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Por qué me identifico con Edison (y tú probablemente también)

Edison dormía 4 horas, tenía 1.093 patentes y le expulsaron del colegio a los 12. No sentí admiración al leer su historia. Sentí reconocimiento.

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Cuando leí por primera vez la historia de Thomas Edison no pensé "qué tipo tan listo".

Pensé: "este tío tiene lo mío".

No sé si fue el dato de que dormía cuatro horas porque su cabeza no podía parar. O que le expulsaron del colegio con doce años porque el maestro dijo que era "demasiado lento para aprender". O que tenía mil proyectos activos a la vez y en vez de verlo como un problema lo llamaba método.

Fuera lo que fuese, el reconocimiento fue inmediato. No admiración. Reconocimiento.

Y esa diferencia importa mucho.

¿Qué tiene que ver un inventor del siglo XIX con tu cerebro en 2025?

Edison no tiene diagnóstico formal de TDAH. No podría tenerlo: murió en 1931 y el nombre del trastorno ni existía. Pero los indicios están por todas partes si sabes lo que buscas.

Hiperactividad que le hacía trabajar de noche cuando el laboratorio quedaba vacío. Saltar de proyecto en proyecto sin terminar los anteriores. Una incapacidad casi física de quedarse en una sola línea de investigación. Impulsividad en decisiones que dejaba a sus socios con cara de póker. Y una energía que sus contemporáneos describían como imposible de seguir.

Eso no es genio abstracto. Eso es un cerebro que funciona de una forma concreta.

Lo curioso es que Edison no lo vivía como un defecto. Lo vivía como un motor. Cuando le preguntaban cómo aguantaba tantos fracasos, decía que no había fracasado: había encontrado diez mil formas que no funcionaban. Eso no es filosofía de autoayuda. Eso es literalmente cómo funciona un cerebro que no puede quedarse enganchado en el error porque ya está pensando en lo siguiente.

¿Por qué le expulsaron a los doce años?

Aquí está la parte que más me duele cuando la leo.

El maestro de Edison le mandó una nota a casa diciendo que el niño era "demasiado confuso para aprender". Su madre, Nancy, que era profesora, la leyó, la guardó y le dijo a Thomas que el maestro había escrito que era un genio demasiado avanzado para el sistema escolar y que ella iba a educarlo en casa.

Edison no supo la verdad hasta que su madre había muerto. Encontró la nota original y la leyó.

Su reacción, según él mismo contó, fue decidir que iba a ser el tipo de persona que su madre había creído que era.

Cuando lees eso con ojos de persona con TDAH te entra algo en la garganta que no es exactamente tristeza. Es más complicado. Es el reconocimiento de todos los profesores que te dijeron que eras listo pero vago, o peor, que eras lento. La diferencia entre Edison y muchos de nosotros es que tuvo una madre que apostó por él en vez de darle la razón al sistema.

¿Qué son 1.093 patentes en realidad?

El número suena impresionante como dato de trivia. Pero cuando lo piensas de verdad es algo diferente.

1.093 patentes no son el resultado de un plan maestro ordenado. Son el rastro de una mente que no podía quedarse quieta.

Edison tenía laboratorios enteros llenos de experimentos a medio terminar. Equipos que trabajaban en paralelo en cosas que aparentemente no tenían relación. Un sistema que algunos de sus empleados describían como caótico y que él veía como perfectamente lógico porque en su cabeza todo estaba conectado de alguna forma que nadie más podía ver.

Eso suena mucho a tener veinte pestañas abiertas y saber exactamente para qué sirve cada una.

El problema con el TDAH no es la falta de ideas. Nunca ha sido eso. El problema es que las ideas llegan a una velocidad que el entorno estándar no está diseñado para procesar. En el colegio eso es un problema. En un laboratorio donde tú pones las reglas, eso es una ventaja brutal.

Edison lo entendió pronto y se construyó el entorno a su medida. Puedes leer algo parecido en la historia de Thomas Edison y cómo iluminó el mundo con su TDAH, pero lo que me interesa aquí es otra cosa.

La energía que los demás no entienden

Una de las cosas que más me identifican con Edison es la descripción de cómo trabajaba.

