Harriet Tubman: la mujer que liberó esclavos con un cerebro que no aceptaba el "no"
Harriet Tubman escapó de la esclavitud y volvió 13 veces a rescatar a más personas. Un cerebro impulsivo convertido en heroísmo puro.
Harriet Tubman escapó de la esclavitud y volvió 13 veces a rescatar a más personas.
Trece. No una. No dos. Trece viajes de vuelta al infierno del que acababa de salir. Con perros rastreándola. Con carteles ofreciendo recompensa por su cabeza. Con la certeza absoluta de que si la pillaban, no la iban a devolver a la plantación. La iban a matar.
Y aun así, volvía.
Un cerebro que no entendía el concepto de "suficiente riesgo". La impulsividad convertida en el acto más valiente de la historia de Estados Unidos.
Una niña que no encajaba en el molde
Harriet nació como Araminta Ross en una plantación de Maryland, alrededor de 1822. Desde pequeña era diferente. Inquieta. Desafiante. Una niña que no se estaba quieta, que no bajaba la mirada cuando debía, que no aceptaba las normas que otros niños esclavizados aprendían a tragar en silencio.
Siendo todavía una cría, un capataz le lanzó un peso de metal a otro esclavo y le dio a ella en la cabeza. El golpe fue brutal. Le dejó una lesión cerebral permanente que le provocaba episodios de narcolepsia: se quedaba dormida de golpe, sin aviso, en cualquier momento. A mitad de una conversación. En medio del campo. Mientras huía.
Esto es importante. La narcolepsia de Harriet venía de una lesión física, no del TDAH. Son cosas distintas. Pero convivían en el mismo cerebro. Un cerebro que ya de por sí funcionaba a su manera, y que encima tenía que lidiar con apagones súbitos que no podía controlar.
Imagina el combo. Una mente que no para, que salta de idea en idea, que necesita moverse, que no acepta un "no" por respuesta. Y encima, un interruptor neurológico que te puede tumbar en el peor momento posible.
Cualquier persona razonable habría dicho: "Con estas condiciones, quédate quieta. Sobrevive. No te metas en líos."
Harriet no era razonable. Y puede que ahí esté la clave.
¿Cómo se ven los posibles rasgos TDAH en Harriet Tubman?
Vamos a dejarlo claro desde el principio: nadie le diagnosticó TDAH a Harriet Tubman. Estamos hablando de 1849. No existía el concepto. No había DSM-5, ni psiquiatras, ni medicación. Solo había una mujer haciendo cosas que nadie en su sano juicio haría. Y haciéndolas bien.
Dicho esto, cuando lees su historia con ojos de hoy, los patrones saltan solos.
La impulsividad. Harriet tomaba decisiones en segundos que otras personas no tomarían en años. Cuando decidió escapar, no fue después de meses de planificación meticulosa. Fue una noche. Se levantó y se fue. Sin mapa. Sin plan detallado. Con la estrella polar y un instinto que le decía "ahora o nunca". Un cerebro que actúa primero y piensa después. En una oficina, eso te mete en problemas. En una fuga de la esclavitud, puede salvarte la vida.
La hiperfocalización. Una vez que Harriet se fijaba un objetivo, el mundo entero desaparecía. No existía el cansancio, ni el miedo, ni el dolor. Solo existía la misión. Recorría cientos de kilómetros a pie, de noche, en invierno, con un grupo de personas aterradas que dependían de ella. Y no fallaba. Nunca perdió a nadie. Cero. En trece viajes. Eso no es solo valentía. Es un cerebro en modo hiperfoco que se niega a soltar la presa.
La necesidad de estímulo constante. Harriet no podía quedarse quieta. Literalmente. Después de escapar y llegar al norte, donde podía haber vivido en relativa seguridad, se puso a volver. A rescatar a su familia. Luego a sus amigos. Luego a desconocidos. Cuando ya no había más personas que rescatar del sur, se unió al ejército de la Unión durante la Guerra Civil. Fue espía. Fue la primera mujer en liderar un asalto armado en la historia militar de Estados Unidos.
Ese patrón de necesitar acción constante lo ves en muchas líderes con TDAH a lo largo de la historia
La mujer que llevaba una pistola (y no para los cazadores de esclavos)
Hay una anécdota de Harriet Tubman que lo dice todo.
Cuando guiaba a grupos de personas esclavizadas hacia el norte, llevaba una pistola. Pero no era para los cazadores. Era para los fugitivos que querían darse la vuelta.
Si alguien del grupo decía "no puedo más, quiero volver", Harriet les apuntaba con el arma y les decía algo así como: "Sigues adelante o te mueres aquí. Pero no vuelves. Porque si vuelves, nos delatas a todos."
Brutal. Radical. Impulsivo hasta el extremo.
Pero efectivo.
Porque Harriet entendía algo que su cerebro llevaba diciéndole toda la vida: cuando empiezas algo, vas hasta el final. No hay marcha atrás. No hay "a medias". O todo o nada.
Eso es muy TDAH. Para bien y para mal. La incapacidad de hacer las cosas a media intensidad. O estás al cien por cien o estás a cero. No hay modo intermedio. No hay "voy tirando". Esa misma intensidad la ves en mujeres con TDAH que cambiaron la historia en campos completamente distintos.
Cuando la impulsividad salva vidas
La ciencia habla de la impulsividad como un síntoma. Algo que hay que tratar. Algo que causa problemas.
Y es verdad. En el día a día, la impulsividad te hace decir cosas que no deberías, comprar cosas que no necesitas, y empezar proyectos que no vas a terminar.
Pero en situaciones extremas, la impulsividad es lo que te hace actuar cuando todos los demás están paralizados por el miedo. Es lo que te levanta del suelo cuando la lógica te dice que te quedes tumbado. Es lo que te hace volver trece veces a un lugar del que todo el mundo huye.
Harriet Tubman no fue heroína a pesar de cómo funcionaba su cerebro.
Fue heroína, en parte, gracias a cómo funcionaba su cerebro.
Y eso no significa que el TDAH sea un superpoder. No lo es. Es un cerebro diferente con ventajas y desventajas reales. Pero sí significa que las mismas características que en un contexto te hunden, en otro contexto te convierten en la persona que rescata a setenta personas de la esclavitud sin perder a una sola.
El contexto lo es todo.
Lo que el cerebro de Harriet nos recuerda
Que la impulsividad no siempre es un defecto. A veces es velocidad de decisión cuando la parálisis es la alternativa.
Que la incapacidad de quedarse quieta no siempre es un problema. A veces es lo que te empuja a hacer cosas que nadie más se atreve a hacer.
Que un cerebro que no acepta el "no" es agotador de gestionar. Pero también es un cerebro que no se rinde.
Harriet Tubman murió a los noventa y tantos años. Fue esclava, fugitiva, rescatadora, espía, soldado, activista, y una de las personas más importantes de la historia. Con un cerebro que se apagaba sin aviso. Con una lesión que habría retirado a cualquiera. Con un mundo entero diciéndole que se quedara en su sitio.
Y como Juana de Arco, no hizo caso. Porque su cerebro no sabía hacer caso.
Y menos mal.
Si alguna vez te han dicho que tu cerebro va demasiado rápido, que eres demasiado impulsivo, que no puedes estarte quieto, puede que no sea un fallo. Puede que solo necesites entender cómo funciona.
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