Compro organizadores que acaban siendo otro montón de cosas
Cajas, separadores, etiquetadora. Tres meses después todo está lleno sin etiquetar. Por qué comprar organizadores no arregla el desorden.
Cajas, separadores, etiquetadora. Compraste un sistema de organización completo. Tres meses después, las cajas están llenas de cosas sin etiquetar y la etiquetadora está perdida.
Y lo peor no es eso. Lo peor es que ahora tienes más cosas que antes. Porque los organizadores también son cosas. Y las cosas se acumulan. Sobre todo cuando tu cerebro es mejor comprando soluciones que usándolas.
¿Por qué comprar organizadores no soluciona el desorden?
Porque comprar un organizador es la parte divertida. Es la parte que tiene novedad. Es la parte que tu cerebro disfruta.
Abrir Amazon. Buscar "sistema de organización para escritorio". Comparar opciones. Elegir la mejor. Recibirla. Abrirla. Esa sensación de "ahora sí que sí, ahora voy a ser una persona organizada". Eso es dopamina pura.
El problema viene después.
Porque después toca la parte aburrida. Clasificar. Decidir qué va en cada caja. Etiquetar. Mantener el sistema. Y eso no tiene novedad ninguna. Eso es trabajo repetitivo, sin recompensa inmediata, sin sorpresas. Exactamente el tipo de tarea que tu cerebro rechaza como si le estuvieras ofreciendo un plato de brócoli hervido.
Y entonces pasan los días. Las cajas se llenan de cosas aleatorias. Las etiquetas nunca se ponen. El separador del cajón se descoloca. Y al final tienes el mismo desorden, pero ahora dentro de cajas bonitas.
La trampa de "cuando tenga el sistema perfecto, seré organizado"
Mira, conozco esta trampa porque he caído en ella 47 veces.
Es la creencia de que el problema es que no tienes las herramientas correctas. Que si tuvieras la caja perfecta, la app perfecta, el método perfecto, entonces sí podrías ser organizado. Entonces sí funcionaría.
Y esto te suena porque es el mismo patrón de tener mil sistemas de organización y que ninguno funcione. Compras el sistema. Lo usas tres días. Lo abandonas. Compras otro. Lo usas dos días. Lo abandonas. Y al final tienes una colección de sistemas abandonados que son, irónicamente, otro montón de cosas que organizar.
No es que los sistemas no funcionen. Es que los sistemas requieren mantenimiento. Y el mantenimiento es exactamente lo que tu cerebro no puede sostener en el tiempo.
No eres desordenado por vago. Tu cerebro no automatiza rutinas de mantenimiento.
A ver, que esto es clave.
La gente organizada no es organizada porque sea mejor persona que tú. Es organizada porque su cerebro automatiza las rutinas de mantenimiento. Cuando llegan a casa, cuelgan las llaves en el mismo sitio. Cuando abren un paquete, tiran la caja. Cuando usan algo, lo devuelven a su sitio.
No piensan en ello. Lo hacen en automático.
Tu cerebro no hace eso. Tu cerebro trata cada acción como si fuera la primera vez. Cada vez que llegas a casa con las llaves, es una decisión nueva: ¿dónde las dejo? Y como es una decisión nueva cada vez, a veces van al bolsillo, a veces a la mesa, a veces al sofá, a veces a un lugar que descubrirás tres días después mientras buscas otra cosa.
Y esto es algo que va mucho más allá de ser desordenado. Es un patrón de funcionamiento cerebral que afecta a todo, no solo al orden físico.
El organizador perfecto no existe. Lo que existe es reducir las decisiones.
No te voy a engañar: no hay un truco mágico para esto.
Pero hay algo que he aprendido a base de fracasar con 200 sistemas distintos. El mejor organizador no es el más bonito ni el más completo. Es el que requiere cero decisiones para usar.
¿Un ejemplo? Un cuenco al lado de la puerta. No una caja con compartimentos para llaves, cartera, reloj y gafas. Un cuenco. Donde tiras todo cuando llegas. Sin clasificar. Sin organizar. Solo tirar.
Parece cutre. Parece poco. Pero funciona infinitamente mejor que el sistema perfecto con 12 compartimentos que nunca usas porque cada vez que llegas a casa tu cerebro no tiene la energía de decidir qué va en cada compartimento.
La clave es esta: cuantas menos decisiones requiere un sistema, más probable es que lo uses.
Y si el sistema perfecto requiere que clasifiques, etiquetes, ordenes y mantengas, entonces el sistema perfecto es el sistema que no vas a usar.
Lo que hay detrás de la necesidad de comprar la solución
Voy a decirte algo que quizá no quieras oír.
Comprar organizadores no es solo un intento de organizarte. Es también una forma de sentir que estás haciendo algo con el problema. Es acción. Es movimiento. Es "estoy trabajando en esto".
Y tu cerebro necesita esa sensación. Necesita sentir que avanza. Que no se está quedando quieto. Porque quedarse quieto con un problema sin resolver es una de las cosas más incómodas que existen para una cabeza que no para de moverse.
El tema es que comprar no es solucionar. Comprar es la ilusión de solucionar. Y cuando la ilusión se desvanece, tres meses después, lo que queda son las cajas vacías y la sensación de que has fallado otra vez.
Pero no has fallado. Has intentado solucionar un problema con el enfoque equivocado. Eso no es fallar. Es aprender por eliminación.
Y esto conecta con algo más grande: con esa sensación de que todo te cuesta más que a los demás. Porque sí, a veces te cuesta más. Pero no porque seas menos capaz. Sino porque estás intentando usar herramientas diseñadas para cerebros que funcionan diferente al tuyo.
Entonces, ¿qué hago con las cajas que ya compré?
Úsalas. Pero sin sistema.
En serio. Pon una caja en cada habitación. Sin etiquetas. Sin reglas. Cuando algo no tiene sitio, va a la caja. Cuando la caja se llena, la vacías y decides rápido: guardar, tirar, donar. 5 minutos. Sin pensar demasiado.
No es bonito. No sale en Pinterest. Pero funciona para cerebros que necesitan cero fricción y cero decisiones.
Parece una tontería, pero a mí me funciona. A lo mejor a ti también.
Lo que sí te digo: si te reconoces en este patrón de comprar soluciones que no usas, no solo con organizadores sino con todo (apps, cursos, libros, herramientas), puede que no sea un problema de voluntad. Puede que tu cerebro simplemente priorice la novedad de la compra sobre la rutina del mantenimiento.
Y eso, en adultos con TDAH, es uno de los patrones más comunes que hay. No lo digo como diagnóstico, que no soy médico ni me corresponde. Si esto te suena familiar, hablar con un profesional siempre es buena idea.
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