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Hacer la cama con TDAH: el debate más largo de tu vida

Una tarea de 2 minutos que se convierte en un debate mental de 45. ¿La hago? ¿Para qué? ¿Me sentiré mejor? Hacer la cama con TDAH es puro teatro interno.

tdah

Son las 8 de la mañana. Te has levantado. El edredón está hecho un gurruño, la almohada en diagonal, y tienes delante de ti literalmente dos minutos de trabajo.

Y ahí empieza el debate.

No el debate de si tienes ganas o no. El debate filosófico. El que dura cuarenta y cinco minutos mientras tú estás de pie en mitad del dormitorio, a medio vestir, mirando la cama como si fuera una pregunta del examen de selectividad para la que no has estudiado.

¿Por qué hacer la cama se convierte en una negociación existencial?

Empieza inocente.

"¿La hago?"

Buena pregunta. Tiene lógica hacerla. Es una tarea pequeña, da sensación de orden, varios estudios dicen que empieza bien el día. Okay. La hago.

Pero espera.

"¿Para qué, si me voy a meter luego a la siesta?"

Eso también tiene lógica. Si vas a volver a deshacerla en seis horas, ¿no es trabajo doble? ¿No es ineficiente? Eres una persona práctica. No tiene sentido.

Bien. No la hago.

Pero entonces.

"Si no la hago me voy a sentir fatal toda la mañana mirando ese desastre."

También verdad. Esa cama deshecha en el fondo del pasillo es como una mancha de culpa visual que tu cerebro va a registrar cada vez que pase por ahí. No la haces y la tienes en el radar de todos modos. ¿No es peor?

Claro que es peor. La hago.

Pero.

"Es que ahora mismo no me apetece nada. Luego la hago."

Y así llevas veinte minutos en el umbral de la puerta del dormitorio sin haber avanzado un centímetro.

El problema no es la cama

La cama da exactamente igual.

El problema es que tu cerebro con TDAH no tiene un mecanismo automático para tomar decisiones de baja prioridad. Para el cerebro neurotípico, "hacer la cama" no es una decisión. Es un hábito. Un automatismo. Lo hace como quien respira. Sin deliberar, sin evaluar pros y contras, sin montar un consejo de sabios internos.

Tu cerebro lo convierte en un problema abierto.

Y los problemas abiertos necesitan resolverse. Tu cerebro no puede dejarlo así, sin contestar. Así que delibera. Analiza. Busca la respuesta correcta. Considera todas las variables. Y mientras tanto, tú sigues de pie en el dormitorio con un calcetín puesto y el otro en la mano.

Esto es lo mismo que explica por qué una lista de 47 tareas puede bloquearte completamente. No es que las tareas sean difíciles. Es que tu cerebro gasta la energía en decidir, y cuando llega el momento de actuar ya está fundido.

Con la cama pasa igual, pero en miniatura. La tarea tiene dos minutos. El debate previo, cuarenta y cinco.

Lo que no es: flojera

Antes de seguir, porque sé que alguno lo está pensando.

Esto no es ser vago. No es falta de disciplina. No es que no te importen las cosas.

Si fuera flojera, el debate no existiría. El vago no delibera. El vago decide "no" sin más y sigue con su vida.

Tú no decides no hacerla. Tú te quedas bloqueado entre hacerla y no hacerla, consumiendo energía mental real en una tarea que no debería requerir ninguna. Y eso agota. Y el agotamiento de esas pequeñas decisiones estúpidas se acumula, y para cuando llega la tarea que de verdad importa, ya no te queda nada en el depósito.

Es lo que en psicología llaman fatiga de decisión. Pero con TDAH, esa fatiga llega antes. Mucho antes. Porque tu cerebro toma cada microdecisión como si fuera importante.

La cama. El desayuno. ¿Con qué zapatos salgo. El correo de arriba o el de abajo primero.

Todo deliberado. Todo consciente. Todo agotador.

La mañana entera, perdida en un edredón

Y aquí está lo realmente frustrante.

Mientras tú estás en ese bucle, la mañana pasa. No de golpe, que eso sería más dramático. Pasa a cachitos. Cinco minutos aquí, diez allá. La cama sin hacer, tú sin moverte, y de repente son las nueve y cuarto y no has empezado nada.

Esto no es un caso extremo. Esto es el TDAH en lo más cotidiano que existe.

No en los grandes proyectos. No en los plazos de trabajo. En hacer la cama por la mañana.

Y lo más frustrante es que nadie habla de esto porque suena ridículo. Nadie va al médico diciendo "tengo un problema con las tareas domésticas pequeñas." Pero es exactamente donde se nota. En lo rutinario. En lo básico que no debería ser básico. En las cosas que la gente hace en automático y que tú tienes que negociar cada maldita mañana.

Si encima lo combinas con la barrera invisible para empezar cualquier cosa, entiendes por qué algunas mañanas ya van rotas desde el primer momento.

¿Hay solución?

Sí y no.

La solución no es fuerza de voluntad. "Hazla y ya" funciona para alguien que tiene un sistema automático que puede activar. Para ti no funciona así.

Lo que funciona, en la medida en que algo funciona, es quitarle la decisión de en medio.

No "¿hago la cama?". Sino "hago la cama, punto." Sin espacio para el debate. La regla es la regla, y la regla no se negocia. No porque seas muy disciplinado, sino porque si abres la puerta a la deliberación, ya sabes lo que pasa.

El truco, si es que se puede llamar truco, es convertir la tarea en un procedimiento cerrado en lugar de una pregunta abierta. Las preguntas abiertas matan al cerebro con TDAH. Los procedimientos cerrados le dan algo concreto donde agarrarse.

¿Funciona siempre? No. Hay días que ni eso. Hay días que el debate mental gana igual y la cama se queda deshecha y te sientes fatal por ello. Esos días también son parte del TDAH.

Lo importante no es la racha perfecta. Lo importante es entender por qué pasa, para dejar de machacarte pensando que el problema eres tú.

La cama como espejo

No te cuento esto por hacer un post sobre hábitos.

Te lo cuento porque la cama es el espejo perfecto de lo que es vivir con TDAH. No el TDAH de los titulares, el dramático, el que no puede trabajar ni relacionarse. El TDAH de las ocho de la mañana. El cotidiano. El que nadie ve pero que tú arrastras cada día.

El que convierte dos minutos de trabajo en cuarenta y cinco de debate interno.

El que te agota antes de haber empezado.

El que te hace sentir que algo va mal contigo, cuando lo que pasa es que tu cerebro funciona diferente y nadie te ha enseñado a gestionarlo.

Si te reconoces en esto, y no solo en la cama sino en mil cosas pequeñas más, lo más útil que puedes hacer ahora mismo es entender cómo funciona tu cerebro de verdad.

El test de TDAH son 43 preguntas basadas en escalas clínicas. Diez minutos. Y probablemente el primer lugar donde muchas cosas del día a día van a tener nombre por fin.

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