Mis hábitos saludables mueren en vacaciones y no vuelven

Construyes una rutina que funciona. Llegan las vacaciones. Vuelves y ya no existe. Como si nunca hubiera pasado.

Septiembre. Vuelta de vacaciones. Abro la app de ejercicio y veo que la última sesión registrada es del 28 de junio. Hace más de dos meses. Dos meses en los que esa rutina que tanto me costó construir se evaporó como si nunca hubiera existido.

Y lo peor es que antes de irme de vacaciones estaba en racha. Iba al gimnasio tres veces por semana. Comía más o menos bien. Me acostaba a una hora decente. Tenía un sistema. Funcionaba.

Pero las vacaciones lo destruyeron. No poco a poco. De golpe. Como una ola que se lleva un castillo de arena.

¿Por qué las vacaciones destruyen las rutinas?

Porque las rutinas no viven en el vacío. Viven en un contexto. En un entorno. En unas condiciones específicas. Tu rutina de ejercicio no es solo "ir al gimnasio". Es levantarte a una hora, en tu casa, desayunar lo de siempre, coger la bolsa que está siempre en el mismo sitio, ir al gimnasio que está a 10 minutos, volver, ducharte.

Cuando te vas de vacaciones, todo ese contexto desaparece. Estás en otro sitio. Comes a otras horas. Te levantas cuando te da la gana. No tienes tu bolsa en su sitio. No tienes tu gimnasio. No tienes nada de lo que ancla tu rutina a la realidad.

Y la rutina, sin su contexto, muere.

Para la mayoría de la gente, esto es temporal. Vuelven de vacaciones, tardan unos días en reajustarse, y la rutina vuelve. Quizá no al 100% el primer día, pero sí en una semana.

Pero para algunos de nosotros, la rutina no vuelve. Punto. Se fue y no dejó dirección de vuelta.

El problema de reconstruir desde cero

Porque eso es lo que toca. Reconstruir. Desde cero. Cada vez.

No es retomar. Es empezar de nuevo. Porque tu cerebro no tiene un botón de "recuperar última sesión guardada". La rutina que funcionaba antes ya no existe en tu sistema. No puedes retomarla como quien retoma una serie por el capítulo donde lo dejó. Tienes que volver al piloto. Otra vez.

Y empezar es la parte más difícil. Siempre. Es lo que le pasa a la gente que necesita reiniciar sus hábitos cada poco. No es que no sepan mantener hábitos. Es que cada interrupción equivale a un reseteo total.

La motivación que tenías antes de las vacaciones no se transfiere. La inercia que habías acumulado no se guarda. Todo se pierde. Y lo que queda es la sensación de "tengo que empezar otra vez" que es exactamente lo que menos te apetece del mundo.

Y no son solo las vacaciones

Esto es lo que me di cuenta con el tiempo. No son solo las vacaciones. Es cualquier interrupción. Un viaje de trabajo. Un fin de semana largo. Estar enfermo tres días. Un cambio de horario. Cualquier cosa que rompa la secuencia durante más de dos días.

Dos días. Eso es todo lo que hace falta para que la rutina se desmorone.

Y entonces entiendes por qué tus rutinas nunca duran más de dos semanas. Porque en dos semanas, inevitablemente, algo interrumpe. Un plan, un imprevisto, un día malo. Y esa interrupción es suficiente para que todo se caiga.

La culpa post-vacaciones

Y luego viene la culpa. "He perdido toda la racha." "He tirado a la basura meses de esfuerzo." "Soy un desastre."

Pero no eres un desastre. Eres alguien cuyo cerebro no automatiza las rutinas como debería. Para la mayoría de la gente, un hábito de 3 meses se convierte en algo casi automático, algo que haces sin pensar. Para ti, un hábito de 3 meses sigue siendo algo que requiere esfuerzo consciente. Cada día. Y el esfuerzo consciente es finito. Y las vacaciones lo agotan.

Lo que me ha enseñado perder rutinas 800 veces

Que no vale la pena construir rutinas complejas. Porque cuanto más compleja es la rutina, más difícil es reconstruirla. Y la vas a tener que reconstruir. Muchas veces.

Lo que sí me funciona es tener 2 o 3 pilares no negociables tan simples que reconstruirlos sea casi automático. Moverme de alguna forma cada día. Comer al menos dos veces. Acostarme antes de la 1. Eso es todo. Lo demás es variable.

Cuando vuelvo de vacaciones, no intento recuperar la rutina completa. Solo los pilares. Y desde ahí, si quiero, voy añadiendo. Pero sin prisa. Sin "tengo que volver a como estaba antes". Porque esa expectativa es la que mata.

Y si todo esto te suena familiar, si sientes que todo te cuesta más que a los demás, si cada reinicio te pesa como si fuera el primero, puede que el problema no sea tu fuerza de voluntad. Puede que tu cerebro funcione diferente. Y está bien explorar eso.

No soy médico. Pero si este patrón define tu vida, un profesional puede ayudarte a entenderlo.

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