Por qué me identifico con Branson (y tú probablemente también)
Richard Branson tiene TDAH y dislexia diagnosticados. Abandonó el colegio a los 16 y montó Virgin a los 20. Esto es lo que siento cuando leo su historia.
Hay personas cuya historia lees y sientes que alguien te está describiendo a ti.
No de manera metafórica, no en plan "ah, qué inspirador". Sino de verdad. Con esa sensación de que alguien vivió antes lo que tú estás viviendo ahora y nadie te avisó.
Richard Branson es una de esas personas para mí.
¿Quién es Branson y por qué debería importarte?
Si no sabes quién es: fundador de Virgin, el tipo con el pelo largo y la sonrisa eterna, el que compró una isla privada, el que intentó ir al espacio con su propia empresa. Tiene más de 400 empresas bajo el paraguas de Virgin. Aerolíneas, discográficas, hoteles, trenes, una compañía espacial.
Cuatrocientas empresas.
Yo ya me pierdo con tres proyectos abiertos en paralelo y considero que eso es control.
Pero lo que no todo el mundo sabe de Branson es esto: tiene TDAH y dislexia diagnosticados. Abandonó el colegio a los 16 años. Su director le dijo, literalmente, que acabaría en la cárcel o haciéndose millonario. No fue predicción. Fue insulto. Pero acertó a medias.
Puedes leer más sobre su historia en detalle en el post sobre Richard Branson.
El cerebro que no para
Lo que me engancha de Branson no es el éxito. Es el patrón.
El cerebro que no puede hacer solo una cosa. El que ve una oportunidad y antes de terminar de procesarla ya está pensando en la siguiente. El que se aburre cuando algo ya funciona bien porque si funciona ya no necesita ser arreglado y arreglar cosas es lo que nos encanta.
Eso lo entiendo.
Yo no tengo 400 empresas. Tengo cursos online, un blog, un canal de YouTube, una newsletter, un sistema de productividad que reescribo cada seis meses porque me aburro del anterior. Y cada vez que alguien me dice "¿por qué no te centras en una sola cosa?" tengo que morderme la lengua.
Porque la pregunta asume que centrarme en una sola cosa es fisiológicamente posible para mí.
No lo es.
No es pereza. No es falta de disciplina. Es que el cerebro con TDAH necesita novedad como un coche necesita combustible. Sin novedad no hay dopamina. Sin dopamina no hay motor.
Branson lo entendió antes que yo, supongo. Aunque él nunca lo explicó con esas palabras porque en los años 70 nadie sabía qué era el TDAH. Solo sabían que ese chaval no encajaba en el sistema y el sistema prefirió echarlo antes que adaptarse.
Abandonar el colegio no fue valentía. Fue supervivencia.
Aquí viene lo que a nadie le gusta escuchar.
Cuando Branson dejó el colegio a los 16 no fue porque fuera un rebelde genial con visión de futuro. Fue porque el sistema escolar era una tortura activa para alguien con dislexia y TDAH sin diagnosticar. Las notas no reflejaban su inteligencia. Reflejaban lo mal que encajaba su forma de procesar información en un molde diseñado para otros cerebros.
El sistema no le falló. Le ignoró directamente.
Y eso es algo que reconozco. No en los mismos términos, no con el mismo dramatismo. Pero sí ese momento de "esto no está hecho para mí y no sé si el problema soy yo o el sistema". Spoiler: suele ser el sistema.
Lo que Branson hizo después fue construir un entorno a su medida. Rodearse de personas que gestionaran lo que él no podía. Delegar sin miedo. Centrarse en lo que le energizaba y soltar lo demás.
Eso no es irresponsabilidad. Es inteligencia adaptativa.
Los mil proyectos no son un defecto
Esto es lo que más me cuesta explicarle a la gente.
Cuando digo que tengo diez ideas en marcha al mismo tiempo la reacción habitual es una mezcla de preocupación y condescendencia. "Rubén, necesitas centrarte." "No puedes hacer todo a la vez." "Termina algo antes de empezar lo siguiente."
Y tienen razón en cierta medida. La ejecución requiere foco. No puedo publicar diez cursos en paralelo.
Pero la generación de ideas, la visión, ver conexiones donde otros no las ven... eso no es un problema a resolver. Es una ventaja que hay que aprender a gestionar.
Branson no montó 400 empresas porque fuera disperso sin remedio. Las montó porque veía huecos de mercado constantemente, tenía energía para perseguirlos, y aprendió a rodearse de personas que cerraban lo que él abría.
No curó su TDAH. Lo convirtió en metodología.
Yo estoy en eso. A mucha más escala, sin isla privada y con bastante más desorden. Pero en eso.
El puente que quiero que veas
Si te identificas con lo que estoy describiendo, si estás leyendo esto asintiendo y pensando "hostia, soy yo", quiero que pares un segundo.
Porque esto no es un post motivacional del tipo "mira lo que consiguió Branson, tú también puedes". Eso es simplismo y te mereces algo mejor.
Lo que quiero que veas es el patrón real. Branson no triunfó a pesar del TDAH. Triunfó en parte gracias a características que van ligadas al TDAH y que el sistema escolar castigó porque no encajaban en su molde.
La misma historia con Michael Phelps, por cierto. Si no lo has leído, tengo otro post donde cuento por qué me identifico con Phelps. Y con Edison también, que es otro caso fascinante de cerebro que el sistema intentó romper sin conseguirlo. Puedes leerlo en el post sobre Edison y el TDAH.
El hilo es el mismo: cerebros que no encajaban donde se les metió, que encontraron o crearon contextos donde su manera de funcionar era una ventaja, y que cambiaron algo en el mundo mientras el sistema que les rechazó seguía mirando para otro lado.
¿Y tú?
¿Cuántas veces te han dicho que eres demasiado disperso, demasiado inquieto, demasiado incapaz de terminar lo que empiezas?
¿Cuántas veces has pensado que el problema eres tú?
A lo mejor el problema es que llevas toda la vida intentando funcionar con un cerebro que no es el tuyo. Siguiendo sistemas diseñados para otras personas. Juzgándote por métricas que nunca tuvieron en cuenta cómo funciona tu cabeza.
El primer paso, antes de cualquier estrategia, antes de cualquier herramienta, es entender con qué cerebro estás trabajando.
Si quieres saber si lo tuyo es TDAH o simplemente tienes mucha energía mal canalizada, empieza por aquí: haz el test de TDAH. Es gratuito, son 43 preguntas y en 10 minutos tienes una imagen mucho más clara de cómo funciona tu cabeza.
No es un diagnóstico. Pero es un punto de partida honesto.
Branson tardó décadas en entenderse. Tú no tienes que esperar tanto.
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