La impaciencia con TDAH: tu cerebro no tiene modo espera
La ruedita de carga, el semáforo en rojo, la cola del súper. Situaciones normales que con TDAH son tortura. Por qué tu cerebro no sabe esperar.
La ruedita de carga de un vídeo. El semáforo en rojo. La cola del supermercado.
Tres situaciones normales que para ti son tortura china.
Y no es que seas una persona impaciente. Bueno, sí. Pero no es capricho. No es que te hayas malacostumbrado a la inmediatez. No es que "la generación de hoy no sabe esperar".
Es que tu cerebro, literalmente, no tiene modo espera.
¿Por qué esperar duele cuando tienes TDAH?
Para un cerebro neurotípico, esperar es incómodo. Te aburres, piensas en tus cosas, y el tiempo pasa.
Para un cerebro con TDAH, esperar es como estar sentado en una silla con un clavo suelto. No puedes pensar en otra cosa. No puedes relajarte. No puedes "simplemente tener paciencia". Cada segundo que pasa es un segundo que tu cerebro registra como vacío. Y los segundos vacíos son el peor enemigo de un cerebro que funciona con dopamina, no con disciplina.
Porque ahí está la clave. La dopamina.
Cuando tu cerebro tiene niveles bajos de dopamina, cualquier pausa se convierte en sufrimiento. No estoy exagerando. La espera no te aburre. Te irrita. Te pone nervioso. Te hace sentir que estás perdiendo el tiempo de una forma que no puedes explicar. Es una urgencia física, no mental. Las piernas se mueven. Los dedos tamborilean. Miras el móvil, lo guardas, lo vuelves a sacar. Suspiras. Miras la hora. Han pasado 40 segundos.
40 segundos.
Y ya estás al borde.
El microondas y los 30 segundos más largos del mundo
Mi momento revelación fue con el microondas.
Puse la comida a calentar. Un minuto treinta. Y no pude quedarme ahí de pie esperando. Cogí el móvil. Abrí Twitter. Leí medio hilo. Cerré Twitter. Abrí el frigorífico. Lo cerré. Volví a mirar el microondas. Quedaban 58 segundos.
58 segundos y yo ya había hecho cuatro cosas intentando rellenar el hueco.
Eso no es impaciencia normal. Eso es un cerebro que necesita estímulo constante y que cuando no lo recibe entra en una especie de cortocircuito. Como un motor al ralentí que vibra demasiado. No se apaga, pero tampoco funciona bien. Solo hace ruido.
Y lo peor es que lo sabes. Sabes que es un minuto. Sabes que no pasa nada. Sabes que no se va a acabar el mundo si esperas de pie 90 segundos sin hacer nada. Pero tu cuerpo no coopera. Tu cerebro no coopera. Y acabas sintiéndote ridículo por no poder esperar a que se caliente un plato de pasta.
La cola del súper y la fantasía de irte sin comprar
Ahí es donde la impaciencia pasa de anécdota graciosa a problema real.
Estás en la cola del supermercado. Hay tres personas delante. La primera está pagando en monedas. La segunda tiene un problema con una oferta. La tercera está buscando la tarjeta en un bolso que parece la cueva de Alí Babá.
Y tú empiezas a sentir algo en el pecho. Una presión. Un calor. No es enfado exactamente. Es algo más primitivo. Es tu cerebro diciéndote: esto es insoportable, tienes que hacer algo, tienes que moverte, tienes que salir de aquí.
He dejado cestas de la compra en el suelo y me he ido.
Más de una vez.
No porque tuviera prisa. No porque tuviera algo urgente. Simplemente porque mi cerebro decidió que esperar cinco minutos más era peor que volver al día siguiente.
Y luego viene la culpa. Porque sabes que es absurdo. Sabes que la gente normal espera en colas sin que les dé un cortocircuito. Y te preguntas qué te pasa. Por qué eres así. Por qué no puedes simplemente quedarte quieto como todo el mundo.
