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Grupos de apoyo para TDAH: por qué sentarte con otros como tú lo cambia todo

La primera vez que alguien con TDAH dijo lo que tú pensabas, algo cambió. Los grupos de apoyo TDAH funcionan. Y no por magia.

tdah

La primera vez que te sentaste en un grupo de apoyo TDAH y alguien dijo exactamente lo que tú pensabas, algo se rompió por dentro. No de malo. De alivio. Por primera vez no eras el raro.

Yo llegué a mi primer grupo de apoyo pensando que iba a ser una especie de terapia de película americana. Sillas en círculo, alguien llorando, café malo y galletas blandas. Y bueno, el café era malo. Pero lo demás no se parecía en nada.

Un tío de unos cuarenta contó que llevaba tres semanas intentando devolver un paquete de Amazon. No porque fuera difícil. Sino porque cada vez que se acordaba estaba haciendo otra cosa, y cuando iba a hacerlo se le olvidaba. Tres semanas. Un paquete. Ahí mismo pensé: "Llevo un mes con el mío encima de la mesa del salón."

Nadie se rió de él. Bueno, sí, todos. Pero nos reíamos con él. Porque todos teníamos una versión de esa historia.

¿Funcionan los grupos de apoyo para personas con TDAH?

Sí. Pero no por las razones que crees.

No funcionan porque alguien te dé la fórmula mágica para organizarte. No funcionan porque un terapeuta te explique cómo funciona la dopamina. Eso ya lo puedes leer en cualquier sitio. Funcionan porque rompen algo que llevas arrastrando toda la vida: la sensación de que eres el único que no puede con lo básico.

Piénsalo. Llevas años escuchando "es que eso le pasa a todo el mundo" o "solo tienes que esforzarte más". Y como nadie a tu alrededor parece tener tu problema, asumes que el fallo eres tú.

Un grupo de apoyo te pone delante de diez personas que fallan exactamente como tú. Que pierden las llaves igual. Que empiezan proyectos con una energía salvaje y los abandonan a las dos semanas. Que se sienten culpables por cosas que no deberían generar culpa.

Y de repente, lo que pensabas que era un defecto de carácter resulta que es un patrón. Un patrón con nombre. Un patrón que comparten millones de personas.

Eso no te cura. Pero te quita un peso que no sabías que llevabas encima.

¿Qué pasa en un grupo de apoyo TDAH?

Depende del grupo. Hay grupos con profesional (psicólogo o terapeuta que modera) y grupos entre pares (solo personas con TDAH, sin moderador clínico). Los dos tienen valor.

En los que tienen profesional, normalmente hay un tema por sesión. Gestión del tiempo, regulación emocional, procrastinación, relaciones. El terapeuta guía, pero la mayor parte del tiempo hablan los asistentes. Cuentan su semana. Sus victorias pequeñas. Sus batallas perdidas.

En los de pares, el formato es más libre. Alguien tira un tema y la conversación fluye. A veces se convierte en una sesión de estrategias prácticas. Otras veces es simplemente un sitio donde puedes decir "esta semana ha sido un desastre y no sé por qué" sin que nadie te mire raro.

Lo que tienen en común los dos formatos: no hay juicio. Nadie te va a decir que te pongas las pilas. Nadie te va a mirar con esa cara de "¿en serio no puedes hacer algo tan simple?". Porque la persona que tienes al lado tampoco puede.

Y eso, que parece poco, es la leche.

¿Por qué no basta con leer sobre TDAH?

Porque entender algo con la cabeza no es lo mismo que sentirlo.

Puedes leerte veinte artículos sobre cómo el TDAH afecta la autoestima. Puedes ver cincuenta vídeos sobre disfunción ejecutiva. Puedes saber perfectamente que no eres vago, que tu cerebro funciona diferente, que no tienes la culpa.

Y aun así, a las tres de la mañana, cuando te acuerdas de que otra vez se te olvidó contestar ese mensaje importante, la vocecita que dice "eres un desastre" sigue ahí.

Los grupos de apoyo atacan esa vocecita. No con teoría. Con experiencia compartida.

Cuando ves a alguien inteligente, capaz, con trabajo, con vida, contarte que también se le olvida contestar mensajes, que también cancela planes a última hora, que también se siente una carga para los demás, algo se recalibra. No es que la vocecita desaparezca. Es que pierde credibilidad.

Es como la diferencia entre que un nutricionista te diga "comer sano es fácil" y que un colega que ha estado gordo como tú te cuente cómo lo hizo. La información es parecida. El impacto no tiene nada que ver.

¿Y si me da vergüenza?

Normal. A todo el mundo le da vergüenza la primera vez.

Te cuento un secreto: la mayoría de las personas que están en un grupo de apoyo tardaron meses en ir. Algunos años. Porque abrir la boca delante de desconocidos y decir "tengo TDAH y hay días que no puedo ni ducharme" requiere un nivel de vulnerabilidad que da miedo.

Pero hay otro secreto: no tienes que hablar. En casi todos los grupos puedes ir, sentarte y escuchar. Nadie te va a forzar a compartir. Y solo escuchar ya cambia cosas. Porque te das cuenta de que no estás solo. Y eso, cuando llevas años pensando que sí lo estás, es más potente que cualquier sesión de terapia cognitivo-conductual adaptada a TDAH.

La vergüenza se pasa. Normalmente a los quince minutos de la primera sesión. Porque cuando el primero cuenta algo y tú piensas "eso me pasa a mí", la vergüenza se convierte en conexión. Y la conexión es lo que tu cerebro llevaba años necesitando.

¿Dónde se encuentran estos grupos?

En España, la ruta más directa son las asociaciones de TDAH locales. Casi cada provincia tiene una. Muchas ofrecen grupos tanto para adultos diagnosticados como para familiares. Busca "asociación TDAH" + tu ciudad y algo saldrá.

También hay grupos online. Algunos en plataformas como Meetup, otros en comunidades de Discord o Telegram. Y desde la pandemia, muchos grupos presenciales mantienen una versión por videollamada.

Lo importante no es el formato. Es encontrar un espacio donde puedas dejar de actuar. Donde no tengas que fingir que lo tienes todo controlado. Donde puedas decir "esta semana no he podido con nada" y la respuesta sea "yo tampoco, ¿quedamos el jueves?".

Esto no sustituye al tratamiento

Que quede claro. Un grupo de apoyo no es terapia. No sustituye al psiquiatra, ni al psicólogo, ni a la medicación si la necesitas.

Lo que hace es complementar todo eso. Porque puedes tener al mejor profesional del mundo, pero si cuando sales de consulta vuelves a sentirte el único bicho raro del planeta, algo falla. El grupo llena ese hueco. Te da comunidad. Te da espejo. Te da un sitio donde tu versión más desordenada es bienvenida.

Y a veces, las mejores estrategias no salen de un libro ni de un terapeuta. Salen del tío que lleva tres años con TDAH diagnosticado y ha descubierto que pone alarmas para todo, incluida una para recordarse que tiene que comer. Eso no lo encuentras en PubMed.

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