Enviar el mensaje a la persona equivocada con TDAH: la pesadilla del doble check
El mensaje iba para tu amigo. Lo mandaste a tu jefe. Con TDAH, el doble check llega siempre tarde. Y la vergüenza, siempre pronto.
El mensaje iba para tu amigo. Lo has mandado a tu jefe. Y no era precisamente profesional.
"Tío, menuda mierda de reunión, me he quedado dormido con los ojos abiertos."
Enviado. Doble check azul. A tu jefe directo.
Y en ese momento tu cerebro hace algo muy curioso: se congela. No reacciona. No busca solución. Se queda mirando la pantalla como si pudiera rebobinar el tiempo a base de fuerza de voluntad.
Tres segundos después, el pánico.
¿Por qué las personas con TDAH envían mensajes a la persona equivocada?
Porque nuestro cerebro no revisa. No tiene ese paso intermedio entre "escribir" y "pulsar enviar" que la mayoría de la gente da por hecho.
Es un problema de atención dividida. Tienes cuatro conversaciones abiertas, una notificación parpadeando arriba, estás pensando en lo que vas a cenar, y tu dedo ya ha pulsado enviar antes de que tu corteza prefrontal haya tenido tiempo de decir "espera, ¿a quién le estás escribiendo?".
No es imprudencia. Es que el filtro que frena, el que revisa, el que dice "para, mira el nombre del destinatario", funciona a medio gas. Tu cerebro va más rápido que tu capacidad de supervisión. Siempre.
Es como escribir un email borracho pero estando sobrio. Tu cuerpo está aquí, pero tu atención está en tres sitios a la vez. Y ninguno de esos sitios es "verificar a quién le estoy mandando esto".
¿Es solo un despiste o hay algo más?
La gente sin TDAH también manda mensajes al contacto equivocado. Pero les pasa una vez al año, se ríen, y siguen con su vida.
A ti te pasa cada semana. O cada dos semanas. O cada vez que usas el móvil haciendo otra cosa, que es siempre.
Y lo peor no es el error en sí. Lo peor es lo que viene después.
Porque cuando mandas un mensaje a la persona equivocada y tienes TDAH, no piensas "bueno, qué torpe". Piensas "soy un desastre. Siempre la cago. ¿Cómo puedo ser tan inútil?". Y ese pensamiento no dura cinco minutos. Dura días, semanas, meses. Se queda pegado como un chicle en la suela.
Es la misma mecánica que con los emails del trabajo que se te acumulan sin contestar. No es que no te importe. Es que tu cerebro gestiona tan mal la transición entre "quiero hacerlo" y "lo estoy haciendo" que el error se cuela por la grieta.
Las variantes de la pesadilla
Porque no es solo el mensaje de texto. Es todo el ecosistema de comunicaciones digitales convertido en un campo de minas.
El audio de WhatsApp de tres minutos que mandas al grupo equivocado. Donde hablabas mal de alguien que está en ese grupo.
El email de trabajo que reenvías con todo el hilo, incluyendo esa parte donde tu compañero llamaba al cliente "el pesado de las 14 reuniones".
El comentario en Instagram que escribes en el post de tu ex pensando que estabas en el de tu amigo.
La respuesta a una story donde dices "jajaja qué feo" y era la foto de alguien que te acaba de seguir.
Cada uno de estos momentos es una descarga eléctrica de vergüenza que tu cerebro con TDAH archiva como "prueba de que eres un desastre". Y tu cerebro es muy bueno archivando pruebas en tu contra.
¿Se puede hacer algo o esto es así para siempre?
Se puede. No perfectamente, pero se puede.
El truco no es "prestar más atención". Si pudieras prestar más atención, ya lo estarías haciendo. Es como decirle a alguien miope que mire más fuerte. No funciona así.
Lo que funciona es crear barreras externas que hagan el trabajo que tu cerebro no va a hacer.
WhatsApp tiene la opción de eliminar mensajes. Actívala siempre. No soluciona todo, pero te da unos segundos de margen que a veces son la diferencia entre el desastre y el "uf, por poco".
Los emails puedes configurarlos con retardo de envío. Gmail te deja poner un margen de 30 segundos. Son 30 segundos de oro para un cerebro que siempre pulsa enviar antes de pensar.
Y los audios de WhatsApp. No los mandes. En serio. Si tienes algo largo que decir, escríbelo. Porque un audio no se puede editar, no se puede borrar parcialmente, y si lo mandas al grupo equivocado, ahí se queda, con tu voz y todo, para que lo escuche quien no debe.
Lo que nadie te dice sobre el despiste crónico
Que no es gracioso. Aunque lo parezca.
Cuando cuentas que mandaste un mensaje a tu jefe diciendo "menuda mierda de reunión", la gente se ríe. Y tú te ríes. Porque es más fácil reírse que decir "esto me pasa constantemente y me hace sentir que no soy capaz de funcionar como un adulto normal".
Es la misma sensación que cuando te llegan multas por despistes que no entiendes cómo has cometido. No es un momento aislado. Es un patrón. Y cuando lo ves como patrón, ya no hace tanta gracia.
Pero aquí va lo importante: el patrón no es porque seas torpe, descuidado o irresponsable. El patrón es porque tu cerebro procesa los estímulos de forma diferente. Va rápido cuando debería ir lento. Se distrae cuando debería estar enfocado. Y suelta cosas antes de haberlas filtrado.
No eres un desastre. Eres alguien con un cerebro que necesita más barreras externas y menos autoexigencia interna.
Y si te has mandado un mensaje a la persona equivocada hoy, respira. No eres el primero. No serás el último. Y probablemente el mensaje no era tan grave como tu cerebro te está diciendo que era.
Probablemente.
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