No tenía horario. No en el sentido moderno de "soy productivo de nueve a dos". Tenía rachas. Podía llevar días enteros en el laboratorio, dormir cuatro horas en un catre que tenía en una esquina, volver a trabajar, y luego desaparecer durante una semana porque su cerebro se había agotado y necesitaba apagarse.

Eso lo entiendo perfectamente.

No el apagarse. El modo encendido. Esa fase donde el cerebro está tan metido en algo que el tiempo desaparece, el hambre desaparece, las obligaciones normales de la vida humana desaparecen, y solo existe el problema que estás intentando resolver.

A eso se le llama hiperfoco. Y desde fuera parece raro. Parece que o eres una máquina o eres un vago, dependiendo del día. Lo que no parece es normal, que es justo lo que muchos cerebros con TDAH escuchan toda su vida.

Edison era cualquier cosa menos normal. Y construyó cosas que cambiaron el mundo precisamente porque no podía funcionar de forma normal.

El fracaso como combustible

Edison también es famoso por sus fracasos. Lo que menos se cuenta es cómo los procesaba.

Hay registros de noches enteras en el laboratorio intentando encontrar el material correcto para el filamento de la bombilla. Cientos de intentos fallidos. Sus asistentes estaban agotados y querían parar. Edison no. No porque fuera terco. Sino porque su cerebro no registraba cada intento fallido como una derrota. Lo registraba como información.

"No he fracasado. He encontrado diez mil formas que no funcionan."

Esa frase se cita mucho como motivación genérica. Pero si tienes TDAH, sabes que no es una postura filosófica. Es una descripción literal de cómo funciona un cerebro que procesa el error de forma diferente. Menos rumiación. Menos parálisis por el qué dirán. Más velocidad para pasar a lo siguiente.

Eso no siempre es bueno. A veces significa que no aprendes cosas que deberías aprender. Pero en el contexto correcto, en el entorno correcto, con el problema correcto, es exactamente lo que necesitas.

Puedes ver ese mismo patrón en la historia de Da Vinci, otro cerebro que no terminaba nada y al que le daba exactamente igual porque siempre tenía algo más urgente en la cabeza.

¿Por qué me identifico con él y no con otros?

Hay personajes famosos con TDAH que admiro pero con los que no me identifico especialmente. Einstein, por ejemplo. Sus logros son incomprensibles para mí a nivel intelectual. Lo veo como algo lejano.

Con Edison es diferente.

Lo que Edison hacía, en el fondo, era tomar cosas que ya existían y conectarlas de formas que nadie había visto. No inventó la electricidad. No inventó el concepto de luz artificial. Inventó una forma de hacerlo funcionar de manera práctica para que llegara a las casas de la gente normal. Eso es más artesano que genio. Más ensayo y error que inspiración divina.

Y eso lo entiendo.

También entiendo la incapacidad de hacer solo una cosa. La necesidad de tener varios proyectos activos para que el cerebro no se apague. La sensación de que el mundo va demasiado despacio y al mismo tiempo tú siempre llegas tarde a todo.

Si alguna vez has terminado el día con la sensación de haber hecho mil cosas y al mismo tiempo no haber avanzado en ninguna, bienvenido al club de Edison.

Lo que no es esta historia

Esto no es un post de motivación.

No te voy a decir que si Edison pudo tú también puedes y basta con creer en ti mismo. Eso es lo que pone en los posters de los colegios y sirve de bastante poco.

Lo que sí creo, y lo digo desde la experiencia, es que entender cómo funciona tu cerebro cambia la relación que tienes con él. No lo cura. No hace que de repente todo sea fácil. Pero pone nombre a cosas que llevan años sintiéndose raras, y eso tiene un valor que no se puede medir bien.

Edison no sabía que tenía TDAH. Lo llamaba de otras formas o no lo llamaba de ninguna. Pero construyó un entorno donde esa forma de funcionar era una ventaja, no un problema.

La pregunta para ti no es si eres un genio incomprendido. Esa pregunta no lleva a ningún sitio útil.

La pregunta es si el entorno donde estás está diseñado para tu cerebro o para el cerebro de otro.

Si llevas tiempo preguntándote si lo que sientes tiene nombre, he construido un test basado en escalas clínicas reales. Son 43 preguntas y en 10 minutos te da más contexto del que probablemente hayas tenido en mucho tiempo.

Hacer el test de TDAH

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