Volver al blog

Las reinvenciones de David Bowie: por qué cambiar no es inestabilidad

Bowie pasó de Ziggy al Duque Blanco, al electrónico, al jazz. No era estrategia. Era un cerebro que necesitaba novedad constante.

tdahfamosos

Bowie fue Ziggy Stardust, el Duque Blanco, el artista electrónico, el crooner de jazz. El mundo lo llamó camaleón. Pero cambiar no era una estrategia de marketing.

Era una necesidad neurológica.

Y si alguna vez te han dicho que cambias demasiado de rumbo, que no te centras, que no eres capaz de quedarte en un sitio, puede que entiendas a Bowie mejor de lo que crees.

¿Por qué necesitaba David Bowie reinventarse constantemente?

Hay artistas que encuentran su sonido y lo explotan durante cuarenta años. Pienso en AC/DC. En Ramones. En cualquiera que haya encontrado una fórmula que funciona y haya dicho "pues ya está, esto es lo mío".

Bowie era exactamente lo contrario.

Cada tres o cuatro años, destruía todo lo que había construido. Mataba al personaje, quemaba la estética, cambiaba de género musical, de país, de círculo de amigos. En los setenta pasó del glam rock a la música negra de Filadelfia, y de ahí a la electrónica berlinesa. En los ochenta se hizo pop mainstream con Let's Dance. En los noventa experimentó con drum and bass e industrial. En los dos mil volvió a reinventarse. Otra vez.

Desde fuera, parecía un genio calculador que siempre iba un paso por delante.

Desde dentro, probablemente era un cerebro que se aburría a una velocidad que el mundo no podía seguir.

Porque eso es lo que hace un cerebro que necesita novedad constante. No espera a que la fórmula deje de funcionar. La abandona cuando deja de ser interesante. Y "interesante" para ese tipo de cerebro tiene una vida útil muy corta. Lo que hoy te fascina, mañana te asfixia. Lo que hoy es tu obsesión, dentro de seis meses te parece una cárcel.

David Bowie es uno de los casos más citados

La búsqueda de novedad no es un capricho

Uno de los rasgos más incomprendidos del TDAH es la necesidad de estimulación nueva. No es que te aburras porque seas superficial. Es que tu cerebro tiene un umbral de novedad mucho más alto que el del resto. Lo que a otra persona le funciona durante años, a ti te deja de activar en semanas.

Y Bowie lo llevó al extremo.

No solo cambiaba de música. Cambiaba de identidad. Se convertía en otro. Ziggy Stardust era un alien de pelo rojo que vino a salvar el rock. Aladdin Sane era Ziggy después de romperse. El Duque Blanco era un aristócrata frío obsesionado con el ocultismo y la cocaína. Cada personaje tenía voz propia, estética propia, discografía propia.

Para el público era arte conceptual.

Para Bowie, probablemente era supervivencia.

Porque cuando tu cerebro se vacía de dopamina ante lo conocido, tienes dos opciones. O te obligas a seguir con lo que ya no te estimula, que es como intentar correr con los zapatos llenos de cemento. O cambias. Todo. De golpe. Y empiezas otra vez desde cero.

Bowie eligió la segunda opción cada vez. Y el mundo lo llamó visionario.

El precio de no poder quedarse quieto

Pero la reinvención constante tiene un coste que no sale en los documentales.

Bowie tuvo una época en Berlín, a finales de los setenta, que produjo algunos de los mejores discos de la historia. Low. Heroes. Lodger. Tres álbumes que cambiaron la música para siempre. Pero lo que no se cuenta tanto es por qué se fue a Berlín. Huía. De la cocaína. De una paranoia que le tenía convencido de que alguien le estaba haciendo brujería. De un cuerpo que pesaba menos de cincuenta kilos.

La búsqueda de novedad tiene un lado luminoso y un lado oscuro. El luminoso es la creatividad, la capacidad de ver conexiones que nadie ve, de mezclar soul con electrónica con teatro kabuki y que funcione. El oscuro es que esa misma necesidad de estimulación te puede llevar a sitios peligrosos. Drogas. Relaciones que quemas porque dejaron de ser nuevas. Proyectos que abandonas cuando ya no te excitan.

Picasso tenía un patrón parecido

Lo que Bowie no sabía que estaba haciendo

Bowie nunca fue diagnosticado de TDAH. Eso hay que dejarlo claro. Pero los rasgos están ahí, encima de la mesa, para quien quiera verlos.

La incapacidad de mantener una sola identidad creativa. La búsqueda compulsiva de novedad. La capacidad de hiperfocalizarse en un nuevo mundo sonoro y sumergirse tan profundamente que salía siendo otra persona. La impulsividad de matar a Ziggy Stardust en directo, en el Hammersmith Odeon, sin avisar ni a su propia banda. Los cambios de país, de estilo de vida, de todo.

Eso no es ser un camaleón. Es ser alguien cuyo cerebro necesita cambiar para seguir funcionando.

Y eso es algo que muchas personas con TDAH entienden perfectamente. Esa sensación de que lo que ayer te llenaba, hoy te pesa. Que no es que seas inconstante. Es que tu cabeza funciona por fases, por obsesiones, por inmersiones totales que un día se vacían sin previo aviso.

Coco Chanel tenía algo similar

Cambiar no es fracasar

La sociedad tiene una obsesión con la constancia. Con quedarte en un sitio. Con ser "de una pieza". Si cambias de carrera, eres un disperso. Si cambias de proyecto, no te comprometes. Si cambias de opinión, es que no tienes criterio.

Bowie cambió de todo. Siempre. Y construyó una de las carreras más influyentes de la historia de la música.

No a pesar de los cambios. Gracias a ellos.

Porque cada reinvención no era huir de algo. Era ir hacia algo. Hacia lo que su cerebro necesitaba en ese momento para sentirse vivo. Y eso, aunque el mundo lo confunda con inestabilidad, es exactamente lo contrario. Es alguien que se conoce lo suficiente como para saber que quedarse quieto es lo peor que puede hacer.

Si alguna vez sientes que necesitas cambiar de rumbo y no sabes explicar por qué, puede que tu cerebro te esté diciendo algo importante. No que seas inconstante. Sino que necesitas novedad para funcionar. Y eso no es un defecto.

Es un rasgo.

El mismo que convirtió a un chaval raro de Brixton en el artista más camaleónico del siglo XX.

Si te suena todo esto y quieres saber cómo funciona tu cabeza, hay un sitio por donde empezar.

Hacer el test de TDAH

Relacionado

Sigue leyendo