Estigma del TDAH: por qué la gente sigue sin tomárselo en serio
El estigma del TDAH retrasa diagnósticos, genera vergüenza y hace que la gente no busque ayuda. Por qué seguimos sin tomarnos en serio una condición.
Un colega de trabajo me dijo una vez que el TDAH era "la excusa de moda para no esforzarse".
No en plan broma. Lo dijo mirándome a los ojos, en una comida de equipo, delante de seis personas. Yo llevaba tres meses diagnosticado. Tres meses intentando entender por qué mi cerebro había funcionado en modo supervivencia durante 30 años. Tres meses empezando a perdonarme por cosas que siempre había achacado a ser vago, desorganizado o poco profesional.
Y en una frase, ese tío consiguió que volviera a dudarme de todo.
No le contesté. Me reí, dije algo tipo "ya ves, bro, lo que inventen para escaquearse" y seguí comiendo. Pero esa noche, a las dos de la mañana, estaba en la cama dándole vueltas. ¿Y si tiene razón? ¿Y si me lo estoy inventando? ¿Y si todo esto del TDAH es un cuento que me estoy creyendo para justificar que no doy la talla?
Eso es el estigma. No es solo la frase. Es lo que la frase te hace por dentro.
¿Por qué la gente sigue sin creerse que el TDAH es real?
Porque no se ve.
Si llegas a la oficina con una pierna rota, nadie te dice "eso es falta de voluntad". Pero si llegas con un cerebro que no regula la dopamina, que no gestiona la atención como se supone que debería, que te deja tirado a mitad de cualquier tarea que no le excite lo suficiente, entonces sí. Entonces "es que te esfuerces más", "es que pongas de tu parte", "es que antes no había TDAH y la gente funcionaba igual".
Ya. Antes tampoco había resonancias magnéticas y la gente se moría de cosas que ahora tienen nombre. Que no supiéramos cómo se llamaba no significa que no existiera.
Pero el estigma no necesita lógica. Solo necesita repetición. Y las frases que rodean al TDAH llevan décadas repitiéndose.
"Eso es cosa de niños." "Solo necesitas disciplina." "En mis tiempos no había TDAH y no pasaba nada."
Lo decía tu profesor. Lo decía tu madre. Lo dice tu jefe. Lo dice tu pareja. Y al final, lo acabas diciendo tú.
¿Cómo el estigma retrasa los diagnósticos?
Así. Exactamente así.
No vas al médico porque crees que lo tuyo es normal. O porque crees que ir al psiquiatra es "de locos". O porque alguien te ha metido en la cabeza que los síntomas que llevas arrastrando toda la vida son simplemente tu forma de ser.
"Yo soy así de despistado." "Yo siempre he sido un desastre." "Yo es que no soy de concentrarme mucho rato."
No. Tú no eres así. Tu cerebro funciona de una manera concreta, y nadie te lo ha dicho porque la sociedad ha decidido que eso no es un problema real. Que es un capricho. Que es generacional.
En España, conseguir un diagnóstico de TDAH en adultos ya es bastante difícil sin que encima tengas que pelear contra el estigma. Las listas de espera son eternas, los profesionales que saben de TDAH adulto son escasos, y el camino está lleno de gente que te dice que "tampoco será para tanto".
Y mucha gente se queda ahí. En el "tampoco será para tanto". Sin diagnóstico. Sin ayuda. Sin entender por qué llevan 30 años sintiéndose rotos.
La vergüenza que nadie menciona
Esto es lo que más daño hace y de lo que menos se habla.
El estigma no solo te impide buscar ayuda. Te genera vergüenza. Una vergüenza crónica que se mete debajo de la piel y te acompaña a todas partes.
Vergüenza de no poder hacer cosas que "todo el mundo" puede hacer. Vergüenza de olvidarte de cosas importantes. Vergüenza de no rendir como se supone que deberías. Vergüenza de necesitar ayuda para algo que los demás hacen en piloto automático.
Y lo peor: vergüenza de decir que tienes TDAH. Porque sabes lo que va a pasar. Alguien va a poner los ojos en blanco. Alguien va a soltar un "bah, eso hoy en día lo tiene todo el mundo". Alguien va a mirarte como si estuvieras buscando atención.
Así que te lo callas. No lo cuentas. No lo pones en tus formularios médicos. No se lo dices a tu jefe. No se lo dices a tus amigos.
Y sigues cargando solo con algo que ya de por sí pesa lo suficiente.
¿Qué hay detrás de "eso no existe"?
Ignorancia. Sin más.
La gente que dice que el TDAH no existe no ha leído un solo estudio sobre el tema. No sabe que hay diferencias estructurales en el cerebro. No sabe que la genética juega un papel enorme. No sabe que hay décadas de investigación científica detrás de esto.
Pero opina. Porque todo el mundo opina de lo que no sabe. Y opinar sobre TDAH es fácil, porque suena a algo que se puede controlar con fuerza de voluntad. Como si te dijeran que la miopía se cura "esforzándote más en ver".
También hay miedo. Miedo a que, si el TDAH es real, entonces quizá ellos también lo tienen. O sus hijos. O su pareja. Y es más cómodo negar que algo existe que aceptar que podrías estar conviviendo con ello sin saberlo.
Y hay comodidad. Es más fácil decir "es que no te esfuerzas" que aceptar que alguien a tu lado necesita apoyo. Que quizá tienes que adaptar ciertas cosas. Que quizá tu forma de funcionar no es la única forma válida.
El estigma es cómodo para el que lo ejerce. Para el que lo recibe, es una losa.
¿Cómo se desmonta esto?
No con discusiones en cenas de empresa. Eso lo aprendí aquella noche a las dos de la mañana.
Se desmonta con información. Con hablar de ello. Con que la gente que tiene TDAH cuente su experiencia real, sin adornos y sin victimismo. Con que veamos el TDAH como lo que es: una condición neurológica, no un defecto de carácter.
Se desmonta normalizando. No romantizando. No diciendo "el TDAH es un superpoder" porque no lo es. Pero tampoco tragándonos el cuento de que es inventado, exagerado o irrelevante.
Y se desmonta, sobre todo, dejando de callártelo. Sé que da miedo. Sé que hay gente que te va a mirar raro. Pero cada vez que alguien dice en voz alta "tengo TDAH y esto es lo que implica", el estigma pierde un poco de fuerza.
No mucha. Un poco.
Pero los "un poco" se acumulan.
Y algún día, con suerte, el chaval de 15 años que no puede concentrarse en clase no va a tardar 20 años en descubrir por qué. Porque alguien le habrá dicho antes que lo suyo tiene nombre, que no es pereza, y que no se lo está inventando.
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Si llevas tiempo sospechando que lo tuyo no es falta de voluntad y nadie te ha tomado en serio, quizá es hora de dejar de esperar validación externa. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico. Es un primer paso para que dejes de dudar y empieces a entender. 10 minutos.
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