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Jobs vs Gates: dos formas de pensar diferente con TDAH

Jobs era impulsividad pura. Gates era hiperfoco puro. Dos cerebros que no encajaban, dos imperios, y un patrón que nadie quiere ver.

tdahfamosos

Jobs era el caos. Gates era el sistema. Uno gritaba a sus ingenieros, el otro se balanceaba en la silla mientras procesaba datos. Dos cerebros que no encajaban en el mundo normal. Dos formas opuestas de no encajar.

Y sin embargo, los dos terminaron cambiando la forma en que el planeta entero usa la tecnología. Desde garajes y habitaciones de universidad, sin seguir las reglas de nadie.

Algo no cuadra en la narrativa oficial.

El caos contra el método

Si pones a Steve Jobs y a Bill Gates en la misma habitación, lo primero que notas es que parecen de especies diferentes.

Jobs era el tipo que llamaba a un ingeniero a las dos de la mañana porque un icono tenía el tono de azul equivocado. Que cancelaba proyectos enteros a tres semanas del lanzamiento porque "no era lo bastante bueno". Que despedía gente en un ascensor. Su forma de trabajar era una tormenta eléctrica constante: flashes de genialidad mezclados con explosiones que dejaban a todo el mundo chamuscado.

Gates era el que se sentaba a programar durante 36 horas seguidas hasta que sus compañeros le encontraban dormido encima del teclado. El que se mecía hacia adelante y hacia atrás en la silla mientras procesaba información, como si su cuerpo necesitara moverse para que su cabeza pudiera pensar. El que veía un microordenador en la portada de una revista y no podía pensar en nada más durante semanas hasta construir algo para él.

Jobs actuaba primero y pensaba después. Gates pensaba tanto que se olvidaba de actuar en todo lo demás.

Dos formas opuestas de funcionar. Pero si las miras con lupa, son dos manifestaciones del mismo tipo de cerebro.

¿Qué comparten Jobs y Gates más allá de la tecnología?

Ninguno de los dos tiene un diagnóstico público de TDAH. Eso hay que dejarlo claro. No somos neurólogos de barra de bar y nadie va a ponerles una etiqueta que ellos no se pusieron.

Pero los rasgos documentados están ahí. Y son llamativos.

Jobs

Gates

Impulsividad y hiperfoco. Las dos caras del TDAH. Los dos extremos del mismo espectro. El cerebro que actúa sin filtrar y el cerebro que se engancha sin soltar.

Y los dos abandonaron la universidad porque lo que les ofrecían les parecía una pérdida de tiempo comparado con lo que ya estaban viendo en su cabeza.

Dos estilos de liderazgo, un mismo motor

Aquí es donde la cosa se pone interesante.

Jobs lideraba como un volcán. Sus empleados le tenían una mezcla de admiración y terror que ellos mismos bautizaron como "campo de distorsión de la realidad". Cuando Jobs entraba en una sala, la realidad se deformaba a su alrededor. Podía convencerte de que lo imposible era posible y de que lo posible era inaceptable. Todo a la vez. En cinco minutos.

Eso tiene un nombre en el vocabulario del TDAH: regulación emocional errática. La misma intensidad que le hacía inspirar a miles de personas era la que le hacía gritar a un becario por la tipografía de una presentación interna. Sin filtro. Sin volumen intermedio. Cero o cien.

Gates lideraba como un procesador. Se sentaba, escuchaba, se balanceaba, procesaba. Y cuando hablaba, cada frase parecía haber pasado por siete filtros lógicos antes de salir de su boca. Pero ojo: no era frialdad. Era un cerebro tan enganchado al problema que todo lo demás, incluidas las emociones y las formas sociales, quedaba en segundo plano.

Sus reuniones técnicas en Microsoft eran legendarias. Gates bombardeaba a sus ingenieros con preguntas hasta que encontraba el punto débil de cualquier argumento. No era crueldad. Era hiperfoco aplicado a personas. Su cerebro no podía soltar el problema hasta haberlo entendido por completo. Y si para eso tenía que hacerte sudar durante dos horas, te hacía sudar durante dos horas.

Dos estilos opuestos. Pero los dos nacen del mismo sitio: un cerebro que no funciona en modo estándar.

La parte que nadie quiere contar

Jobs fue expulsado de Apple. De la empresa que él mismo fundó. Porque era demasiado. Demasiado intenso, demasiado impulsivo, demasiado impredecible. La junta directiva decidió que la empresa iría mejor sin él. Es la versión corporativa de cuando el colegio te dice que no encajas.

Gates tuvo sus propios costes. La obsesión con Microsoft durante décadas le pasó factura personal. Las relaciones sufrieron. El equilibrio vital era un concepto que su cerebro no procesaba. Cuando te duermes encima del teclado programando a las cuatro de la mañana no es porque seas disciplinado. Es porque tu cabeza no sabe parar.

Eso es lo que no sale en las portadas de Forbes.

El mismo cerebro que te permite construir un imperio tecnológico es el que te impide dormir, mantener relaciones estables, o simplemente estar en paz cinco minutos seguidos. No puedes quedarte con la parte bonita y descartar el resto. Es un pack completo.

Dos formas de no encajar que cambiaron el mundo

Lo fascinante del caso Jobs contra Gates es que demuestran que no existe un solo tipo de cerebro "diferente". No hay un molde único.

Jobs era el fuego. Rápido, impulsivo, destructivo y creativo a partes iguales. Su forma de no encajar era ruidosa, visible, imposible de ignorar.

Gates era el agua. Lento en apariencia, imparable en el fondo. Su forma de no encajar era silenciosa, casi invisible. Nadie le veía no encajar. Simplemente veían a un tipo raro que se balanceaba en la silla y sabía mucho de ordenadores.

Y los dos, cada uno a su manera, cambiaron las reglas del juego de la misma forma que otros empresarios con cerebros similares. No porque superaran su neurología. Sino porque encontraron un terreno donde su neurología era exactamente lo que se necesitaba.

Jobs necesitaba un mundo donde la impulsividad se llamara "visión" y los cambios bruscos se llamaran "innovación". Lo encontró en Apple.

Gates necesitaba un mundo donde el hiperfoco de 36 horas se llamara "dedicación" y la obsesión por los detalles se llamara "excelencia técnica". Lo encontró en Microsoft.

El mismo cerebro que en un colegio de los sesenta era un problema, en Silicon Valley era un arma.

La pregunta no es si Jobs o Gates tenían TDAH. La pregunta es qué habría pasado si alguien les hubiera dicho a los seis años que su cerebro era defectuoso y que tenían que aprender a ser como los demás.

Probablemente no estarías leyendo esto desde el dispositivo que tienes en la mano.

Si te identificas más con el caos de Jobs o con el hiperfoco de Gates (o con alguna mezcla rara de los dos), puede que merezca la pena entender cómo funciona tu cerebro antes de intentar cambiarlo.

Hacer el test de TDAH

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