El perfeccionismo obsesivo de Chaplin: 300 tomas para una escena
Charlie Chaplin repetía escenas 300 veces hasta que quedaban perfectas. Su perfeccionismo obsesivo y su energía inagotable tienen nombre clínico.
Hay algo que no suele aparecer en los documentales sobre Chaplin.
La gente recuerda al Vagabundo. Recuerda el bastón, el bigotito, el andar gracioso. Recuerdan a un tipo que hacía reír a millones de personas con su cuerpo y sin decir una sola palabra.
Lo que no recuerdan es lo que había detrás de cada escena de dos minutos.
Trescientas tomas.
No es una exageración ni una leyenda urbana de Hollywood. Hay testimonios documentados de actores y técnicos que trabajaron con Chaplin describiendo exactamente eso: cientos de repeticiones para conseguir un gag que duraba segundos en pantalla. Una caída perfecta. Un giro de cabeza en el momento exacto. Una mirada que comunicara exactamente lo que él tenía en la cabeza.
Y si en la toma 299 algo no cuadraba, había toma 300.
¿Eso es disciplina o es otra cosa?
Aquí está la pregunta que hay que hacerse.
Porque hay una diferencia enorme entre ser disciplinado y ser incapaz de parar.
La disciplina es una elección. Te levantas cuando suena el despertador aunque no quieras. Sigues el plan aunque no tengas ganas. Es un esfuerzo consciente contra la resistencia interna.
Lo que describían los que trabajaban con Chaplin no era eso. Era un tío que literalmente no podía cerrar una escena si su cerebro no había obtenido lo que buscaba. Que podía repetir el mismo movimiento durante horas con la misma intensidad en la toma uno que en la toma doscientas. Que cuando estaba en ese estado, el mundo exterior dejaba de existir.
Eso tiene un nombre clínico, aunque en los años 20 nadie lo llamara así.
Hiperfoco.
¿Qué sabemos realmente de Chaplin?
No hay un diagnóstico porque Chaplin murió en 1977 y el TDAH como categoría diagnóstica no existía de la manera en que lo conocemos hoy. Así que lo que hay son patrones de comportamiento documentados por periodistas, biógrafos, actores, directores y técnicos que trabajaron con él durante décadas.
Y el patrón es bastante llamativo.
Energía que parecía no tener fin. Chaplin podía trabajar 18 horas seguidas sin señales visibles de fatiga cuando estaba metido en un proyecto. No porque fuera un estoico con disciplina de monje. Sino porque cuando algo le enganchaba de verdad, el concepto de cansancio dejaba de existir para él.
Cambios de humor extremos. Las personas que le conocieron de cerca describían oscilaciones que iban desde la euforia más absoluta hasta estados de angustia profunda en cuestión de horas. No era un tío estable emocionalmente. Era intenso en todo, para bien y para mal.
Control total o nada. Chaplin fundó United Artists en 1919 junto a Mary Pickford, Douglas Fairbanks y D.W. Griffith. Lo hizo en parte porque no soportaba que otros tomaran decisiones sobre su trabajo. Necesitaba controlar el guion, la dirección, la actuación, la música, el montaje. Todo. No era ego de estrella. Era incapacidad de delegar algo que su cerebro consideraba suyo.
Impulsividad en la vida personal. Su vida fuera del cine era un desastre por muchos motivos, pero uno de los patrones más consistentes era la impulsividad en las decisiones. Relaciones que empezaban y se aceleraban a una velocidad que desconcertaba a los que le rodeaban. Cambios de dirección sin demasiada lógica aparente desde fuera.
¿Por qué 300 tomas tiene sentido si tienes TDAH?
Esto es lo que la gente no entiende cuando escucha el dato de las 300 tomas.
La reacción habitual es: "qué exigente", "qué perfeccionista", "qué difícil debía ser trabajar con él".
Y sí, probablemente era muy difícil trabajar con él.
Pero desde dentro, desde el cerebro de Chaplin, lo que probablemente pasaba era algo mucho más específico. Su cerebro tenía una imagen interna de cómo tenía que quedar esa escena. Una imagen detallada, precisa, con un timing concreto, con una energía concreta, con algo que comunicar de una manera exacta.
Y cada toma que no encajaba con esa imagen no era "casi". Era no.
El cerebro disperso no tiene un interruptor de "suficientemente bueno". Cuando algo le engancha de verdad, la brecha entre lo que hay en la cabeza y lo que está en la realidad genera una tensión que no se puede ignorar. No es perfecticionismo en el sentido obsesivo-compulsivo del término. Es que el cerebro tiene una señal muy clara de "esto no es" hasta que de repente tiene la señal igualmente clara de "esto es".
La toma 300 no era un capricho. Era la toma en la que finalmente la realidad coincidía con lo que había en su cabeza.
El otro lado de la historia
Aquí viene el matiz que siempre hay que poner sobre la mesa.
Trabajar con Chaplin era agotador para los demás. Los actores secundarios repetían la misma escena hasta que las rodillas no respondían. Los técnicos llevaban horas en el plató por una toma de veinte segundos. Nadie pedía su opinión sobre si la escena estaba lista. La decisión era de Chaplin y solo de Chaplin.
Eso tiene un coste humano real.
El hiperfoco produce cosas alucinantes. También puede hacer la vida imposible a los que están alrededor. No es un superpoder sin contrapartidas. Es un motor muy potente que no distingue entre lo urgente y lo que no importa, que consume los recursos del entorno sin un registro claro de lo que eso cuesta, que prioriza la imagen interna sobre la realidad externa de las personas que están en el plató desde las seis de la mañana.
Chaplin fue uno de los genios más grandes del cine.
También fue, por lo que cuentan los testimonios, bastante difícil de soportar cuando estaba en modo producción.
Las dos cosas son verdad al mismo tiempo.
Lo que queda después de las 300 tomas
Tiempos Modernos. El Gran Dictador. El Chico. Luces de la Ciudad.
Cuatro de las películas más importantes de la historia del cine. Cuatro obras que siguen estudiándose, citándose, y emocionando a gente que nació décadas después de que se rodaran.
Salidas de ese proceso de 300 tomas por escena.
El cine tiene una relación larga con los cerebros que funcionan diferente
Chaplin no fue el único en Hollywood con este patrón
Y en cuanto al resultado, Walt Disney tuvo un proceso parecido: incapacidad de soltar un proyecto hasta que estuviera listo, energía inagotable cuando algo le enganchaba, y un rastro de proyectos a medias o abandonados que no le habían dado esa señal de "esto es".
¿Y tú cuántas tomas necesitas?
No te estoy pidiendo que compares tu trabajo con Chaplin.
Te estoy preguntando algo más sencillo.
¿Reconoces ese momento en el que tu cerebro decide que algo no está listo y no hay forma de convencerlo de lo contrario? ¿Esa tensión entre lo que tienes en la cabeza y lo que tienes delante? ¿Esa incapacidad de cerrar algo porque no has recibido la señal de que ya está?
Si sí, ya sabes de qué va esto.
Si no estás seguro de cómo funciona tu cerebro exactamente, hay una manera de empezar a entenderlo.
He preparado un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico. Es el mejor punto de partida que conozco para empezar a entender qué le pasa a tu cabeza.
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