Empiezo el gym cada enero y lo dejo en febrero: todos los años igual

Cada enero te apuntas al gimnasio con toda la ilusión del mundo. Cada febrero lo dejas. No es pereza. Tu cerebro necesita otra cosa.

Enero de 2023: me apunto al gimnasio. Esta vez va en serio. Me compro ropa de deporte nueva. Me descargo una app de rutinas. Me hago un plan de cuatro días a la semana. Voy religiosamente durante tres semanas. Me siento increíble.

Febrero de 2023: falto un día porque llueve. Falto otro porque tengo trabajo. Falto un tercero porque me duelen las piernas. El cuarto día que falto ya no tengo excusa, simplemente no me apetece. Y ya no vuelvo hasta enero de 2024.

Enero de 2024: me apunto al gimnasio. Esta vez va en serio. Me compro ropa de deporte nueva...

¿Ves el patrón? Porque yo tardé seis eneros en verlo.

¿Por qué el gym me dura siempre lo mismo?

Porque el gimnasio tiene una curva de novedad muy corta.

Las primeras semanas son espectaculares. Todo es nuevo. Los ejercicios, las máquinas, la sensación física, el post-entreno. Tu cuerpo cambia rápido al principio (los famosos "gains de novato") y cada día te miras al espejo y ves algo diferente. Tu cerebro está recibiendo dopamina por todas partes: novedad, progreso visible, recompensa inmediata.

Pero a las tres o cuatro semanas, la novedad se acaba. Ya conoces la rutina. Ya sabes cómo funcionan las máquinas. Los cambios en el espejo se ralentizan. Y de repente el gimnasio pasa de ser una aventura a ser una obligación. La misma rutina, los mismos ejercicios, el mismo vestuario. Y tu cerebro dice "ya está, aquí ya no hay nada nuevo" y te quita la motivación como quien te quita la manta en invierno.

Es como ir a un parque de atracciones. La primera vez es alucinante. La segunda vez está bien. La tercera vez ya sabes dónde están las colas y cuáles son las atracciones que merecen la pena. La décima vez es un trámite. Y la vigésima, una tortura.

El gimnasio es un parque de atracciones al que vas cuatro veces por semana. Tu cerebro no está diseñado para eso.

¿Es pereza o es otra cosa?

Mira, yo me he llamado vago más veces de las que puedo contar. Y la gente a mi alrededor también. "Es que no tienes constancia." "Es que te falta disciplina." "Es que no lo quieres de verdad."

Y lo peor es que te lo crees. Porque tienes pruebas. Seis eneros. Seis febreros. Seis abandonos. Las pruebas están ahí. Eres vago. Caso cerrado.

Pero luego piensas en otras cosas. En esas cosas que sí haces con constancia. Cosas que te interesan de verdad. Cosas donde hay novedad, reto, descubrimiento. Y ahí no eres vago. Ahí eres la persona más comprometida del mundo. Puedes pasarte ocho horas aprendiendo algo nuevo sin pestañear. Pero no puedes hacer treinta minutos de pesas por tercera vez en la semana.

Eso no es pereza. La pereza no es selectiva. Si fueras vago, serías vago para todo. Y no lo eres. Eres vago para las cosas repetitivas y un maldito soldado para las cosas nuevas.

Conozco a gente que es buena empezando y mala continuando. Y no es un defecto de carácter. Es un cerebro que necesita un combustible que las cosas repetitivas no le dan.

¿Cómo es posible que otros mantengan el gym y yo no?

Esta era la pregunta que me carcomía. Porque veía a mis amigos ir al gym mes tras mes, año tras año, sin drama. Sin necesitar motivación extra. Sin comprarse ropa nueva cada enero. Simplemente iban. Como quien se cepilla los dientes. Sin pensarlo.

Y yo necesitaba un podcast nuevo, una playlist nueva, un vídeo motivacional, un pre-workout, un compañero de gym, una rutina diferente, y un milagro divino para arrastrarme hasta allí una vez la novedad se había ido.

La diferencia no es motivación. La diferencia es dopamina. Su cerebro les da suficiente recompensa por hacer algo repetitivo. El mío no. El mío necesita novedad para generar dopamina. Y la barra de pesas es la misma barra de pesas todos los días.

¿Tiene solución o estoy condenado a pagar cuotas de gym que no uso?

No te voy a engañar, no he encontrado la solución mágica. Lo que he encontrado es un workaround.

Dejé de intentar que el gym fuera constante. En su lugar, lo hago variable. Cambio la rutina cada tres semanas. Alterno entre gym, calistenia, natación, bici. Nunca hago lo mismo demasiado tiempo. Y no porque sea la mejor estrategia de entrenamiento (cualquier entrenador te dirá que la consistencia es más importante que la variedad). Sino porque es la única estrategia que mi cerebro acepta.

¿Es óptimo? No. ¿Es mejor que no hacer nada desde febrero hasta diciembre? Absolutamente.

Y esto lo aprendí cuando un profesional me dijo que mi cerebro no produce dopamina basal suficiente para mantener actividades repetitivas. TDAH. Resulta que los hobbies abandonados no eran falta de voluntad. Eran un cerebro que funciona con reglas diferentes. Que necesita variedad para mantenerse activo.

Descubrir por qué me costaba todo más que a los demás, incluido algo tan aparentemente simple como ir al gym con regularidad, fue dejar de pelearme conmigo mismo y empezar a diseñar mi vida para el cerebro que tengo. No para el que me gustaría tener.

Esto no sustituye hablar con un profesional. Si cada enero repites el mismo patrón y cada febrero te sientes igual, un psicólogo o psiquiatra puede ayudarte a entender por qué.

Si seis eneros consecutivos no te han convencido de que algo pasa, a lo mejor cuarenta y tres preguntas sí. Tengo un test gratuito sobre cómo funciona tu cerebro. Diez minutos. Sin compromiso. Hazlo aquí.

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