Esperar un paquete con TDAH: rastrear 47 veces al día
Lo compraste hace dos horas y ya has mirado el tracking 12 veces. Esperar un paquete con TDAH no es impaciencia: es dopamina en bucle que secuestra el cerebro.
Lo compraste a las 11 de la mañana.
A las 11:07 ya tenías la confirmación de pedido abierta. A las 11:23 habías instalado la app de la mensajería. A las 12:15 habías mirado el estado del envío cuatro veces y las cuatro decía exactamente lo mismo: "Pedido recibido".
Eran las 12:15. Habían pasado 68 minutos desde que compraste algo que va a tardar entre 3 y 5 días laborables en llegar.
Y ya estabas en modo rastreo activo.
¿Por qué esperar un paquete con TDAH es tan absurdo?
Porque tu cerebro no espera. Tu cerebro anticipa.
Y hay una diferencia enorme entre las dos cosas.
Esperar es pasivo. Te dices "llegará cuando llegue" y sigues con tu vida. La gente neurotípica hace esto con una naturalidad que a mí me parece magia. Compran algo, cierran el ordenador, y lo recuerdan cuando suena el telefonillo.
Anticipar es activo. Tu cerebro detecta que hay una recompensa en camino y entra en modo seguimiento. No puede ignorarla. No puede aparcarla. La recompensa existe, está en algún almacén de Zaragoza, y tu cerebro quiere saber exactamente dónde.
Esto no es un capricho ni una manía. Es dopamina funcionando exactamente como funciona en un cerebro con TDAH: en lugar de liberarse de forma estable durante la espera, se dispara con cada novedad. Con cada actualización del tracking. Con cada cambio de estado. Con cada vez que el mapa de la mensajería mueve el punto verde un milímetro.
El tracking no es información útil. Es un dispensador de dopamina que recarga cada vez que cambias de pantalla.
El ritual del tracking
Hora nueve de la mañana del día siguiente. El paquete sigue "en tránsito".
Lo miras.
En tránsito.
Cierras la app. Abres el correo por si llegó alguna notificación que no viste. No hay nada. Vuelves a la app. En tránsito. Abres la web de la mensajería, por si la app tiene delay y la web está actualizada. En tránsito. Buscas en Google el número de seguimiento directamente, por si hay alguna versión más detallada. No la hay.
Todo dice lo mismo.
En tránsito.
Y aun así, en cuarenta y cinco minutos has revisado el estado del paquete once veces.
No porque seas un desesperado. Es que cada vez que miras y ves "en tránsito" hay una fracción de segundo antes de que cargue el resultado en el que tu cerebro fantasea con que va a decir "out for delivery". Ese momento de anticipación antes de ver el resultado es el chute. No el resultado. La posibilidad del resultado.
Es el mismo mecanismo que hace que mirar el móvil sea adictivo con TDAH. La incertidumbre es más estimulante que la certeza. La ranura de la máquina tragaperras es más emocionante que saber de antemano lo que hay dentro.
Tu cerebro no busca el paquete. Busca el momento en el que el estado cambie.
La ventana
En algún momento del día dos llegas a un nivel nuevo de seguimiento: la ventana.
Te sientas en el sofá, o en el escritorio, o donde sea que tengas línea de visión hacia la puerta o la calle, y empiezas a escuchar. Un furgón. Pasos en el rellano. El ascensor que para en tu planta. Un ruido que podría ser un paquete dejado en el buzón.
Sabes que son las diez de la mañana y que el repartidor probablemente viene entre las diez y las dos. Así que llevas cuatro horas en estado de alerta media.
Cada ruido en el pasillo te hace levantar la cabeza.
Cada furgón blanco que pasa por la calle te hace ir al balcón a confirmar que no lleva el logo correcto.
Y lo más curioso es que no es que estés sin hacer nada. Igual tienes trabajo pendiente, emails por responder, o una reunión dentro de dos horas. Pero hay una parte de tu cerebro que ha decidido que monitorizar el posible avance del paquete es tarea prioritaria y no se puede desactivar.
Esta es la impulsividad del TDAH en su versión más silenciosa. No la de comprar algo sin pensarlo, sino la de no poder dejar de pensar en algo una vez que está en el radar.
Por qué el "en tránsito" es especialmente cruel
Otros estados del tracking son tolerables.
"Pedido recibido" tiene lógica. Acaba de pasar.
"En reparto" es información real. Hoy llega.
"Entregado" es el fin de la historia.
Pero "en tránsito" es el limbo. Significa que el paquete existe, que se está moviendo, pero no te dice dónde está, cuánto le queda, ni si está cerca o a cuatrocientos kilómetros. Es información que confirma que hay que esperar sin darte ninguna pista de cuánto.
Para un cerebro sin TDAH eso es un inconveniente menor. Para el tuyo es un agujero negro de incertidumbre.
Porque el cerebro con TDAH no lleva bien la espera cuando no hay información que ancle el tiempo. La espera con datos es tolerable. La espera sin datos es tortura. Y "en tránsito" son exactamente esas dos palabras diseñadas para decirte lo mínimo posible.
El día de la entrega
Cuando el tracking por fin dice "en reparto", algo cambia en tu biología.
Ya no es anticipación de fondo. Es euforia activa.
Revisas el tracking cada siete minutos. Ves que el repartidor lleva dieciséis entregas completadas y tú eres la número treinta y dos. Calculas a qué velocidad va, estimas la hora de llegada, le pides a una app del tiempo que confirme que no llueve para que el repartidor no tenga retrasos.
Estás trabajando en ello. Esto es una operación logística que estás monitorizando en tiempo real como si fuese el seguimiento de un cohete en la NASA.
Y cuando suena el telefonillo, ese sonido concreto, hay un segundo de euforia pura que no tiene que ver con lo que hay dentro de la caja. Puede ser un adaptador de USB, puede ser un libro que compraste por impulso, puede ser ese gadget que llevas tres días esperando.
No importa. El chute es igual.
Porque lo que estabas esperando no era el paquete. Estabas esperando el momento en que la incertidumbre se resuelve.
Lo que realmente está pasando en tu cabeza
No eres ansioso por naturaleza, aunque puede parecerlo.
No eres adicto a las compras online, aunque compres mucho.
Tienes un cerebro que funciona con un sistema de recompensa inestable y que se agarra a cualquier fuente de estimulación predecible. Un paquete en camino es una recompensa real, confirmada, con una fecha de resolución cercana. Es casi lo opuesto a la mayoría de objetivos en la vida, que son difusos, lejanos e inciertos.
El paquete va a llegar. Eso es seguro. La pregunta es cuándo. Y esa pregunta es suficiente para que tu cerebro decida que vale la pena dedicarle atención continua.
Las compras impulsivas nocturnas y el seguimiento obsesivo del día siguiente son parte del mismo ciclo. El impulso de comprar da un primer chute. La confirmación del pedido da el segundo. El tracking da chutes pequeños durante días. La entrega da el grande final.
Es dopamina en dosis fraccionadas, distribuida a lo largo de varios días.
Tu cerebro no busca el producto. Busca el circuito.
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