Mis compañeros rinden el doble con el mismo esfuerzo

Trabajas igual o más que ellos, pero al final del día su lista está vacía y la tuya sigue llena. No es falta de talento. Hay algo que explica la diferencia.

Llevas ocho horas en la oficina. No has parado. No has estado mirando el móvil. No has estado de cháchara en la máquina de café. Has trabajado.

Y cuando miras lo que has producido, y lo comparas con lo que ha producido la persona de al lado, la cuenta no sale. Porque esa persona ha hecho el doble. Con el mismo horario. Con el mismo puesto. Con las mismas herramientas.

Y tú te preguntas qué narices estás haciendo mal.

¿Por qué sientes que rindes la mitad que los demás?

Porque probablemente estás trabajando el doble para producir lo mismo. Y eso no se ve.

Mira, cuando tu cerebro tiene que pelear para mantenerse en una tarea, cada paso cuesta más energía de la que debería. Lo que para otra persona es sentarse, abrir el Excel y rellenar 30 filas en media hora, para ti es sentarse, abrir el Excel, distraerte con una notificación, volver al Excel, perder el hilo, releer las tres últimas filas para recordar dónde ibas, distraerte otra vez, y así durante una hora y media para hacer las mismas 30 filas.

El resultado es el mismo. Pero el esfuerzo es tres veces mayor.

Y desde fuera nadie lo ve. Porque el esfuerzo invisible no se refleja en la hoja de productividad. Solo se refleja en tu agotamiento al final del día.

¿Es que eres menos capaz o es que tu cerebro consume más gasolina?

A ver, imagina dos coches haciendo el mismo trayecto. Uno tiene el motor bien ajustado y consume 5 litros cada 100 kilómetros. El otro tiene una fuga en algún sitio y consume 15 litros para hacer exactamente lo mismo.

Los dos llegan. Pero uno llega con el depósito casi lleno y el otro llega en reserva.

Tu cerebro es el segundo coche. No tiene un problema de potencia. Tiene un problema de eficiencia en la gestión de la atención. Cada tarea te cuesta más combustible mental del que debería. Y al final del día estás fundido mientras tu compañero todavía tiene energía para ir al gimnasio.

Eso no significa que seas peor profesional. Significa que tu sistema de atención reparte los recursos de una manera diferente. Y en un entorno laboral diseñado para cerebros que funcionan de una manera concreta, los que funcionan distinto pagan un sobreprecio invisible por cada tarea.

Es lo que pasa cuando sientes que todo te cuesta más que a los demás. No es una sensación. Es una realidad que tiene explicación.

Lo que nadie te dice sobre el esfuerzo sostenido

Hay algo que he tardado años en entender y que me hubiese gustado saber antes: no todos los cerebros están diseñados para el esfuerzo sostenido y constante durante 8 horas.

Hay cerebros que funcionan a ráfagas. Dos horas a tope, una hora en blanco. Cuarenta minutos de hiperfoco brutal, y luego media hora en la que no puedes ni leer un email. Y eso no es pereza ni falta de profesionalidad. Es un patrón de atención que no encaja en el horario de oficina estándar.

Tu compañero no es que rinda más. Es que su rendimiento está distribuido de manera uniforme a lo largo del día. El tuyo no. El tuyo va a picos y valles. Y en una jornada de ocho horas lineales, los valles pesan más que los picos.

Eso es algo que las personas con TDAH conocen muy bien. Los días en que rindes a tope seguidos de días en que no puedes con nada no son una anomalía para este tipo de cerebro. Son el patrón.

La comparación que te destruye en silencio

No sé si te pasa, pero a mí me pasaba constantemente. Te comparas con la gente que tienes al lado y sacas conclusiones brutales sobre ti mismo.

"Soy vago." "No doy la talla." "No sé cómo esta persona hace tanto en tan poco tiempo." "A lo mejor no soy tan listo como pensaba."

Y cada una de esas frases te hunde un poquito más. Porque cuando llevas años sintiéndote así, acabas creyéndotelo. Acabas asumiendo que tu nivel de rendimiento es un reflejo de tu capacidad, cuando en realidad es un reflejo de cómo funciona tu atención.

Que no es lo mismo. Ni de lejos.

¿Es posible que tu atención funcione con otras reglas?

Te lo digo por experiencia. Hay personas cuyo cerebro no regula la atención de la manera estándar. No por elección. No por falta de disciplina. Sino porque el sistema que gestiona a qué le prestas atención y durante cuánto tiempo no funciona como el de la mayoría.

En adultos con TDAH esto es pan de cada día. Trabajar más para producir lo mismo, agotarte el triple, y encima sentir que el problema eres tú. Cuando en realidad el problema es un desajuste entre cómo funciona tu cerebro y cómo está diseñado el entorno laboral.

Esto no es un diagnóstico, eh. Pero si te ves reflejado en todo esto con demasiada frecuencia, consultarlo con un profesional es probablemente la mejor decisión que puedes tomar. Porque saber qué pasa cambia la película entera.

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