Comprar cuadernos bonitos que nunca usarás: la adicción más TDAH del mundo
14 cuadernos. Todos bonitos. Todos vírgenes. Todos comprados con la certeza de que ese iba a ser el definitivo. Spoiler: ninguno lo fue.
14 cuadernos. Todos bonitos. Todos vírgenes.
El de tapa de corcho. El de puntos. El de espiral japonesa. El de papel crema que olía tan bien que casi le pones nombre. Los compraste con la convicción absoluta de que ese iba a ser el bueno. El definitivo. El que por fin iba a cambiar tu vida.
Y aquí están. En un cajón. Juntos. Sin estrenar.
Bueno, miento. Uno tiene la primera página escrita. Con una caligrafía preciosa. Fecha, título, un par de viñetas con colores. Después, nada. Veintinueve páginas de silencio.
¿Por qué compro cuadernos si sé que no los voy a usar?
Porque tu cerebro no compra un cuaderno. Tu cerebro compra la fantasía de la persona que va a usar ese cuaderno.
Piénsalo. En el momento de la compra, tú no eres tú. Eres la versión mejorada. La versión que se levanta a las 6, escribe sus objetivos con letra limpia, revisa sus tareas al final del día y tiene un sistema. Un sistema de verdad. Con subrayados y todo.
Esa persona existe. Pero solo vive dentro de la papelería.
Sales de la tienda y ya eres tú otra vez. El que abre el cuaderno, se queda mirando la primera página en blanco y piensa "mejor lo empiezo el lunes, para que quede bonito desde el principio". El lunes pasa. Y el siguiente. Y el cuaderno se muda al cajón con sus hermanos.
Es el mismo mecanismo que te hace comprar una batidora industrial a las 2 de la mañana. No compras el objeto. Compras la dopamina de imaginar cómo va a ser tu vida con ese objeto.
Y tu cerebro con TDAH es especialmente bueno en esto. Porque la dopamina del "voy a empezar algo nuevo" es la más potente que conoce. Más que terminar algo. Más que mantener algo. Iniciar. Eso sí que le gusta.
¿Es un problema de cuadernos o de cerebro?
De cerebro. Claramente de cerebro.
El cuaderno no tiene la culpa de ser bonito. Tú no tienes la culpa de querer organizarte. El problema es que tu cabeza funciona con picos de motivación, no con constancia plana. Y cada cuaderno nuevo es un pico. Un subidón. Una promesa.
Es como si tu cerebro fuera un coleccionista de primeras citas que nunca llega a la segunda. Le encanta la novedad, el olor a nuevo, la primera página perfecta. Pero en cuanto eso se convierte en rutina, en cuanto hay que escribir la página 4 un martes gris después de comer, ha perdido todo el interés.
No es que no quieras ser organizado. Es que tu cerebro confunde "comprar el sistema" con "tener el sistema". Y esas son dos cosas muy distintas.
Si te suena esto, probablemente también te suene tener un cajón lleno de cosas "por si lo necesito algún día". Misma lógica. Distinto cajón.
¿Cómo se rompe el ciclo?
No se rompe tirando los cuadernos. Ni sintiéndote culpable cada vez que entras en una papelería.
Se rompe entendiendo para qué los compras realmente. Los compras porque tu cerebro necesita novedad para activarse. Y eso no es un defecto. Es una característica. Pero hay que saber gestionarla.
Algunas cosas que a mí me funcionan:
Regla de las 24 horas. Antes de comprar cualquier cuaderno, espero un día. Si al día siguiente sigo queriendo comprarlo, vale. Pero el 80% de las veces, la urgencia ha desaparecido. Porque no era urgencia. Era dopamina.
Un cuaderno feo a propósito. En serio. Si el cuaderno es bonito, te da miedo estropearlo. Si es feo, escribes sin presión. Garabateas. Tachas. Lo usas de verdad. El cuaderno más útil que he tenido en mi vida era uno de espiral que costaba 1,20 euros. Horrible. Funcional.
Aceptar el formato digital. A lo mejor tú no eres de cuadernos. A lo mejor eres de notas en el móvil. O de pósits. O de Notion. Y llevas años forzándote a ser "persona de cuaderno" porque queda bonito en Instagram. Pero tu cerebro no funciona en Instagram.
Y la más importante:
Dejar de comprar motivación. La motivación no viene en formato A5 con tapa dura. Viene de entender cómo funciona tu cabeza y trabajar con ella, no contra ella.
El cajón de los cuadernos es un síntoma
No es el problema. Es el síntoma.
El problema es un cerebro que lleva años buscando el sistema perfecto porque nadie le explicó que no necesita un sistema perfecto. Necesita un sistema que aguante los días malos. Los días en los que no quieres escribir nada. Los días en los que la letra es horrible y los objetivos son confusos y todo está a medio hacer.
Esos días son los que cuentan. No la primera página perfecta.
Es lo mismo que pasa con las agendas que no duran más de dos semanas. El problema nunca fue la agenda. Ni el cuaderno. Ni la app. El problema era no entender que tu cerebro funciona diferente, y que necesita herramientas diferentes.
Así que sí, tienes 14 cuadernos sin estrenar. Bienvenido al club. Aquí somos muchos, y la cuota de socio es un cuaderno nuevo cada tres meses que nunca vamos a usar.
Pero ahora, al menos, sabes por qué.
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Si lo de los cuadernos, las agendas y los sistemas que nunca duran te resulta sospechosamente familiar, quizá el tema no sea de organización. Quizá sea de cerebro. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero te da más información sobre cómo funciona tu cabeza que una tarde entera en Google. 10 minutos, gratis, sin email obligatorio.
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