contado. Tengo una nota en el móvil que dice "cosas pendientes de preguntar a [nombre]". Suena ridículo, lo sé. Suena frío. Como si estuviera gestionando mis relaciones con un CRM.
Pero es que si no lo hago así, no lo hago. Y prefiero ser atento con un sistema raro que ser un desastre sin sistema ninguno.
¿Cómo sé si soy egoísta de verdad o es otra cosa?
Pues mira, hay una pregunta que me hizo mi psicóloga que se me quedó grabada.
"Cuando te das cuenta de que has olvidado algo importante para alguien, ¿te da igual o te sientes mal?"
Si te da igual, puede que sí seas egoísta. Pero si te sientes mal - si te sientes fatal, si te comes la cabeza, si piensas "soy la peor persona del mundo" cada vez que se te olvida algo - entonces no es egoísmo. Es incapacidad. Y hay una diferencia enorme.
El egoísta de verdad no se preocupa por si es egoísta. No lee un artículo sobre egoísmo pensando "hostia, ¿y si soy yo?". El hecho de que estés aquí, leyendo esto, preguntándote si eres mala persona, es la prueba de que no lo eres.
Porque la gente piensa que paso de ellos, pero no es verdad. Y no es verdad. Es que mi cerebro no funciona con las mismas instrucciones que el del resto. Y cuando hablo demasiado y luego me arrepiento porque he monopolizado una conversación entera sin preguntar por la otra persona, no es narcisismo. Es que mi cerebro se enganchó a un tema y no pude frenarlo.
Lo más difícil fue explicárselo a mi familia. Porque tu familia te conoce de toda la vida. Te han visto olvidarte de sus cumpleaños, no preguntar por sus cosas, hablar solo de lo tuyo en las comidas de Navidad. Y para ellos, después de treinta años viéndote hacer eso, decir "no es egoísmo, es que mi cerebro funciona distinto" suena a excusa.
Mi madre me dijo una vez, medio en broma medio en serio: "Hijo, es que tú solo te acuerdas de los demás cuando necesitas algo." Y me dolió. Me dolió porque era parcialmente verdad. No porque solo pensara en mí, sino porque las únicas veces que mi cerebro generaba el impulso de llamarla eran cuando necesitaba algo. Porque necesitar algo es un estímulo. Y mi cerebro necesita estímulos para actuar.
Ahora tengo una alarma que suena los domingos a mediodía que dice "llama a mamá". Y llamo. Y ella no sabe que la alarma existe. Y probablemente sea mejor así. Porque lo importante no es que me salga espontáneo. Lo importante es que llame.
Si te sientes identificado con esto, si la gente te dice que solo piensas en ti pero tú sabes que no es así, si te esfuerzas el doble que los demás para hacer cosas que a ellos les salen solas, puede que tu cerebro tenga una forma de funcionar que no es la estándar. No mejor ni peor. Diferente. Y cuando lo entiendes, dejas de sentirte culpable y empiezas a construir sistemas que compensen.
Porque detrás de ese "egoísmo" puede haber algo que no es un defecto moral. Es un cableado distinto. Y eso, aunque no lo arregla todo, lo cambia todo. Porque cuando me aburro de la gente no es que sea un desalmado. Es que mi cerebro necesita novedad como necesita oxígeno.
No soy psicólogo ni pretendo diagnosticar a nadie. Si lo que has leído te ha resonado de una forma que te inquieta, habla con un profesional. Mientras tanto, tengo un test de 43 preguntas que puede darte un primer punto de partida. Hacer el test TDAH.
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