¿Es impaciencia o es intolerancia a la frustración?
Aquí viene lo importante.
Lo que llamamos impaciencia en el TDAH no es solo "no querer esperar". Es algo más profundo. Se llama baja tolerancia a la frustración, y es uno de los síntomas menos conocidos pero más presentes en el día a día.
Tu cerebro no tiene regulador de volumen emocional. Las emociones llegan a tope. Siempre. Y la frustración de esperar no es una molestia suave. Es una frustración al máximo volumen. Sin filtro. Sin amortiguador.
Por eso esperar en un semáforo te pone de los nervios. Por eso cuando alguien tarda en contestar un mensaje te come la ansiedad. Por eso cuando una página web tarda tres segundos en cargar cierras la pestaña y abres otra cosa. No es que seas maleducado. No es que no tengas modales. Es que tu cerebro procesa la espera como una amenaza. Y reacciona en consecuencia.
Las consecuencias que nadie ve
La impaciencia con TDAH no es solo un rasgo gracioso. Tiene consecuencias reales.
En las relaciones: interrumpes a la gente porque ya sabes lo que van a decir. O crees que lo sabes. Terminas las frases de los demás. Cambias de tema antes de que el otro haya acabado. Y la persona al otro lado piensa que no te importa lo que dice. Que no escuchas. Que eres egoísta.
No lo eres. Pero explicar "es que mi cerebro va más rápido que la conversación" suena a excusa barata incluso cuando es verdad.
En el trabajo: te frustras cuando un proyecto va lento. Quieres resultados ya. No dentro de tres meses. Ya. Y cuando no llegan, pierdes interés. Saltas a otra cosa. La frustración de intentar y sentir que nunca es suficiente se acumula hasta que un día simplemente dejas de intentarlo.
En la vida cotidiana: no puedes ver una serie sin adelantar. No puedes leer un artículo largo sin saltar párrafos. No puedes escuchar un audio de WhatsApp de más de 30 segundos sin acelerarlo a 2x. Todo tiene que ser rápido. Todo tiene que ser ya. Y cuando algo no lo es, tu cerebro desconecta.
¿Qué puedes hacer con esto?
No voy a decirte que "practiques la paciencia". Eso sería como decirle a alguien miope que practique ver de lejos.
Lo que sí funciona es entender qué pasa. Saber que la impaciencia no es un defecto de carácter. Es un cerebro que necesita estímulo constantemente y que cuando no lo recibe, entra en modo emergencia.
Y desde ahí, puedes hacer cosas concretas.
Llevar siempre auriculares. Un podcast, música, lo que sea. Algo que le dé a tu cerebro un estímulo mientras esperas. La cola del súper con un podcast es otra experiencia completamente distinta.
Anticipar las esperas. Si sabes que vas al médico y vas a esperar, lleva algo que hacer. No "lleva un libro". Lleva algo que realmente te enganche. Un juego en el móvil. Un vídeo descargado. Algo que compita con la urgencia de tu cerebro por hacer otra cosa.
Moverte. Los pies. Las manos. Un bolígrafo para girar. Algo. Tu cuerpo necesita gastar esa energía que la espera acumula. No es nerviosismo. Es tu cerebro pidiendo estímulo a gritos.
Y sobre todo: dejar de machacarte por ello. No eres impaciente porque quieras. No eres borde porque te irrite esperar. No eres peor persona porque una cola de cinco personas te provoque ganas de salir corriendo.
Eres una persona cuyo cerebro funciona diferente. Y cuando lo entiendes, dejas de pelearte contigo mismo.
Que ya bastante tienes con pelearte con el microondas.
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Si la cola del súper te genera más ansiedad que un examen final, quizá el problema no es la cola. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico. Es un primer paso para entender por qué tu cerebro no tiene botón de pausa. 10 minutos.
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