Ser ingeniero con TDAH: entre la precisión y el caos
La ingeniería pide exactitud milimétrica. Tu cerebro TDAH ofrece ideas a ráfagas y olvidos a traición. Así se sobrevive a esa paradoja.
Fórmulas, planos, plazos.
La ingeniería pide exactitud milimétrica. Que cada cálculo cierre. Que cada variable esté donde tiene que estar. Que cada entrega llegue en fecha, revisada, firmada y sin un decimal fuera de sitio.
Y luego está tu cerebro.
Tu cerebro que a las 11 de la mañana decide que es buen momento para investigar por qué los puentes colgantes oscilan con el viento, cuando tú lo que tienes que entregar es un plano de instalaciones eléctricas para el jueves.
Bienvenido a la paradoja del ingeniero con TDAH.
¿Se puede ser buen ingeniero con TDAH?
La respuesta corta: sí.
La respuesta larga: sí, pero no de la forma en que te enseñaron en la universidad.
Porque la ingeniería, al menos la que te venden en la carrera, parece diseñada para cerebros que funcionan como relojes suizos. Método, secuencia, repetición. Paso uno, paso dos, paso tres. Cada etapa alimenta la siguiente. Si te saltas una, el edificio se cae. Literalmente.
Y tu cerebro no funciona así.
Tu cerebro funciona a ráfagas. Tienes días en los que resuelves en dos horas lo que a otros les lleva dos semanas. Y tienes días en los que no puedes ni abrir el Excel del proyecto sin que tus ojos se desvíen a otra pestaña del navegador.
El problema no es la inteligencia. Nunca fue la inteligencia. El problema es que tu cerebro funciona con dopamina, no con disciplina. Y un cálculo de estructuras a las tres de la tarde un martes de noviembre no genera exactamente un chute de dopamina.
La carrera que te enseñó a odiarte
Tengo amigos ingenieros con TDAH. Y todos me cuentan variaciones de la misma historia.
En primero iban bien. Porque era nuevo. Porque había que demostrar algo. Porque el cerebro todavía encontraba dopamina en la novedad de los apuntes, los laboratorios, los compañeros nuevos.
En segundo empezó el bajón. Las asignaturas se pusieron densas. Los exámenes se acumulaban. Y el método de estudio que funcionaba en el instituto (no estudiar hasta tres días antes y aprobar de milagro) dejó de servir.
En tercero, crisis. Asignaturas suspensas que se arrastraban. Sensación de que todos avanzan menos tú. Compañeros que se organizan, que hacen esquemas, que van al día. Y tú con 47 pestañas abiertas, un café frío y la sensación permanente de que algo va mal contigo.
No iba mal contigo. Iba diferente.
Pero nadie te dijo eso. Te dijeron que te esforzaras más. Que te organizaras mejor. Que pusieras más ganas.
Y tú ponías más ganas. Y seguías llegando tarde a las entregas, olvidando reuniones de grupo y perdiendo los apuntes que juraste que habías guardado en alguna carpeta.
La consistencia en el estudio con TDAH no funciona con fuerza de voluntad. Funciona con sistemas. Y nadie te enseña eso en una escuela de ingeniería.
El hiperfoco: tu arma secreta (y tu peor trampa)
Aquí viene lo que nadie espera.
El ingeniero con TDAH no es peor que el que no lo tiene. En muchos aspectos es mejor. Porque cuando algo le engancha, cuando un problema le pica la curiosidad, entra en un modo que los neurotípicos no conocen.
El hiperfoco.
Ese estado en el que desaparece el mundo. En el que las horas se comprimen. En el que resuelves un problema complejo que llevaba semanas atascado porque tu cerebro decidió que hoy ese problema es lo más interesante del universo.
Es el mismo mecanismo que tiene un DJ o un músico con TDAH cuando se pierde en el escenario. Solo que tú te pierdes en una hoja de cálculo o en un modelo 3D. Menos glamuroso, pero igual de potente.
El problema es que no eliges cuándo aparece.
No puedes decirle a tu cerebro "oye, necesito hiperfoco para este informe que es para mañana". Tu cerebro te contesta "no, pero mira, he encontrado un vídeo de cómo funcionan los reactores nucleares, ¿vemos ese?".
Y ahí está la trampa. Porque el hiperfoco a veces se activa con lo que necesitas. Y a veces se activa con algo que no tiene nada que ver con tu trabajo. Y distinguir esos dos modos es la diferencia entre el ingeniero con TDAH que rinde y el que se quema.
Lo que funciona (y no te enseñan en la universidad)
No voy a darte una lista de consejos de productividad genéricos. Eso ya lo has leído mil veces y no te ha funcionado porque no estaba pensado para tu cerebro.
Lo que sí funciona para ingenieros con TDAH es algo más sencillo y más difícil a la vez: aceptar que tu forma de trabajar es distinta y construir alrededor de eso.
Significa que si trabajas mejor a las 11 de la noche que a las 9 de la mañana, dejes de pelearte con el horario de oficina y negocies flexibilidad. Que si necesitas moverte cada 40 minutos, no te obligues a estar sentado cuatro horas seguidas porque "así trabajan los demás". Que si un proyecto tiene 15 pasos y tú no puedes pensar en más de 3 a la vez, partas esos 15 en bloques de 3 y los ataques por separado.
No es hacer menos. Es hacer diferente.
Y sobre todo: significa dejar de compararte con el compañero que lleva el proyecto al día, tiene el escritorio ordenado y nunca se le olvida una reunión. Ese compañero no es mejor ingeniero que tú. Tiene un cerebro que le facilita lo que a ti te cuesta. Nada más. Tú tienes otras ventajas que él no tiene. Como esa capacidad de ver conexiones donde otros ven partes sueltas. O esa creatividad para resolver problemas de formas que no están en ningún manual.
El diagnóstico que llega tarde (o no llega)
Muchos ingenieros con TDAH no se enteran de que lo tienen hasta los 30. O los 35. O los 40. Porque sacaron la carrera. Porque tienen trabajo. Porque "no pueden tener TDAH si son ingenieros".
Esa frase. Esa maldita frase.
Como si el TDAH solo existiera en niños que suspenden mates. Como si tener un título universitario anulara un trastorno neurológico. Como si el esfuerzo brutal que hiciste para aprobar cada examen fuera prueba de que no pasa nada, en vez de prueba de que algo pasaba y tú compensabas a base de ansiedad y noches sin dormir.
El TDAH no mide tu inteligencia. Mide cómo regula tu cerebro la atención, los impulsos y las emociones. Puedes ser brillante y tener TDAH. Puedes ser ingeniero y tener TDAH. Puedes tener un máster, un doctorado y tres patentes, y tener TDAH.
Lo uno no cancela lo otro.
Y reconocerlo no es debilidad. Es información. Información que te permite dejar de pelear contra ti mismo y empezar a trabajar con tu cerebro en vez de contra él.
No eres un ingeniero roto
Eres un ingeniero que funciona con un sistema operativo diferente.
Uno que a veces se cuelga en las tareas aburridas. Que necesita reinicios frecuentes. Que consume más recursos para las cosas rutinarias. Pero que cuando encuentra el proceso adecuado, rinde como pocos.
La ingeniería necesita cerebros así. Cerebros que cuestionen el método establecido. Que encuentren atajos donde otros ven pasos obligatorios. Que se obsesionen con un problema hasta resolverlo.
Solo necesitas dejar de intentar funcionar como un cerebro que no es el tuyo.
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